"Caelum non animum mutant qui trans mare currunt"

2 de febrero de 2010

▪ Shopping can be Fun



DOÑA POCHA VA DE COMPRAS

Doña Pocha entra al mercado y se zamplona automáticamente a la dóngola de los lácteos. Allí se encuentra con una joven pareja que rezonga y biplumea entre yogures y flancitos. “Ella tiene razón: el yogur”, piensa doña Pocha, mirándose la silueta. Y le pasa por al lado poniendo cara de tenés-toda-la-razón-del-mundo-querida y de paso le hurtifica al muchacho unos chorizos de su changuito, no para ponerlos en el suyo, sino para hacer justicia. Dejando a la pareja detrás, doña Pocha manitroma unos sachet de leche con fecha de expiración lontana y se detiene ante el glorioso queso rallado. Veripía entre una marca y otra y cuestiona los precios y hace tatetí y se adueña de uno que estaba medio escondidito. Busca en el bolsillo. Mira la listita que había escrito antes de salir de casa y lee “mermelada de ciruela”. Encuentra de frutilla, de naranja, de quinoto, de merullo, pero de ciruela no (motivo suficiente para olvidarse del dulce de batata, que tanto le gusta a Pancho). Agarra un frasco pequeño de mermelada de quinoto, lo girotea por todos lados, lo observa con extrema decamencia y pone a prueba la tapa. Aprobado. Lo pone en el changuito. Y entonces piensa en la torta que tiene que hacer para Matilde, así que palmea las manos (vaya uno a saber por qué) y se embocina con paso decidido hacia la harina. Elije una con muchos ceros y de ahí al azúcar. Y ahí la ve. ¡Matilde, en pleno acto de dominación de la sacarosa! ¡Tres paquetes! Y de repente doña Pocha quiere esconderse para no hablarle, pero no va que Matilde se tornea como una víbora y las dos se influman a los ojos y “¡Pocha queriiida! ¿Cómo anda? ¿Cómo la trata el calor?”. Y a doña Pocha no le queda otra que revitar la lengua y poner contentos a los oídos de Matilde quejándose de la humedad y los huesos. Hasta que después de un voivengo doña Pocha inmuye un “Bueno, querida, me voy por los fideos, que ya tendría que estar en casa poniendo el agua a hervir. Pancho me va a matar". Entonces Matilde, mientras le da un beso, piensa que la muy desgraciada no quiere flamizar la lengua con ella y, un poco ofetada, le desea por dentro que se queme con el agua hirviendo o que el tuco le salga exofinadamente picante. Doña Pocha se aleja y piensa que en vez de hacerle a Matilde esa torta esponjosa que tan rica le sale, le va a hacer un gualicho (que también le salen ricos) y que mejor usar la harina para hacer unas tortas fritas a la tarde mientras llueve y Pancho ceba unos mates. Y ahí no más se le antoja comer de postre duraznos con crema. Y se estira para llegar a la lata de arriba. Y sin querer (pero con furia por dentro) se le cae una de las latas de abajo y tira todo y se pone roja como un tomate (y en el acto queda el postre cancelado) y Matilde, que la venía siguiendo, se ríe a carcajadas limpias y sonoras, mientras el empleado pone cara de esta-vieja-viene-a-hacer-cagadas y se resifunde y se pone a plurificar todo el derragloto causado por doña Pocha. Pero qué importa, si las tortas fritas que hizo esa tarde estaban para chuparse los dedos.


(2010)






6 comentarios:

un barrilete dijo...

está buenísimo el texto.

no importa quien soy dijo...

Muy bueno!

Me di cuenta que de español, sólo se decir: boludo y forro! De donde sacaste tremendo vocabulario?

Felicitaciones!

no importa quien soy dijo...

si... sacaste las letritas!

:-)

Edgardo G. dijo...

¡Gracias, barrilete!

No, seas quien seas, no te des cuenta que, ¡date cuenta de que! Y con el vocabulario me gusta jugar. ¡Vos también podés! :)

Kristel dijo...

qué genial eres! jajaja :)
me encantan estas historias con mercados y comida de por medio.

CRONOPIA dijo...

Delicioso.