"Caelum non animum mutant qui trans mare currunt"
Mostrando entradas con la etiqueta suicidio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta suicidio. Mostrar todas las entradas

1 de febrero de 2010

▪ No Happy Ending



MÚSICA QUE DUELE

Algo que no tenés por qué hacer una mañana de un día nublado con un poquito de viento, pero que yo sí hice (y te va a gustar, si sos como yo). Te despertás, ponés la canción Happy Ending de Mika, te tirás en la cama boca arriba y mirás el reloj que, a su vez, te mira desde allá, alto, imponente, sobre la pared. Y mirás cómo se va moviendo el segundero, despacito, sin detenerse jamás, derrochando segundos irrecuperables. Y mientras tanto escuchás atentamente la canción. A little bit of love. Y mirás el reloj, pero no encontrás respuesta a tu pregunta. Y escuchás. Y te das cuenta. This is the way that we love, like it’s forever; then live the rest of our life, but not together. Y mirás el reloj y escuchás y sentís. No hope or love or glory; happy endings gone forever more. Ahí está la respuesta. Y escuchás. Hasta que tus oídos quieren llorar y tus ojos, por fin, quieren cerrarse. Ahí es cuando los cerrás; ahí es cuando te cerrás y listo. Eso, lo creas o no, también es un suicidio.

(2010)




28 de enero de 2010

▪ The End is Soon to Come



PATOLOGÍA: Miedo al suicidio

Estaba sumergido de lleno en las páginas de El lobo estepario (¡qué maravilla!), pero cada tanto se distraía porque hacía mucho calor. Por eso, dejó de leer (se refregó los ojos, se puso de pie) y fue al baño. Se mojó la cara un poco (¡qué frescura!) y, con las gotas bajando por su rostro y los ojos cerrados, tanteó en busca de la toalla blanca. No la encontró. Abrió los ojos y miró con miedo lentamente hacia abajo. Allí estaba, en el suelo. La toalla, ya vieja, se había suicidado.

Ahí no más entró en pánico. Las gotas le caían y no tenía toalla. La había perdido para siempre. La tomó con cuidado y la enterró dejó en la pileta del lavadero. Corrió enloquecido al otro baño de la casa temiendo lo peor. Tristemente, esa otra toalla, que otrora había colgado desde lo alto, yacía ya sin vida sobre la pileta del baño. "Es el fin", se dijo con amargura. Agitado, siguió corriendo por la casa. En la cocina, una servilleta usada se había tirado caído de la mesada al piso. En la entrada, las llaves estaban al pie de la puerta, como si hubieran intentado saltar y quitarse la vida escaparse, sin éxito. En su dormitorio, algo de ropa yacía pálida y fría inerte en el suelo (claro que su angustia es entendible: se sentía usada).

Se detuvo frente al ventanal que daba al fondo y vio que las flores blancas del ciruelo también se suicidaban, una tras otra. "Hoy todo tiene que morir", se dijo. Pero en realidad no era una obligación, sino una voluntad: todo quería morir. En ese mismo momento, mientras todo caía y se desplomaba, temió profundamente (¡Dios no lo permita!) que se produjera un suicidio en masa, sin saber que en cuestión de pocos minutos (Dios permite todo) se largaría a llover.

(2010)






9 de diciembre de 2009

▪ Multilingualism: a short story



Lo que acá te voy a contar es mentira, y te lo digo de entrada, ¿ok? Basta de hacerle creer al lector que las historias son verosímiles. ¿En qué cambia que pienses que un acontecimiento realmente apareció publicado en un diario o que algún pariente mío fue testigo de cierto hecho atroz? Basta de inventar fechas y hacerlas pasar por verdaderas. Esta historia es falsa.


EXPERIMENTO LINGÜÍSTICO FASE I

El personaje principal (y único) de esta historia, Esperanto, no existe y por ende no tiene nombre. Vive en un pequeño pueblo al sur de la isla de Mandiocah, en el océano Pacífico, lo cual no es cierto. De todos modos, lo que te voy a contar es tan falso como interesante, así que prestá mucha atención. Esperanto hablaba siete idiomas, uno cada día de la semana. ¿No me creés? ¡Lo bien que hacés! Pero imaginátelo igual. Lúnez ezpañol, ¡y olé! Marrtes rrusso, aunque nadie le entiende lo que dice y escribe en cirílico. Miércole italiano y come la pasta con la famiglia unita. Juevecinho português y ama el carnaval, la playa y el jiu-jitsu. Viegnes fgancés, bien nasal, sobre todo cuando anda resfriado. Zabatto japonés, aunque así suena en italiano, ¡lo sé! y me declaro culpable (watashi wa culpable desu!). Dominngtag alemán y come würstchen con puré, solito (¡!), todos, todos los dominngtag. Hasta aquí la situación inicial. Ahora, la fuerza perturbadora que introduce el caos. Un día (no te voy a decir cuál), se propuso aprender un nuevo idioma. De chiquito siempre le gustaba leer y releer Las mil y una noches y, entonces, quiso aprender árabe. He aquí el conflicto: ¡la semana sólo tiene siete días! ¿Cuándo hablaría el octavo idioma? Después de pensarlo mucho y ya habiendo aprendido a decir en árabe los números, los colores y varias expresiones (“mi nombre es Esperanto”, “hay un gato sobre la mesa”, “¿dónde está el baño?”, “en toda producción textual, tanto oral como escrita, subyace la función informativa”) tomó la trágica decisión de suicidarse. Primero se deprimió y se dijo en mentalese (language of thought) que no volvería a hablar nunca más. Y así fue, enmudeció por completo. Después dejó que los días pasaran hasta perderse en el calendario y no saber en qué día se encontraba. No le costó mucho. Se imaginarán que para alguien como Esperanto (que en paz descanse) no es necesario recordar fechas en forma numérica. Es más fácil decir “hice tal cosa el lúnez” o “tengo planes para el viegnes”, porque cada día era un idioma distinto, desde que se levantaba hasta que se acostaba. En fin, enmudeció y se perdió en el calendario y entonces dijo ma'assalama y saltó. No sé qué pensarán ustedes de este final (suicidio = fuerza ordenadora), pero si yo hubiera sido él, habría decretado algo así como hablar árabe los días feriados o, si esos eran pocos, los días lluviosos y con viento del este (días que abundaban en la isla de Mandiocah, en el océano Pacífico, lo cual no es cierto). Al menos Esperanto no se quitó la vida por no poder ponerse un pulóver (pensá, pensá dónde leíste esto). Y ya sé en qué estarás pensando vos, profe de literatura… No, no hay párrafos en esta historia, así que ¡no los busques! Mejor, anótense en algún curso de swahili y después hablamos.

(2009)