"Caelum non animum mutant qui trans mare currunt"
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9 de marzo de 2014

▪ Time to Go

    
    
DESPEDIDA

Estamos en la cocina y yo me acerco para preguntarle si quiere que la ayude con algo. Me abraza, se pone a llorar en silencio y yo entiendo perfectamente lo que pasa. Que no, que no necesita ayuda, que vaya a hacer mis cosas. Le digo que no llore. Todo vuelve a la normalidad.
  
Estamos arriba en mi pieza y de repente larga todo. Me dice que no entiende, por qué me trata así, se subió a la escalera y me empezó a tirar cosas del armario, que lavame esto, que necesito esto otro y yo acá qué soy, me querés decir, qué soy, me cuenta con sus palabras y las de ella a la vez. Y yo entiendo que ahora esa es la excusa para llorarla. Porque en realidad el carácter y el trato siempre fue igual. Pero de repente se produce una pérdida inesperada. Una pérdida por motivos y con propósitos geniales, fantásticos, con lo cual habría que felicitarla y no llorarla. Pero el vacío se produce de todos modos y entonces necesita decir algo para que el llanto no sea injustificado, necesita decir algo para poder llorarla de verdad, y así aparece la excusa y salen las lágrimas y las palabras a borbotones, que a mí nadie me quiere, por qué todos me tratan mal, mi mamá me trataba mal, él me ignora, no hace nada, vos sos divino y no tenés la culpa de nada, pero por qué me tratan así si yo siempre les di amor, mientras la abrazo y se descarga y le intento explicar que no tiene que pensar así, le recuerdo la enfermedad de su mamá (ya sé, ya sé) y que lo otro siempre fue igual, aunque sé que no es necesario que diga todas esas cosas porque son solo excusas, estamos hablando de otro tema, está llorando por otra razón, pero hay que decir algo de todos modos, no te podés quedar callado, porque es tu mamá. Porque llora y te necesita.

Estamos en la cocina y se nubla. Tiene la mirada cansada y no habla mucho en el almuerzo. No quiere que la ayude a secar los platos, pero igualmente lo hago. Por qué no me obedecés, te dije que esto lo hago yo. Se acuesta a dormir la siesta.

Estamos en el living y agarra sus bolsos. Ya tiene todo listo. Los acompaño hasta el auto; él la va a alcanzar. Se van y cierro la puerta. Se larga a llover y ella sigue durmiendo la siesta. Al final se fue y no la despidió. Aunque me parece que tampoco hubiera tenido mucho sentido despedirla.

Ella nunca se va a despedir de nosotros. Ni nosotros de ella.

(2014)
   
   
   
   

2 de febrero de 2014

▪ Beforehand



LLORAR ANTES DE TIEMPO

Llorar la pérdida cuando algo todavía está pero se sabe perdido. Cuando está pero se sabe que no va a estar más y no se ve solución, sino sentencia. Muy distinto de llorar la pérdida ya perdida, que puede ser algo muy devastador, pero el trastorno es siempre más irremediable, más natural, porque ya pasó, ya terminó de pasar, ya está, no hay vuelta atrás, entonces se llora con más solidez y firmeza, el llanto es contundente, no titubea, el motivo es palpable, y es otro escalón ahora, es otra dirección. En cambio cuando todavía está pero se sabe que no hay remedio, que no se puede hacer nada, que se va a perder, en ese caso se siente la impotencia de que quizás podría haber solución o salvación porque todavía— porque por el momento— quizás si— tal vez podría— o a lo mejor si— un sinfín de hipótesis, y no obstante uno llora la pérdida porque no ve nada que se pueda hacer, aunque hoy todavía está ahí, pero se sabe que no, que después no. Que ella no quiere cambiar, que no quiere salvarse o que en realidad no puede. Y ni si quiera hay incertidumbre o dudas, sino sentencia. Es algo que ya se sabe perdido, y entonces uno llora desde antes de que se pierda, con ese llanto confuso, intangible, ese llanto del "¿por qué llorás?" y que la respuesta sea tan vacía y silenciosa como tu presencia, que ya se sabe perdida.

(2013)