"Caelum non animum mutant qui trans mare currunt"
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25 de marzo de 2011

▪ Linguistic Chaos III



EXPERIMENTO LINGÜÍSTICO FASE III

Así fue como empezó todo. Ella me mandó un sms y me dijo que cuando estuviera cerca les avisara, así me iban a buscar en el auto. Yo le respondí que el colectivo que me había tomado entraba por la universidad, así que cuando estuviera cerca les iba a avisar y me bajaba en la termodinámica. (!?) Y ya cambiar una palabra por otra desató el caos. Ella me mandó otro sms en el que corroboraba si me bajaba en la terminal, como siempre. Y yo le respondí que claro, que me bajaba en la term-odinámica. ¿Dónde más iba a ser? Inal. En la term-inal. Ahí termina el recorrido, ¿no? Ahí termina todo. Y
terminal
termina
en L. O sea,
terminal
termina
termin, etc. Ahí me bajo yo. Después del etcétera. Cuando ya no hay más. Cuando lo que sigue es. Al término, ni más ni menos. Más precisamente, en la dinámica del termo. Oh, dinámica, termina de una vez, pensaría ella, que había aprobado termodinámica en febrero. Termodin [é la tua] amica, pensé yo en italiano. Y por eso yo me bajo ahí, donde termina el termo en L y ya no hay más dinámica: al final, como terminal.

(2011)


8 de agosto de 2010

▪ Linguistic Chaos II



LA TORTUGA

Salí a caminar porque me sentía solo y el tedio me abrumaba. Afuera el sol resplandecía. Las nubes también pero más oscuros. Llegué al parque y me llené los bronquios de aire pura. Los ojos de los árboles se movían a impulso de una brisa fresca y delicado que hacía tintinear además los esqueletos de algunos insectos muertas contra fragmentos de botellas rotos. Me acerqué al lago y vi que una tortuga trataba de avanzar por el barro pugnando por llegar hasta el agua. No la dejé. Su caparazón era duro y su semblante inteligente y serena. Me la llevé para casa, a fin de paliar mi soledad. Cuando llegamos la puse en la bañera y me fui a buscar en la biblioteca un libro de cuentas para leerle. Ella escuchó atento, interrumpiéndome de vez en cuando para pedirme que repitiera alguna frase que le hubiese parecido especialmente hermoso. Luego me dio a entender que tenía hombre y ya me fui nuevamente al lago a buscar alga que le resultara apetecible. Recogí pasto y una planta de ojos verdes oscuras. También junté algún hormiga, por si acaso. De nuevo en casa, fui a llevar las cosas al baño, pero el tortuga no estaba allí. Lo busqué por todas partes, en el ropero, la refrigeradora, entre los sábanos, alfombras, vajillo, estantes, pero no hubo casa, no lo encontré. Entonces me vinieron deseos de ir al baño y los hice, pero cuando tirábamos la cadena comprobaste que el inodoro estaba tapada. Se les ocurrió entonces que the tortuga podía haberse metida allí. ¿Cómo rescatarlos? Salí de casa y caminé hasta encontrar una alcantarilla. Levantéi la tapa y me metisteis ahí. No habían luces. Caminéi. Los pies se me mojarán. Una rata morderói. Yo seguéi. "¡Tortuguéi, tortuguéi!", gritéi. Nodie contestoy. Avancex. Olor del agua no ser como la del lago. "¡Tortugúy, vini morf papit!", insistiti. Ningún resultoti. Expedición fútil.

Salí del cantarillo y en casa me limpí y me preparó cafés. Lo tomés a sorbo corta, mirondo televicián. En sópito ¿qué vemos in pantalla? Tortugot. "¿Cómo foi a parar alá?", le preguntete. Y ella dijome ofri con dichosa contestaçao: "No por Allah: Budapest. Corolarius mediambienst cardinal e input fosforest". A la que je la contesté "bon, but mut canalis et adeus, Manuelita".

"¡Nai, nai!", dictio tort, "eu program mostaza interesting".


"Demostric", pidulare.


Tons turtug bailó, candó, concertare, crobacía y magiares, asta que yo poli me zzz.


Leo Maslíah






20 de julio de 2010

▪ Linguistic Chaos I



Leer con precaución, en especial cuando las letras tomen el control. Jugar con los sonidos. Ésas son las instrucciones para este segundo experimento.


