"Caelum non animum mutant qui trans mare currunt"
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23 de mayo de 2016

▪ Quietly

   
  
CALLADOS
  
Vamos a quedarnos
callados,
sin movernos
para ver si así
el tiempo pasa
sin mirarnos,
para ver
si se olvida
de nosotros,
porque quiero
que estos días
no conozcan nunca
la brisa del tiempo,
porque quiero
que sean largos
como tus brazos.
Quedémonos callados
como cuando de niños
jugábamos a que nadie
nos encontrara,
como cuando la sombra
de un árbol
no se mueve
para que el sol
no la descubra,
así debemos estar,
juntos, tomados de la mano,
mientras sonríes sabiendo
que el tiempo
no podrá encontrarnos.

Julio Torres-Recino
   
    
   

22 de enero de 2016

▪ Time does not Fly

     
    
FICCIONALIZACIÓN
  
Un día se preguntó cómo hacer para perderse en el tiempo, cómo borrar esa presencia constante de los segundos que pasan, que se empujan unos a otros, a veces con más fuerza, otras veces imperceptibles, pero que además nos señalan, nos indican el día, el momento, nos ubican, nos meten de lleno en una estructura, en un espacio cerrado y con una única salida: el momento siguiente. Siempre hacia adelante. Un día se preguntó cómo romper las reglas, cómo cambiar las percepciones preestablecidas, y decidió subirse a un avión.
  
"18 de enero, hora de partida: 23:30". Eso indicaba su pasaje. Estaba a punto de abordar, y en poco más de media hora iba a ser su cumpleaños. Pero su vuelo, con destino a un país exótico y distante, iba a alterar todo por completo. No habría forma de saber exactamente qué hora sería en cada lugar a medida que se fuera moviendo por el cielo. O mejor dicho, la hora iba a ir cambiando caprichosamente, no segundo a segundo, como estamos malacostumbrados acostumbrados. Distintos relojes arrojarían diferentes números. Pensó, entonces, en su viaje como un momento de paz y liberación: "mientras esté volando, el tiempo no reina, el tiempo no existe; cuando aterrice, todo volverá a la normalidad, pero mientras tanto, el tiempo se contradice, renuncia a su esencia de orden incorruptible, deja de ser un ovillo perfecto que se desenrolla poco a poco y pasa a ser una maraña sin forma aparente".
  
Y así fue que empezó su cumpleaños en ningún momento exacto, o en varios momentos desincronizados, pero nunca pudo saberlo. Y así fue que ganó una batalla y deshizo el orden. Derrotó a los relojes. Fue imposible hacer la cuenta regresiva. El avión iba primero hacia el punto A, una parada obligatoria, pero que supuestamente lo llevaba hacia el pasado, volvía a ser antes, volvía a vivir el tiempo ya vivido. El tiempo seguía sumando y avanzando, pero restaba aún más y lo hacía simultáneamente. Después, el avión seguía hacia el punto B, pero como si fuera propulsado por una fuerza de aceleración inhumana, daba un salto automático hacia el futuro lejano, dejando en el medio un tiempo sin vivir, un espacio en blanco, unas cuantas horas sin existencia, con o sin cumpleaños, imposible de determinar. Un terreno inhabitado por él y los demás pasajeros, cómplices incautos de la revolución cronológica. Aunque los relojes de sus muñecas siguieran marchando al unísono, solo anunciaban mentiras y tendrían que ser ajustados a la verdad posteriormente. Eran ecos del pasado, como fotografías viejas, que nunca muestran la realidad. Ese tiempo que brotaba de los relojes era falso o simplemente no era.
   
Claro que finalmente el avión aterrizó y llegaron los saludos por wifi. Cumplió años de igual manera, perdió un poco más de pelo y le salieron más arrugas. Pero su mente había logrado algo que creía imposible: ficcionalizar el tiempo fuera de una hoja de papel. Ese instante preciso, ese inicio, ese traspaso, ese arrancar una hoja del calendario, esa manecilla que cambia de lugar, esa secuencia fija, ese ir sin volver, toda esa construcción invisible dejó de tener sentido gracias a ese viaje con rumbo incierto. Logró neutralizar ese "faltan diez minutos para tu cumple" o ese "¿soy el primero que te saluda?". Y mientras bajaba la escalera del avión en el aeropuerto de destino, osó preguntarse: "si he logrado desenmarañar el tiempo de esta manera, ¿cuántas otras cosas podría también destruir o conquistar?".
   
(2016)
    
    
    

30 de mayo de 2014

▪ Of Certainty and Sand

      
      
NADA DE CERTERO

Ciertamente tu vida es otra. Todo va cambiando, poco a poco, sin que te des cuenta. Como un reloj de arena, que empieza lleno y termina vacío. O que empieza vacío y termina lleno, según cómo lo veas o dónde te pares. Arriba o abajo. Lo cierto es que tu vida pasa a ser otra y mientras tanto no te das cuenta.

