GOTEO
Me rindo. Estoy rodeado por goteras. Ellas ganan. Ahora mismo llueve y yo tengo la desgracia (o bendición, ya no lo sé) de tener goteras en mi dormitorio. Me rodean y no me dejan salir. Una a mi izquierda y otra a mi derecha. Y escucho las gotas caer y golpear(se) contra el suelo. Es imposible frenarlas. Primero de un lado, después del otro y en seguida de nuevo. No se cansan nunca. Caen una y otra vez hasta que las siento mías o parte de mí mismo, porque llevan el mismo ritmo que los latidos de mi corazón (o de su corazón), porque yo también soy de ellas, de repente yo soy ellas, de repente yo goteo. Y mientras (me) sigue entrando agua y se van formando charquitos cerca de mis pies, yo sigo escribiendo imperturbable, como si nada estuviese pasando (¿por qué será?), como si afuera no estuviese Zeus descargando su furia ni el viento aullara amenazante, como si no temblaran las ventanas, como si no estuviese entrando agua en mi habitación, como si las goteras ya fueran mías y yo las aceptara. Como si yo mismo estuviese entrando por los costados y desde allí me viera y cayera y siguiera escribiendo, sin que nada más (me) importase, absolutamente nada.
(2010)





