"Caelum non animum mutant qui trans mare currunt"
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10 de octubre de 2010

▪ Once Upon a Dream



LOS LINGÜISTAS DEBEN SOÑAR (MÁS O MENOS) ASÍ

Mi inconsciente me hace soñar que llevo a cabo un proyecto de investigación (y sé muy bien por qué). Voy por las escuelas investigando y recopilando datos sobre el uso de otros idiomas. Estoy con alguien más, pero no sé quién es (en el sueño); sólo sé que me acompaña en la investigación. Una voz en off va explicando todo en un registro académico y yo tomo nota. Y es así como nos encontramos ante el surgimiento de una nueva lengua. El inglés no sólo se utiliza dentro del aula, sino fuera también. Los jóvenes lo usan para comercializar drogas. (Contact language? Pidgin? Creole?) Yo tomo nota y pienso: claro, el inglés que utilizan es pobre, rudimentario, lo usan como pueden, a su manera, se deforma o, mejor dicho, adquiere su propia forma y, con el paso del tiempo, voilà: un nuevo idioma.

(2010)




24 de enero de 2010

▪ Linguistic Conscience II



ESTADO DE CASO: desconcierto fonológico

Hoy había un hombre arreglando unas cosas en casa y comentaba que había trabajado mucho tiempo en Dream. Y me di cuenta de que yo no podría trabajar allí jamás. Lo que pasó fue que, claro, dijo Dream, con la "e" y con la "a". Y no tiene la culpa, todos lo dicen así, siempre se llamó así. Pero yo supongo y afirmo rotundamente que el nombre viene de la voz inglesa (porque así lo quiero: sueño) y me ofusco y sostengo que no tiene dos vocales, sino una. Una "i" larga y tensa. Pero esa vocal no existe acá (nadie la hizo existir) y entonces yo no podría trabajar en Dream. No aguantaría ni dos días. Cada vez que me preguntasen dónde trabajo, me revolvería estrepitosamente entre el inglés y el español y sin saber con cuál quedarme, huiría de la pregunta. Porque no quiero traicionar a la palabra, pobre, ¿qué culpa tiene ella de estar metida en otro idioma?, se merece su “i” larga y tensa (y sus demás fonemas); pero tampoco quiero ser infiel a mi lengua nativa, y entonces me digo que en mi boca tienen que estar la “e” y la “a”, aunque no signifiquen nada, y entonces me pregunto ¿a quién le estoy siendo fiel al pronunciar las dos vocales, si la palabra ni siquiera es española? Ahí es cuando pienso que la verdadera fidelidad está en la “i” ajena (pero el contexto lingüístico es otro, ¿no?). Y mientras tanto quedo como un pavo, porque la otra persona me mira y sigue esperando mi respuesta y empieza a preocuparse y teme haberme formulado una pregunta sumamente difícil, de alta complejidad, “¿dónde trabajás, che?”, pero en realidad no sabe... (¡Y no tiene la culpa!)

Parecerá bobo, pero para algunos termina siendo un barullo fonológico tremendo. Y en definitiva, palabras como “dream” no son más que fantasmas lingüísticos, monstruos mutantes que pasan de nación en nación y van perdiendo su colorido, no son más que voces grises y apagadas, voces calladas (¿o acaso saben todos los que allí trabajan que están soñando?). Por eso no sabría qué decir si me preguntasen dónde trabajo y usaría (y abusaría de) mi estrategia de evasión y balbuceo. Hasta que finalmente triunfara la insistencia o el silencio incómodo y ya no me quedara escapatoria y dijera bien bajito la "e" y la "a" juntas para que me entendieran y me diera vergüenza inglesa y me odiara mucho, mucho por dentro. Porque no podría ser de otra forma.


(2009)




"i" vs. "ea"
ready... fight!



23 de enero de 2010

▪ Linguistic Conscience I



ESTADO DE CASO: batalla perdida.


Lucho y rezongo contra queismos y dequeismos varios, pero hay uno al que me parece que no voy a poder ganarle jamás. En estos últimos días vi tantos, pero TANTOS “me di cuenta que”, que creo que en este caso particular la recurrente preposición “de” del español finalmente ha perdido la batalla. A estas alturas no es más que un recuerdo o un fantasma de “darse cuenta”.

Lo reconozco, yo también decía así y silenciaba la preposición (pobrecita, ¡es inocente!), pero aprendí que está mal (?) y ahora la resucito y digo “me di cuenta de que” (es culpa de la profesión, disculpen). Bueno, no sé si siempre siempre lo digo bien (?), pero trato de hacerlo y sé que al escribir nunca lo uso mal (?), porque siempre está ahí para atormentarme.

Y no es capricho: uno nunca se da cuenta algo, uno se da cuenta DE algo. Entonces reemplazás ese “algo” por una proposición subordinada sustantiva con función término de preposición y listo, así de simple. Ejemplo esclarecedor: me di cuenta de algo, ¿de qué te diste cuenta?, ¡de que quiero tomar un helado!, de eso me di cuenta, ¡de eso!

Pero bueno, aceptémoslo, es innegable que el signo lingüístico va mutando (y de Saussure se revuelve en su tumba, pero de felicidad) y el lenguaje evoluciona y la gente ahora habla así (y yo me sublevo y me opongo a la mutación y la resucito, porque no quiero que se vaya, mi querida preposición, no quiero el caos, no quiero darme cuenta algo).

¿El futuro? Quién sabe. Quizá las autoridades de la RAE terminen agachando la cabeza. Mientras tanto, en este período de transición preposicional, yo presto atención a lo que escribo y la resucito. Es como una alarma mental que se activa cuando piso esas letras, cuando me atrapan esas palabras. Territorio lingüístico. Manías mías.

Como que “bizarro” no significa bizarro pero acá lo usamos así. O que no debería haber trenes “a” vapor. O que decir “el día lunes” es un pleonasmo. O que está terminantemente prohibido usar dos puntos después de una preposición. Díos mío. ¿Qué sería de la vida de los correctores si no anduvieran sueltos los galicismos y los anglicismos y demás barbarismos? Con la cacofonía, como ven, me llevo bien.


(2009)