Hasta que un día, esperando el colectivo, te encontrás con alguien que no veías desde la secundaria, y ahí colapsa el reloj de arena, desaparece el vidrio, cae el presente y se choca con el pasado, se mezclan los tiempos. Pero bueno, decís, la secundaria fue hace poco, ¿no? No, te respondés. Hace poco fue la universidad. Y quien dice "hace poco" dice también "hace mucho", porque hace mucho que no ves a algunos compañeros de la universidad. Incluso hace mucho que trabajás, aunque tu primer laburo fue después de terminar la facu. Hace mucho que conseguiste una beca y viajaste. A fin de cuentas parece que lo único que pasó hace poco fue exponer en un congreso al lado de personas con maestrías y doctorados en sus CV. Algo ciertamente tuvo que haber pasado en el medio para que todos los "hace poco" se transformaran en "hace mucho". Tuvo que haber pasado "algo", como quien dice arena, mucha arena.

Los dedos de la mano no alcanzan para contar los años que pasaron desde aquel primer beso, por ejemplo. Y hace poco, ayer mismo, te cruzaste con ella mientras ibas de camino a dar clases. Cómo pasó el tiempo y qué alta que está ahora y qué bien que le queda ese tapado beige. Ella, envuelta en arena, pensás, envuelta en tiempo. Una manifestación más de nuestro calabozo temporal, de nuestra condena a la impermanencia, ella envuelta en tiempo, sin poder quitárselo, prisionera, avanzando por la calle y transformando su vida sin darse cuenta, pisando baldosas, respirando, siendo observada, sujetando el cuello del tapado con la mano derecha y con una cartera negra en el brazo izquierdo, despertando recuerdos, perfumando el aire al pasar, alterando su esencia segundo a segundo, pisada a pisada, a medida que cae la arena. Y ahora que la ves te percatás de que ciertamente su vida es otra. Y te preguntás, mientras cruzás la plaza, qué es lo que nos impulsa a seguir adelante, pese a los cambios. Por qué luchamos por avanzar, si todo avance quedará atrás, irrecuperable, enterrado en la arena ya derramada, ya vivida. Se te ocurren muchas respuestas, pero el cielo sigue nublado y entonces volvés a pensar en tus clases, que te están esperando ahí en frente, cruzando esta calle.

Vos también cambiás todo el tiempo, aunque no tengas un tapado de arena. Ahora por ejemplo estás agotado, pero sabés que vas a entrar, saludar, preparar el salón y de algún lado va a salir esa energía para hablar, enseñar y entretener a los alumnos durante cuatro horas. Tenés la certeza de que todos los cambios terminan siendo buenos, pero al entrar en la biblioteca te sentís vulnerable, no lo podés evitar, y pedís a quien sea que esté escuchando tus pensamientos que los cambios más bruscos no te encuentren desprevenido, que cuando se altere la marea tengas los pies firmes sobre la arena y la fuerza suficiente para asimilar el proceso, que aunque duelan algunos golpes ninguno sea letal.

Cuatro alumnas faltan y la clase se reduce, entonces, a la mitad. Una alumna te dice que no va a poder seguir viniendo porque una obra social con la que trabaja le debe mucha plata. Otro alumno te pregunta si das algún curso intensivo, porque quiere avanzar más rápido. Las cosas van cambiando, la arena no se queda quieta, y de pronto "hace poco" queda atrás, muy lejos del presente. Aunque quizás no siempre tan lejos en sentido cronológico. Pero ciertamente lejos en esencia, a causa de las transformaciones y las diferencias. ¿De quién es esta vida que estás viviendo, entonces, si la tuya no era así?

Tus padres se jubilan, alguien se va de la casa y ciertamente no hay vuelta atrás. Tu vida es otra. Las cosas van cambiando de manera constante, pero te toca aceptar que ningún cambio desemboca en un estado anterior, ya conocido. Cuando algo cambia y se pierde, ya no se recupera. La arena nunca sube en el reloj. Y no hay manera de predecir nada, de estar preparado ante las adversidades. Aunque sepas que en definitiva todo va a ser para mejor, no podés evitar sentir que algunas cosas buenas se desmoronan, que no van a volver, y aunque sabés que siempre vas a estar contento de que pasaron, también sabés que siempre vas a cargar con pequeños vacíos. Y vas a seguir avanzando y vas a ganar, sin dudas. Pero también, y sobre todo, vas a perder. Hoy lo que más sentís es la pérdida. Todo aquello que pasó hace mucho y ya no pasa. Todo eso que se acumula y va ocupando un espacio, un espacio vacío. Todo aquello que algún día pasará y que, precisamente eso, pasará. Pasará, pasará, pero ni lo último quedará. Y entonces te preguntás otra vez lo mismo. ¿Por qué seguimos adelante? ¿Qué nos impulsa? La pregunta no es si vale la pena avanzar, porque sabés que sí, por supuesto que vale la pena vivir. La pregunta es otra y por alguna razón se manifiesta con claridad mientras borrás el pizarrón, mientras van desapareciendo las palabras y el polvo de tiza cae como la arena. ¿Qué sentido tiene todo, si pase lo que pase al final del camino vamos a estar solos?

