"Caelum non animum mutant qui trans mare currunt"
Mostrando entradas con la etiqueta carta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta carta. Mostrar todas las entradas

23 de abril de 2012

▪ Gone for a Little While



EL CARTERO
 
Lo vi en el ataúd, con esa cara plácida y jodona, y pensé: Es un chiste. No hay duda. El Gordo se está haciendo el muerto para hacer sufrir a los amigos. Nos está tomando el pelo, pensé.

Pero Manuel Soriano, el hijo del Gordo, que es idéntico al Gordo aunque mucho más chiquito y que andaba por ahí con su camiseta de San Lorenzo, nos dio la justa. El le había dado una carta al padre, para que se la entregara a Filipi. Filipi, gran amigo de Manuel, había muerto también, un poco antes, y él lo había enterrado, con cruz y todo, en un pocito del fondo de su casa. Filipi tenía forma de lagartija y costumbres de camaleón, porque cambiaba de color cuando quería. En la carta, Manuel le decía que lo extrañaba mucho y le enseñaba un jueguito, para que Filipi pudiera entretenerse en la muerte, que es muy aburrida. En el jueguito había que escribir las letras que faltaban: "Usá las uñas, Filipi", le decía Manuel.

Entonces lo vi claro. El Gordo se nos fue por un ratito nomás. Está trabajando de cartero de su hijo. Ahora nomás vuelve. A mí ya me parecía, porque es evidentísimo que este mundo no puede ser tan espantosamente triste, solitario y final; y un tipo tan buenazo como el Gordo no podía hacernos la cochinada de dejarnos sin él.
 

Eduardo Galeano

 
 

19 de julio de 2010

▪ Dear Reader...



APISTOLAR



Afectado anónimo:

Nos escribo porque tengo papel y tinta y tiempo. Como verás, el motivo es una excusa. Me escribo porque fui yo quien la maté.

La culpa no fue mía, claro. Tampoco tuya. Fue de ella, la muy sinvergüenza, que iba y venía hasta que […] por última vez a eso de las 6:37 de la tarde.

Tuve que apistolarla […] porque fue lo primero que encontré a mano (y, como sabés, algunas cartas matan... y siempre elogiaron mi puntería). Pero ella me obligó, pese a que me rogó rotundamente que no lo hiciera. Me obligó con su insistencia, con sus pequeños ojos apagados. Yo simplemente accedí, aunque […] Es la verdad, te lo juro.

Le grité que se fuera, que no me atormentara más, que me dejara en paz de una vez por todas, pero vos la conocés bien. Yo la conozco bien. Ella es la que no nos conoce y por eso tuve que apistolarla, al igual que con las anteriores. Porque ellas vienen con tanto apetito, justo cuando más calor hace y […] no tienen perdón de Dios las muy […] una verdadera tortura […] pero no nos conocen, no.

No voy a negarte que ahora, mientras nos escribo estas líneas, me siento un poco culpable, pese a que yo no tengo la culpa, claro que no (ella lo sabe). Pero más la siento culpable a ella. Y a las otras. Siempre me hicieron compañía, pero vos […] No había otra solución. Ni la habrá. Porque siento que cuando me invade una […] Pero jamás inocente. Ella, culpable, siempre.

Por eso me dije ¿por qué voy a tener yo la culpa si ella se cree reina y omnipotente? Yo simplemente le hice ver que el omnipotente soy yo, aunque ellas sean infinitas.

Y entonces… ¡paf! La apistolé. Ya no más zzz. Soy libre.


PD: Espero que tarde mucho en aparecer la próxima mosca.

(2009)