"Caelum non animum mutant qui trans mare currunt"
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11 de diciembre de 2009

▪ Explain yourself!



Bueno, ya es hora de hablar un poco de esto, ¿no? De mi calabozo de aire, claro. Es como mi prisión, aunque un tanto voluntaria. Reconozco que cometí el delito de interesarme por la literatura tiempo atrás, aunque me es imposible (¡maldita memoria!) determinar con exactitud cuándo. Lo cierto es que ya en la secundaria
bah, polimodal, para ser precisos empecé a comunicarme clandestinamente con escritores como Puig, Borges, Hesse, Neruda, Cortázar, entre otros. Cuando me quise dar cuenta, ya estaba dentro, entre los barrotes y los ladrillos (de aire, claro), sin escapatoria. Calculo que debe de ser el único lugar donde la justicia funciona de maravillas y sin cometer ningún error (lees esto y aquello y de pronto ¡zas! queda usted bajo arresto). Sinceramente, no creo que algún día vaya a encontrar la llave para escapar. O quizá, ni siquiera la busque. Verán, es que… Como mi calabozo es de aire, no me siento ahogado ni atrapado. Por el contrario, es un calabozo de libertad, o así lo siento. No tanto libertad física, de movimiento, cinética. Más bien libertad de pensamientos y sentimientos. ¡No por nada "calabozo" es c[ala]bozo! ¡Acá se puede volar! Las ideas y las palabras emprenden vuelo y el tiempo se concibe de otra forma; tiene otro ritmo. No importa envejecer. No importa la muerte. Por ejemplo, las cadenas de mi calabozo no son de tiempo; son de rosas (y no me avergüenza decirlo) y por eso también se lo puede llamar un pequeño infierno florido. Esto ya lo deben saber, porque esos oxímoron no son de mi autoría. Digo que lo deben saber porque están en el primer posteo de este blog, en el que pueden ver el origen concreto de su nombre. En fin, les sigo contando. Gente como yo hay en todas partes. Conozco varios prisioneros de sus propios calabozos. No todos son de aire, though. Algunos están "atrapados" en nubes de algodón, otros en confiterías llenas de cosas ricas, otros en montañas rusas, otros en castillos medievales… De eso pueden sacar sus propias conclusiones. En cuanto a los que me metieron acá, cabe aclarar que mi lista de cómplices literarios o escritores siempre fue expandiéndose y, a decir verdad, me sería imposible dar el nombre de todos ellos. Varios, igualmente, los verán por estas celdas (cada tanto me visitan, vuelven a mí). Incluso, con el tiempo, empecé a escribirme con autores de diversas nacionalidades. No sé si se entiende: el calabozo es de aire = no tiene límites. La cuestión es que yo y la literatura. La literatura y yo. ¿Dónde? Acá. Mis escritos y los de otros. Los míos a veces ni yo los entiendo, pero eso no tiene importancia. Me gusta experimentar con las moLécuLas dE aiRe del caLaboZo y ver qué sale. No esperen que se respeten las normas/tradiciones acá. De vez en cuando quizá sí, pero no es a lo que apunto ni lo que más me interesa. Bueno, creo que ya dije suficiente y no tiene sentido seguir divagando. Para cerrar me basta decir que me parece que (sí, a veces armo mis propias teorías) el calabozo de aire del que tanto les hablo *pausa dramática* soy yo.

(2009)








15 de noviembre de 2009

▪ Prisoner of Time




PREÁMBULO A LAS INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA AL RELOJ

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.


INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA AL RELOJ

Allá en el fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus pequeños rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.



Historias de cronopios y de famas, Julio Cortázar