La vida no tiene nada de certero.
    
(2014)
   
   
    

18 de febrero de 2014

▪ Letting Go

  
  
CRUMBLING DOWN

Oh, boy, it's actually funny if you stop whatever you are doing right now, and you think for a moment about this tragic thing happening around you. It's actually funny how everything seems to be crumbling down. I mean, it's ok, we all start from scratch, right? So we're just going back to the beginning. It can't be that tragic. Well, the thing is that we start with nothing at all, so now that's where we are going back to. We begin with nothing, but little by little we start building something, something that takes many years to complete.

Honey, it's been a long time coming
And I can't stop now.
Such a long time running
And I can't stop now.

Like this big tower of ours. This tower we built all of us together. We built it high. It started small, it's true, but it got higher as time went by. Well, to be honest, it took me my whole life to build my part of this thing we shared. You know, to get my own bricks, to learn how to use them, where to place them, put them together, make them look nice. It took my whole life.

Do you hear my heart beating?
Can you hear that sound?
'Cause I can't help thinking
And I don't look down.

And now I can't help but laugh at its currently-unfolding process of destruction. Our tower is coming down. But it's ok, it's alright. After all, gravity and all those things do exist out there. And they just do their thing.

And then I looked up at the sun
And I could see
Oh the way that gravity turns for you and me.

If this is someone's fault, it has to be gravity's. Because yeah, everything is bound to fall at some point. That's what gravity does. It brings things down and there's no exception. Nothing can avoid falling down eventually.

And then I looked up at the sky and saw the sun
And the way that gravity pulls on everyone, on everyone.

Nothing can avoid falling down. Yet we build, we go up, we put all our energies into what we care about. Endless time, countless effort, so much sacrifice put into this and then, all of a sudden, its destiny is fulfilled, gravity strikes down, it falls apart. Me, you, them. Brick after brick. They used to be together, but now the whole structure comes apart. One piece falls here, another piece falls there. Each brick ends up in a new place, far from the others. And the funniest thing is that it's not sad at all. Even if it took forever to build this tower, its destruction is not sad.

Baby, it's been a long time waiting
Such a long, long time
And I can't stop smiling
No I can't stop now.

Oh, boy, it can't be denied: we had so much fun building it, building us! So much time shared, so much fun together. But here's gravity and here's our tower crumbling down now. Yet, it's not sad. Its destruction is way more logical than sad. It makes perfect sense. It's well-grounded in the laws of Physics and in the end it's just the way things are meant to be. Things are meant to come apart. The only little problem is that it doesn't seem likely that all that time and effort and sacrifice will ever be devoted again to a new tower. Oh, boy, there's no way I'll build another tower like that, with you all or anybody else. It just doesn't seem likely. We'll just sit here, where we fell. Do our thing. On our own. And that's all there seems to be ahead of us. Oh, boy, trust me, at times that's all you can do. At times you just wait for another miracle to come across your path. Oh, boy, at times you just let go.

Can you hear my heart beating?
Can you hear that sound?
'Cause I can't help crying
And I won't look down.

(2014)
  
  
  

2 de febrero de 2014

▪ Beforehand



LLORAR ANTES DE TIEMPO

Llorar la pérdida cuando algo todavía está pero se sabe perdido. Cuando está pero se sabe que no va a estar más y no se ve solución, sino sentencia. Muy distinto de llorar la pérdida ya perdida, que puede ser algo muy devastador, pero el trastorno es siempre más irremediable, más natural, porque ya pasó, ya terminó de pasar, ya está, no hay vuelta atrás, entonces se llora con más solidez y firmeza, el llanto es contundente, no titubea, el motivo es palpable, y es otro escalón ahora, es otra dirección. En cambio cuando todavía está pero se sabe que no hay remedio, que no se puede hacer nada, que se va a perder, en ese caso se siente la impotencia de que quizás podría haber solución o salvación porque todavía— porque por el momento— quizás si— tal vez podría— o a lo mejor si— un sinfín de hipótesis, y no obstante uno llora la pérdida porque no ve nada que se pueda hacer, aunque hoy todavía está ahí, pero se sabe que no, que después no. Que ella no quiere cambiar, que no quiere salvarse o que en realidad no puede. Y ni si quiera hay incertidumbre o dudas, sino sentencia. Es algo que ya se sabe perdido, y entonces uno llora desde antes de que se pierda, con ese llanto confuso, intangible, ese llanto del "¿por qué llorás?" y que la respuesta sea tan vacía y silenciosa como tu presencia, que ya se sabe perdida.

(2013)



31 de enero de 2014

▪ What If...

