"Caelum non animum mutant qui trans mare currunt"
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13 de marzo de 2010

▪ Cleaning and Thinking



DOÑA POCHA HACE LA LIMPIEZA

Empieza por el living y franelea todos los muebles, de arriba a abajo. Mientras plumerea la biblioteca encuentra un libro viejísimo y decide abrirlo y ¡oh, sorpresa! encuentra dobladita la carta que le había escrito el verdulero de la esquina cuando eran jóvenes y el mundo era otro: caminaba, no corría. Y la lee. Pero la hace un bollo cuando llega a la parte en la que sus cabellos son coliflores y su perfume le recuerda a la remolacha. Un bollo y a la basura. Y se pone a barrer todo justo cuando suena el teléfono y piden hablar con su hija Noelia. Le contesta que está durmiendo, porque eso fue lo que le dijo que iba a hacer cuando llegó y subió al dormitorio. Pero en realidad Noelia está tirada en la cama llorando. Por eso la luz apagada y la foto bajo la almohada. Noelia no duerme. Mientras tanto, doña Pocha se decide a encerar porque le encantan los pisos brillosos y radiantes. Y siempre que encera recuerda su infancia y esas galerías eternas de pisos relucientes. Ella jugaba en esos pisos todas las tardes. Pero a decir verdad de eso se acuerda poco, sólo hay imágenes borrosas. Fue hace tanto. Ahora ella es la que encera y limpia y ordena mientras otros juegan. Doña Pocha deja de encerar un segundo, se mira en el espejo, se acomoda el batón y no se reconoce. Le faltan las ventanas. A doña Pocha le encanta limpiar las ventanas. Así se entera de todo. Una vez a la mañana la vio a Antonia bailando en su casa, escoba en mano, con los ruleros puestos y en camisón, y no pudo parar de reírse hasta el mediodía. Y nunca se olvida de la vez que estaba limpiando las ventanas que dan a la calle y Coco, el perrito de don Felipe, se escapó de la casa al ver pasar a Mario, el de la farmacia, y le ladró ferozmente y lo persiguió y le encajó tal tarascón que le rompió el pantalón fino de alpaca. Y más tironeaba y más se rompía y ¡qué risa!, terminó en calzones en el medio de la calle. A doña Pocha no se le escapa una y cómo le gusta limpiar las ventanas. Cuando termina con el living se va al escritorio de Pancho y ahí tiene que tener mucho cuidado porque a Panchito no le gusta que le cambien nada de lugar y se pone a gritar “¡Pocha!” como loco hasta que ella lo escucha y le devuelve el grito y “¡está en el segundo cajón!”. Así que doña Pocha limpia con cuidado y deja las lapiceras donde estaban y no mueve un solo papel. Y al terminar de limpiar el escritorio de Pancho se pregunta cómo es posible que en su casa convivan él y la carta del verdulero. Pero claro, Panchito no se acerca jamás a la biblioteca, no pertenece a ese mundo. Jamás la leería, piensa equivocada. Y entonces aparece su hija Noelia y le dice que se va a lo de su amiga a tomar mates y doña Pocha se la cree, se seca la frente con un pañuelo y le pregunta qué quiere que le prepare para la cena. Noelia finalmente se va y doña Pocha sigue limpiando, mientras piensa en la tarta de jamón y queso que hará dentro de unas horas. Le faltan los dormitorios.

(2010)