EXPERIMENTO LINGÜÍSTICO FASE II

Terminé de almorzar lo más bien y me senté a leer ese libro que tanto me gustaba. Iba por la mitad. A decir verdad, iba bien, muy bien. Hasta ese día. El proceso fue paulatino. Empecé a leer sin problemas, pero de pronto leí algo en la libro que me hizo detener y releer. “Un error de tipeo”, dije un poco fastidiado. Pero no era uno, era dos. Y seguí leyendo. Y vi que no eran dos, ni tres, ¡era muchísimas error por todos partes! “¡Qué error! ¡Qué horror!”, dije con cuidado, para no olvidarme de pronunciar la hache donde corresponde. Tras leer unas páginas, me di cuenta de que los errores parecían ser sólo de concordancia. El libro estaba plagada de números y géneros disconcordante. Sí, eso creí. Hasta que en la página 309 descubrí un herror de ortografía, y después otro mas, i otro, y oh tro, ¡yo troto! El libro se había vuelto loca. No podía ser, ni estar. Una libro tanto mala escrito, ¡parecía un chiste de mala gusto, mucho! Ya no me gustaba tanto, ya no. Pero a la vez no la podía dejarla de leerla. Los y las errores se multiplicaban. Por allá y por acá y ¡por qué! Entonces, pensé, no tenía sentido y dejé de leerme. No la entendía, no. Me miré en los espejos y me vi alterado, aterrado, aleteado, con letras desordenados por todas las esquinas. Y me dije al libro, hojeándolo bien fijo a los hojas, “¡Usted tiene un problema lingüístico, señor! ¡Usted ha de tenerlo! ¡Usted!”. Y así fue. El libra me contagiaron y ahora estoy en ferma de lengua Je. “¡Maldita lengua Je!” me puse a gritar, de eses pera da. La lengua Je hacíate habalar, en vez de hablar. Té con vertía en caos, o en todo caso, en asco. Y como un loco empecé a repetir “¡Yo loco jamás! Yo lo coja más!”. Y los espacios, caprichosos, se a cómoda van donde que rían. Con vi naciones posibles del a lengua, cuyo significado significa otro y otra cosas. “¡Me cuyo en vos, libro del otro!” les dije n€tico creyendo que toda vía estaba perdida. Pero el problem siempre podía (and did) a grabarse, indeed! Because las idio+ también, in addition, formando una mezclas, o muchas, de las errores to2, ¡pero por qué! Y pour quoi, disais-je cinco prender, ent regado ala enferm edad, ala lo cura. Je ne veux pas; je ne vous parlerai plus. Y tenté, nueva mente, poner cada letra y espacio en su locus originarium, pero no tú ve su erte. En va no. Y de repento, el libro y mis hojas, yo y sus letras, dejóse de entendérmelos, de escuchar, de ver. Mi en ojo fue destrucción de papel. El vida ya sin libro. La libra ya sin vida. Y calló. Y cayó. Y acá yo; mudo y en lo que sí, do.

(2010)




9 de diciembre de 2009

▪ Multilingualism: a short story



Lo que acá te voy a contar es mentira, y te lo digo de entrada, ¿ok? Basta de hacerle creer al lector que las historias son verosímiles. ¿En qué cambia que pienses que un acontecimiento realmente apareció publicado en un diario o que algún pariente mío fue testigo de cierto hecho atroz? Basta de inventar fechas y hacerlas pasar por verdaderas. Esta historia es falsa.


EXPERIMENTO LINGÜÍSTICO FASE I

El personaje principal (y único) de esta historia, Esperanto, no existe y por ende no tiene nombre. Vive en un pequeño pueblo al sur de la isla de Mandiocah, en el océano Pacífico, lo cual no es cierto. De todos modos, lo que te voy a contar es tan falso como interesante, así que prestá mucha atención. Esperanto hablaba siete idiomas, uno cada día de la semana. ¿No me creés? ¡Lo bien que hacés! Pero imaginátelo igual. Lúnez ezpañol, ¡y olé! Marrtes rrusso, aunque nadie le entiende lo que dice y escribe en cirílico. Miércole italiano y come la pasta con la famiglia unita. Juevecinho português y ama el carnaval, la playa y el jiu-jitsu. Viegnes fgancés, bien nasal, sobre todo cuando anda resfriado. Zabatto japonés, aunque así suena en italiano, ¡lo sé! y me declaro culpable (watashi wa culpable desu!). Dominngtag alemán y come würstchen con puré, solito (¡!), todos, todos los dominngtag. Hasta aquí la situación inicial. Ahora, la fuerza perturbadora que introduce el caos. Un día (no te voy a decir cuál), se propuso aprender un nuevo idioma. De chiquito siempre le gustaba leer y releer Las mil y una noches y, entonces, quiso aprender árabe. He aquí el conflicto: ¡la semana sólo tiene siete días! ¿Cuándo hablaría el octavo idioma? Después de pensarlo mucho y ya habiendo aprendido a decir en árabe los números, los colores y varias expresiones (“mi nombre es Esperanto”, “hay un gato sobre la mesa”, “¿dónde está el baño?”, “en toda producción textual, tanto oral como escrita, subyace la función informativa”) tomó la trágica decisión de suicidarse. Primero se deprimió y se dijo en mentalese (language of thought) que no volvería a hablar nunca más. Y así fue, enmudeció por completo. Después dejó que los días pasaran hasta perderse en el calendario y no saber en qué día se encontraba. No le costó mucho. Se imaginarán que para alguien como Esperanto (que en paz descanse) no es necesario recordar fechas en forma numérica. Es más fácil decir “hice tal cosa el lúnez” o “tengo planes para el viegnes”, porque cada día era un idioma distinto, desde que se levantaba hasta que se acostaba. En fin, enmudeció y se perdió en el calendario y entonces dijo ma'assalama y saltó. No sé qué pensarán ustedes de este final (suicidio = fuerza ordenadora), pero si yo hubiera sido él, habría decretado algo así como hablar árabe los días feriados o, si esos eran pocos, los días lluviosos y con viento del este (días que abundaban en la isla de Mandiocah, en el océano Pacífico, lo cual no es cierto). Al menos Esperanto no se quitó la vida por no poder ponerse un pulóver (pensá, pensá dónde leíste esto). Y ya sé en qué estarás pensando vos, profe de literatura… No, no hay párrafos en esta historia, así que ¡no los busques! Mejor, anótense en algún curso de swahili y después hablamos.

(2009)