  
  
HIPÓTESIS: el amor atado al tiempo

Tal vez mañana aún estemos vivos. Pero de qué forma, bajo qué estado. Con qué ojos nos miraremos. Estaremos vivos, pero seremos distintos, seremos otros. Y eso de nada sirve, si no podemos tenernos así, como ahora, juntos, esto que somos, qué somos, un instante eterno, esto que vive, que sentimos, esto que está acá hoy y que nos une, y mañana tal vez también, pero de qué forma, con qué disfraz. Tal vez mañana seamos otros, diferentes. Tal vez ya no nos queramos del mismo modo, aunque estemos vivos, como hoy, que nos queremos. Pero bajo qué estado y con qué ojos nos miraremos mañana si estamos vivos. Tal vez estemos, sí, pero con qué disfraz. Y qué pasará con esto que sentimos y que también está vivo, esto que se mueve por dentro, esto que hoy somos, esto que nos une. Qué somos y qué seremos y qué será de nosotros si no podemos tenernos así, como ahora. Qué haremos mañana si estamos vivos y somos otros. Qué haremos con los disfraces. Cómo nos miraremos, con qué ojos. Qué haremos mañana si estamos vivos y no nos tenemos.

(2013)
  
   
  

30 de septiembre de 2010

▪ Translators Have Rights, too

   
   
DERECHO DEL TRADUCTOR* A DISPONER DE TIEMPO
   
Todo traductor tiene derecho a contar con el tiempo que estime necesario para realizar una buena traducción. Ese espacio temporal resulta indispensable, pero no siempre es valorado por quienes no son traductores y desconocen los mecanismos de la transferencia lingüística y sociocultural.
  
Por favor, imagine usted por un instante que es abogado o diariero o físicoculturista (da igual). No obstante, se le solicita que opere de inmediato a un paciente que sufre de peritonitis aguda. Le dicen que es una urgencia. ¿Podría usted hacerlo? ¿No cree que necesitaría un poco de tiempo para aprender a operar? ¿O para entender de qué le están hablando y cómo se debe proceder?
   
Algo similar le sucede al traductor, ya que le puede tocar traducir sobre cualquier tema, no sólo sobre aquellos que domina, como por ejemplo, la obligatoriedad del uso de la coma por orden envolvente. No, hoy traducís sobre calentadores de fluidos térmicos y mañana sobre cepas de algas y pasado te encargan una sentencia definitiva de divorcio vincular.
   
Por este motivo es de suma importancia contar con tiempo. Tiempo para leer, investigar, descrubrir, aprender, sorprenderse… Desde el momento en que recibe el texto original, el traductor debe convertirse en astrónomo, nutricionista, contador, escribano, cocinero o, en síntesis, debe adoptar la profesión del escritor del texto original, o al menos su estilo, la forma de expresarse, la terminología que utiliza y, claro está, debe adquirir algunos conocimientos sobre el tema en cuestión. Por ejemplo, normalmente no es posible hacer una buena traducción de un texto sobre hipertensión sistólica aislada si se desconoce qué son los receptores de angiotensina.
   
Por último, podemos afirmar que los traductores se asemejan a los actores, sólo que en vez de expresarse con todo el cuerpo para representar distintos personajes, lo hacen sólo mediante la palabra. Algunos dirán que la tarea es más sencilla, porque se limita sólo a un aspecto: el conjunto de letras amontonadas en un papel. Otros dirán que la tarea es más compleja, porque en definitiva el objetivo es el mismo, encarnar un personaje, pero se cuenta con menos medios y herramientas, por lo cual la precisión y (a su vez) la flexibilidad de las palabras es crucial. En fin, dejando de lado las cuestiones subjetivas y valorativas entre ambos casos, la meta es siempre que la representación artística sea creíble. Pero para que ese personaje que hay que interpretar logre ser creíbe, necesariamente se debe disponer de tiempo, mucho tiempo.
    
(2009)
   
*Feliz día del traductor a todos mis colegas.
  
   
   
San Jerónimo
  
 
  

26 de septiembre de 2010

▪ Understanding is Time-bound



SOBRE GUSTOS… YO ESCRIBO

Hoy me di cuenta de algo que me inquietó un poco: si yo me hubiese encontrado con este blog cinco años atrás, no me hubiera gustado ni un poquito. Y es fuerte que tu yo-presente descubra que a tu yo-pasado no le hubiera gustado tu yo-futuro. Entonces, me pregunté si eso querrá decir que mi futuro va a ser algo que ahora, en el presente, no sea de mi agrado. Pero no, la culpa no la tiene —no la tenemos— ninguno de los tres (tres, como si en realidad no fuéramos millones, incalculables, eternos). Al yo-presente le gusta su yo-presente. Por lo tanto, al yo-futuro le va a gusta su yo-futuro. El problema está en el desfasaje temporal, en la mirada diacrónica. ¿Por qué no me hubiera gustado este calabozo, mi propio calabozo, tiempo atrás? Porque yo era otro y no me hubiera entendido. Porque con el paso del tiempo crecí, maduré, aprendí, sentí, razoné. Cambié tanto, incluso aunque siempre haya transitado el mismo camino y haya tenido la misma meta. Pero cinco años atrás me faltaba dar tantos pasos, que estas paredes no hubieran tenido ningún significado para mi yo-pasado. Y al entender eso, la inquietud original pasó a ser un lindo descubrimiento. Es lógico, pensé. A mi yo-presente no le va a gustar nunca mi yo-futuro, porque sencillamente no puede comprenderlo. La comprensión está atada a un instante fugaz de nuestra vida. Y no me refiero solamente a que, por ejemplo, algunas paredes están escritas en francés y cinco años atrás yo no entendía ni una sola palabra de ese idioma. O a que mi yo-presente lee los muros de este calabozo y distingue en las letras a Woolf o a Hesse, lo cual no hubiera podido hacer jamás mi yo-pasado. En parte sí, es cierto, eso influye. Pero lo que planteo va más allá de las limitaciones cognitivas. Me refiero a vivir y todo lo que esas cinco letras implican. Uno cambia por el solo hecho de existir. Cambia tanto y tan constantemente que no se da cuenta. Y cada cosa que vemos, hacemos, escuchamos, sentimos o pensamos nos transforma. Y escribir es algo tan personal, tan propio, que ¿cómo pueden gustarles nuestras producciones a otros? Es algo que sale de nuestro interior. Es revelar implícitamente nuestra esencia. Al escribir nos exponemos. Abiertamente. (Qué horror, dice mi yo-pasado; oraciones tan cortas, hasta de una sola palabra. No te preocupes, dice mi yo-presente; ya leerás a Hemingway y te apasionará.) Al escribir, construimos algo a partir de nosotros mismos: de lo que somos y de lo que no somos. Es imposible no estar presentes en todas y cada una de las letras que escribimos, incluso en la ficción. Y desde afuera pueden decir qué lindo, me encanta. O qué asco, no me gusta, es basura. (Como este texto, dice mi yo-pasado, que ni siquiera está dividido en párrafos. Es que la mente tampoco está dividida en párrafos, contesta mi yo-presente, y yo pienso así, caótico, y vos también, pero todavía no leiste a Joyce y te empecinás con las estructuras prolijas y el orden.) Ambas posibilidades, el gusto y el disgusto textual, lo sublime y lo asqueroso, conviven y están latentes en todos. Entonces, cada vez que alguien dice que le gusta lo que escribo se produce un verdadero milagro. Porque se da una conexión extraña, incalculable, que parece simple a primera vista, pero buscar su origen puede ser un gran desafío. Se da un entendimiento propio a partir de lo ajeno. Un reflejo humano que desintegra de inmediato toda instancia de temporalidad. Un eclipse. Una conjunción de planetas. Y quizás el otro no leyó a Hawthorne, pero igualmente entiende lo que escribo (no hablo del significado denotativo, sino del connotativo e icónico), porque vivió algo que yo no viví. O porque vivió lo mismo que Hawthorne y así llega a la misma meta, aunque por otro camino. Entonces, las redes del entendimiento se entrecruzan y forman un tejido interminable y las posibilidades de conexión son infinitamente diversas. Y la conclusión final es también inquietante: ¿cuánto me disgustará ahora mi yo-futuro? Mi yo-presente no lo sabe ni tiene forma de saberlo, pero espera que la respuesta sea mucho y que mi yo-futuro le parezca el ser más abominable del planeta.

(2010)



5 de septiembre de 2010

▪ The Line is Busy, Try Again Later



OCUPADO


Ay, el tiempo. Se ve que el odio es mutuo. Hace varios días que no lo veo por acá y sospecho que ya me abandonó. Irónico, ¿no? Hace tiempo que no veo al tiempo. Y acá estoy, escribiendo estas paredes, cuando debería estar escribiendo otras cosas. No pensé que el último cuatrimestre de mi carrera me fuera a ahogar tanto. Me gustaría poder disfrutarlo más, porque es el último. Pero en una semana ya vienen rodando los siete parciales y todavía no actualicé los glosarios. Ni sé cuándo lo voy a hacer. Si todavía tengo que terminar de traducir el contrato de licencia, una sentencia judicial y una apelación rechazada, entre otras cosas. Y ya mismo tengo que ponerme a escribir un paper sobre computer-mediated communication. Preparar memorias y contramemorias para defender al Imperio Zunino en un caso simulado. Terminar de una vez las benditas pasantías. Definir urgentemente el proyecto de investigación para Canadá. Elegir el texto que traduciré para mi tesina y empezar a trabajar en él. Elegir el tutor. Muchos tormentos, sí. ¿Algún deseo? Wake me up when September ends. Y no me quejaría de todo esto si los días fueran más largos, si tuviera que viajar menos o si con dormir una hora me bastara. Pero me quejo. Me quejo (y me odio por eso) y me cambio de mano la pulsera y sigo con mis cosas. Por esto mismo me ausentaré de mi calabozo indefinidamente. Volveré cuando baje la marea, lo prometo. De todos modos, como ya dije una vez, les dejo mis paredes escritas para cuando me extrañen (¿?). Hasta luego.

(2010)






18 de julio de 2010

▪ Timeless Time



TIEMPO SIN TIEMPO


Preciso tiempo necesito ese tiempo
que otros dejan abandonado
porque les sobra o ya no saben
que hacer con él
tiempo
en blanco
en rojo
en verde
hasta en castaño oscuro
no me importa el color
cándido tiempo
que yo no puedo abrir
y cerrar
como una puerta

tiempo para mirar un árbol un farol
para andar por el filo del descanso
para pensar qué bien hoy es invierno
para morir un poco
y nacer enseguida
y para darme cuenta
y para darme cuerda
preciso tiempo el necesario para
chapotear unas horas en la vida
y para investigar por qué estoy triste
y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo

tiempo para esconderme
en el canto de un gallo
y para reaparecer
en un relincho
y para estar al día
para estar a la noche
tiempo sin recato y sin reloj

vale decir preciso
o sea necesito
digamos me hace falta
tiempo sin tiempo.

Mario Benedetti





15 de julio de 2010

▪ All Animals are Equal...



IGUALDAD


Me pidió que transmitiera sus ideas y aquí estoy. No quiere decir mucho en concreto sobre el tema, porque ya se ha hablado y debatido hasta el cansancio y sería innecesario extenderse aún más con argumentos y contraargumentos y demás eternidades tautológicas (en todo caso, pasen por acá). Pero está contento. Porque sabe que llegó la hora de dejar de (¿aparentar?) estar ciegos y aceptar que el mundo gira, que la humanidad evoluciona, que las leyes se reformulan, que la visión humana del mundo se modifica día a día. En fin, llegó la hora de reconocer que todo cambia, absolutamente todo. Claro que, primero, es fundamental tener una mente abierta, porque las cosas además de verlas hay que querer verlas.

Pero no todos pueden aceptar las diferencias. No todos pueden transformar sus creencias y moldearlas. No todos tienen la flexibilidad o tolerancia necesaria para entender lo que escapa a sus rígidas estructuras sociales/divinas. Por eso cree que no hay que culparlos. Y no los culpa, en absoluto. Cada uno a su manera, como pueda, como le hayan enseñado a ver. Y con respeto por los demás.

Pero ¡claro que sí!, dichoso aquél que no prejuzga, que no rechaza, que tolera al resto. Dichoso aquél que es libre y que sabe razonar por sí mismo, aquél que intenta ponerse en el lugar del otro y trata de entenderlo, aquél que no discrimina ni con la palabra ni con el pensamiento. Dichoso aquél que ha logrado desatarse de las viejas cadenas, que ha logrado quitarse el polvo del pasado, que ha logrado escapar de su calabozo. Y al decir eso no está hablando de literatura, no; habla del rencor despiadado y del temor injustificado que ha perdurado tanto tiempo, de esas palabras que se dicen y que hieren, aunque no se pueda ver. Esos calabozos no son de aire. Muy por el contrario, esos calabozos asfixian.

Pero ya está. Ya se de dio un paso más. Estamos un poquito más cerca de la igualdad. Las personas del mismo sexo ya pueden casarse en Argentina. Y no es necesario involucrar las religiones ni hablar de valores, de si está bien o mal. Opinar así sería imprudente. Después de todo, ¿quién está capacitado para juzgar a los demás? No está ni bien, ni mal. Sencillamente está. Es así. Se ve (si se quiere). No es ficción. Es la realidad; es nuestra realidad. Es el mundo en el que vivimos, te guste o no (porque los gustos personales no tienen cabida en un debate serio de derechos).

Y en la vida todo es cuestión de tiempo. Las cosas cambian, seguro que sí, pero no de un día para el otro. El camino es largo, pero se puede transitar. Tarde o temprano lo que está ahí escondido, latente, brilla tanto y con tanta fuerza, que no se lo puede ocultar. Hoy, acá, se dio un paso más. Ahora es sólo cuestión de tiempo: el mundo espera.

(2010)



Ojalá que pronto deje de ser cierta la famosa frase de Orwell:
All animals are equal, but some animals are more equal than others.





4 de mayo de 2010

▪ Time is Everywhere



TEMPORALIDAD

Triste realidad: nadie está libre, el tiempo nos abarca a todos, ya no hay que correr más en vano, ahí está, atrás de nosotros y delante también, la memoria ya no se vuelve amarilla, es una ilusión, ya no está, ya no.

Hoy me encontré con alguien que no veía desde que tenía ocho años… y ciertamente ya no tiene ocho años. Ahora es alta, morocha, abogada y sonríe todo el tiempo. (Pero me digo ¿cómo es posible ser abogado a los ocho años? Y entonces me recuerdo que tiene veintidós recién cumplidos, aunque ayer tenía ocho y dos trenzas rubias, lo juro.) Me resulta sorprendente encontrarme con todo eso de golpe, de un día para el otro. Es decir, el tiempo transcurrió, lo sé, pero transcurrió ajeno a mí. Entonces en mi mente en mi mundo, ella tiene ocho años y de ahí pasa a tener veintidós, de golpe, así no más, pero no tiene ni jamás téndrá (he aquí lo atroz) nueve, diez, quince, veinte años. Jamás sabré tampoco todo lo que se esconde en ese tiempo invisible que no me pertenece, que no lo formo, que no me existe (ya ni sé cómo expresarlo).

Eso es: Le temps perdu n’est pas perdu; c’est invisible pour les autres! Y esto, atrozmente multiplicado por todas las demás personas que tampoco vi desde que tenía ocho años. Son vidas enteras que existen y existieron a la par, invisibles. Misterioso Milagroso tiempo, ajeno a todos (nadie lo sabe) y parte de todos a la vez, que hoy nos hace ser lo que somos, dejando de ser lo que ya fuimos.

(2010)






4 de marzo de 2010

▪ No Time on Holiday



—Al fin, ¡una hora hay que esperarte a vos, eh! —se quejó alguien mientras arrancaba el auto.

—¡Bueno, che! Si recién me avisaste que salíamos, ¡ni un minuto me diste! —contestó alguien bajando la ventanilla del auto— ¡Qué calor que hace, por Dios!

—Hoy te lo dijimos al mediodía, que a las cuatro teníamos que estar allá.

—¿Eh? Yo no registré ningún horario, no sabía que era a las cuatro. ¿No ves? —muestra su muñeca desnuda— No uso reloj en vacaciones, no mido el tiempo, no lo cuento de ninguna forma. No sé que día de la semana es, ni qué numero, ni las horas. ¿Qué dice Cortázar? “Piensa en esto…”

—Ay, callate, no me pongás más nerviosa.

—Bueno, entonces explicame a qué vamos…


Parece que empieza a escaparse la bestia… Tendrán que tener cuidado.
Tendremos que tener cuidado. Y estar atentos. (Tengan el arma a mano... o huyan.)

(2010)



I don't need them in summer.


1 de febrero de 2010

▪ No Happy Ending



MÚSICA QUE DUELE

Algo que no tenés por qué hacer una mañana de un día nublado con un poquito de viento, pero que yo sí hice (y te va a gustar, si sos como yo). Te despertás, ponés la canción Happy Ending de Mika, te tirás en la cama boca arriba y mirás el reloj que, a su vez, te mira desde allá, alto, imponente, sobre la pared. Y mirás cómo se va moviendo el segundero, despacito, sin detenerse jamás, derrochando segundos irrecuperables. Y mientras tanto escuchás atentamente la canción. A little bit of love. Y mirás el reloj, pero no encontrás respuesta a tu pregunta. Y escuchás. Y te das cuenta. This is the way that we love, like it’s forever; then live the rest of our life, but not together. Y mirás el reloj y escuchás y sentís. No hope or love or glory; happy endings gone forever more. Ahí está la respuesta. Y escuchás. Hasta que tus oídos quieren llorar y tus ojos, por fin, quieren cerrarse. Ahí es cuando los cerrás; ahí es cuando te cerrás y listo. Eso, lo creas o no, también es un suicidio.

(2010)




19 de enero de 2010

▪ Happy Tick-tack-day!



VENCEDOR


Después de tanto tiempo vivido, me cansé y dije basta. Estaba seguro de que había llegado el momento de ponerle fin a esa locura. ¿Quién se pensaba que era para controlarme así? Cuando faltaba poquito para mi último cumpleaños decidí vengarme. Elaboré un plan no del todo perfecto, pero que me permitiría lograr mi objetivo: que dejara de decidir por mí. Cuando oficialmente cargué con 365 días más —y encima tuvieron el tupé de felicitarme— por fin pude llevar a cabo mi venganza.


Entonces, sin explicarle nada, lo convencí para que saliéramos juntos a caminar esa tardecita. Le hablé bastante de mi infancia, de qué rápido que pasa el tiempo, de las cosas que vamos perdiendo. Le hablé de mi vida, de mi calabozo de aire, de las presiones sociales, del tiempo climático y del tiempo cronológico. El muy descarado ni se inmutó. Ni se dio por aludido, con esa mirada perdida tan típica de él.


Entonces, sin que se diera cuenta, fui desviando el rumbo. Lo conduje hacia las afueras de la ciudad y, después de mucho caminar, por fin llegamos al bosque.


—¿Ves que no te miento? —le dije. —Ya se hizo de noche… ¡Qué rápido que pasa el tiempo!


Me devolvió un silencio incómodo. Nada más. Lo que pasó después no lo sabe nadie. Los únicos testigos fueron la luna y las estrellas.


Entonces, sin decir una palabra, lo miré fijo, con maldad, como nunca miré a nadie. Mantuve esa fría mirada durante varios segundos, que mi víctima bien pudo contar (uno, dos, tres, cuatro…). Entonces, sin previo aviso, cerré rápido los ojos, respiré hondo, levanté mi mano derecha bien alto, dejé pasar dos segundos y la bajé velozmente, como si fuera un rayo. Arremetí sin piedad contra mi muñeca izquierda. Forcejeé con mis dedos. Logré liberarla. La solté de esas cadenas, de esa maldita correa de cuero. La victima cayó inconsciente a la tierra. La pisé una y otra vez hasta cerciorarme de que su corazón ya no latía, de que ya no hacía tictac, de que ya no tenía poder sobre mí, de que ya no me obligaría a sumar días, horas, minutos, segundos a mi vida.

Entonces, sin ningún tipo de remordimiento, levanté mi ex reloj y busqué un lugar donde enterrarlo. Un lugar en el que pudiera descansar en paz para siempre, en esa horrorosa eternidad a la que tanto temen los relojes. Un lugar físico donde dejarlo; porque en mi vida ya contaba con una ubicación temporal: era parte de mi pasado y yo era feliz y libre y vencedor.

PD: Las mañanas ahora no tienen fin.

(2009)





14 de enero de 2010

▪ The Clock is Ticking (and I'm Scared)



PATOLOGÍA: Miedo al tiempo


Todos les temen a las cucarachas, a las alturas, al encierro o a la oscuridad y yo, en cambio, temo que mi reloj cobre vida y me controle. Y sé que si me deshago de él, me controlará desde los relojes ajenos, con sus manecillas mandonas. Porque todos los relojes trabajan juntos, sincronizados, al unísono, igual que los mosquitos. Pertenecen a una misteriosa secta y conspiran en mi contra, lo sé. Pero yo conozco sus secretos y sus intenciones, sé por qué dicen que el tiempo es tirano. Y por eso temo que me controlen. Y por eso maldigo a quien inventó el reloj —sin saber quién fue— y me pregunto por qué, por qué tiene que haber tantos relojes en todas partes.

(2009)






19 de diciembre de 2009

▪ Memories are Rife in Autumn


LA IMPOSIBILIDAD DEL PASADO

Atardecer dorado de otoño. Árboles bañados en sol. Salía del trabajo y cruzaba pensativo la plaza, cuando un grupo de niños pasó corriendo, jugando, riendo. Sus risas despreocupadas eclipsaban el sol, rebotaban en las hamacas y en los toboganes y se perdían con un leve eco en la brisa otoñal. Detrás de ellos vi venir una nube espesa de recuerdos: yo dos décadas atrás con menos preocupaciones y más optimismo, esa misma plaza mucho más joven y menos pisada, ese mismo banco donde me senté a ver un álbum de fotos (ahora) viejas, esas tardes de escondidas y rayuelas que parecían eternas… El olor a pasado recrudecía. Pero esa nube de recuerdos no alcanzó a los niños; se detuvo alrededor mío una vez que las risas pasaron gritando “¡Al río! ¡Vamos al río!”. Sentí ganas de decirles algo, pero no pude. Sentí ganas –en vano– de prevenirlos del paso del tiempo, de la crueldad que se oculta en el tictac del reloj. Sentí unas ganas desesperadas de irme corriendo al río junto con ellos, como si fuera uno más entre ellos, como si nuevamente tuviera diez años. Imposible.


(2009)






17 de diciembre de 2009

▪ Growing Old



SÍNDROME


Todavía tengo casi todos mis dientes
casi todos mis cabellos y poquísimas canas
puedo hacer y deshacer el amor
trepar una escalera de dos en dos
y correr cuarenta metros detrás del ómnibus
o sea que no debería sentirme viejo
pero el grave problema es que antes
no me fijaba en estos detalles.

Mario Benedetti









7 de diciembre de 2009

▪ The Uncertainty of the Weather (of Bananas!)



TEMPUS DEMENSIS

No lo digo yo solo, ¡eh! Lo dicen todas las señoras (con y sin ruleros) que se pasan horas y horas chusmeando que se la pasan barriendo y/o baldeando las veredas, todos los paseadores de perros (y algunos perros, con la mirada), todos los porteros de los edificios y todos los quiosqueros de los quioscos. Hasta los meteorólogos lo dicen. “¡Qué tiempo loco, che!” No, el de los relojes el cronológico no; hablo/hablan/hablamos del de los astros clima. Bah, los dos son locos. Los tres, si (por favor) se me incluye. Esperemos que (no) llueva al menos del cielo, porque 2x3=llueve (¡la humedad y los héctor pascuales!). Ayer llovió (14°) y hoy hay sol (29°) y a partir de mañana Dios no lo permita seguro que se reitera repite la secuencia ad infinitummm. Amo Detesto ver nubes negras en el cielo y no saber exactamente cuándo se va a largar a llover, porque es incómodo ("me apuro, ¡antes de que se largue!") y no tengo (al menos yo) una cuarta tercera mano libre y dispuesta a llevar el paraguas (ese que tengo roto y que si bien debería comprarme uno nuevo me gusta mucho porque es chiquito y práctico y además me lo regaló hará unos cinco años mi madrina que tanto extraño y que tan rubia era y que ya no está por culpa de las células locas y del tiempo loco, ahora sí, el cronológico). Y de la temperatura, ¡ni hablar! Ni llorar, del calentamiento global. Que sube, que baja, que ondula, que zigzaguea, que se derrite, que tirita de frío, que de golpe, que ¡achiz!, que sí, que no, que la sensación térmica por las nubes. (¡!)

(2009)







15 de noviembre de 2009

▪ Prisoner of Time




PREÁMBULO A LAS INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA AL RELOJ

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.


INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA AL RELOJ

Allá en el fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus pequeños rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.



Historias de cronopios y de famas, Julio Cortázar