"Caelum non animum mutant qui trans mare currunt"
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25 de enero de 2014

▪ I don't Want it to End



HIPÓTESIS: el fin antes del fin

Lo terrible de lo precoz. De eso me di cuenta hoy y elaboré algunas hipótesis. No puede ser que las historias terminen antes de terminar. No es justo. Cómo puede ser que se acabe todo, que no te vuelva a ver, que los caminos se separen, si la historia se seguía escribiendo, si aparecían nuevos capítulos, si los personajes crecían y se profundizaban y se seguían descubriendo. El fin. Un dolor que oprime el pecho. Un nudo en la garganta. Llorar está prohibido para los dos. Cómo puede ser que se acabe todo de esa manera, con ese fin antes del fin. Todas nuestras hipótesis mutuamente tácitas quedarán ahora sin comprobar. Es injusto saber que la distancia y el tiempo nos separan, pero a fin de cuentas siempre es así. Ojala esté equivocado si de hipótesis se trata, pero todo indica que el cuaderno se cierra, aunque le queden hojas en blanco por garabatear. La historia se termina, aunque el corazón quede abierto. La película se deja de proyectar, aunque todavía no se haya mostrado la palabra "Fin". Y eso duele.
   
(2014)
  
  
  

25 de marzo de 2011

▪ Linguistic Chaos III



EXPERIMENTO LINGÜÍSTICO FASE III

Así fue como empezó todo. Ella me mandó un sms y me dijo que cuando estuviera cerca les avisara, así me iban a buscar en el auto. Yo le respondí que el colectivo que me había tomado entraba por la universidad, así que cuando estuviera cerca les iba a avisar y me bajaba en la termodinámica. (!?) Y ya cambiar una palabra por otra desató el caos. Ella me mandó otro sms en el que corroboraba si me bajaba en la terminal, como siempre. Y yo le respondí que claro, que me bajaba en la term-odinámica. ¿Dónde más iba a ser? Inal. En la term-inal. Ahí termina el recorrido, ¿no? Ahí termina todo. Y
terminal
termina
en L. O sea,
terminal
termina
termin, etc. Ahí me bajo yo. Después del etcétera. Cuando ya no hay más. Cuando lo que sigue es. Al término, ni más ni menos. Más precisamente, en la dinámica del termo. Oh, dinámica, termina de una vez, pensaría ella, que había aprobado termodinámica en febrero. Termodin [é la tua] amica, pensé yo en italiano. Y por eso yo me bajo ahí, donde termina el termo en L y ya no hay más dinámica: al final, como terminal.

(2011)


21 de diciembre de 2010

▪ The End of the World



Empieza con una tormenta el fin del mundo. Puede venir cualquier noche. Y hay que rezar antes de dormir para estar preparado. Y hay que rezar aunque no sea el fin del mundo, que a la mañana siguiente mamá o papá pueden estar muertos, se mueren durmiendo. Empieza con una tormenta el fin del mundo, mientras todos están durmiendo y suena un trueno despacio. Y relampaguea un refucilo, pero todas las ventanas están cerradas y nadie lo ve. Después empieza a gotear la lluvia. Y un poco más de truenos, como una tormenta, pero nada más. Hasta que empeora de veras, y mamá se despierta para cerrar las canaletas que no se inunden los canteros, y mira porque hay refucilos, muchos juntos, que de golpe parecía de día y se ve todo en el patio, hasta las gallinas duras en el fondo, todas mirando paradas en el gallinero. Y los truenos más fuertes de a poco hasta que uno es como un cañonazo y ya no hay nada que hacer: cae un rayo lleno de electricidad que se hunde en el medio de la plaza y la tierra se parte como un pedazo de carbón. Y un chico le preguntó a la Hermana Mercedes si la lluvia no apagaba el incendio y ella contestó que «era peor», porque «era una lluvia de gotas de fuego», que entonces yo no sé dónde nos metemos, porque se irán quemando las casas como sánguches de arriba por la lluvia y de abajo por la tierra encendida y se viene todo abajo.

La traición de Rita Hayworth, Manuel Puig






1 de noviembre de 2010

▪ Facing the End

 

CUENTA REGRESIVA

Ay, ay, ay… Una semana más y todo sucumbe. Parece que no, pero todo llega, tarde o temprano. Últimos cinco días de madrugar exageradamente y viajar y tener clases. Y no, no pareciera que fuera la última semana. A esta altura tendríamos que estar super relajados, como en otros años. Pero no, quedan muchas cosas por hacer y terminar y entregar. Pero estamos muy contentos y se nota. Hay que disfrutar del final. Se termina un ciclo. Bueno, todavía faltan los finales, pero nadie puede ignorar que ahora cambia todo. No vamos a compartir más las clases diarias por la mañana. Empezaremos a trabajar. Cada uno hará la suya, por más de que sigamos en contacto. En fin, sin dudas se termina un ciclo. Y en retrospectiva, uno puede darse cuenta de todo lo que caminó y aprendió y creció en estos cuatro años. Y ahí están, todos esos lindos recuerdos que uno se lleva, todos esos momentos compartidos, todas las risas, las locuras… Porque, claro, no se puede estudiar traductorado y pretender conservar la cordura al recibirse. Ya organizamos un brunch para el viernes en el pasillo y hay una consigna: llevar sí o sí un sombrero loco. Piantados a más no poder, pero felices. Y traductores, al fin.

(2010)






19 de agosto de 2010

▪ Until I See you Again



DEL LADO DE ACÁ Y DEL LADO DE ALLÁ:
Fin de la existencia visible

Hoy, 5 de enero, salió de la clínica y la fuimos a visitar a la casa. Ya está bien, parece. Pero había un cartel pegado en la pared de la cocina que decía “To Ruben and Estela, happy wedding anniversary and for 34 more”. Lo leí y sonreí de inmediato. Y después pensé. ¡Los años que debe de tener eso! No sé cuál de todos los sobrinitos lo habrá escrito, pero ciertamente no tenía forma de saber que eso no iba a pasar, que su deseo no se cumpliría, que muy pronto él la iba a dejar solita (nos iba a dejar a todos; me iba a dejar a mí, mi padrino). Y yo me pregunto por qué a veces será tan injusta la muerte, aunque no le tengo miedo y la respeto. Y siempre me termino convenciendo de que en realidad es justa, es un regalo (del lado de allá). Pero los años pasan (del lado de acá) y ella sigue con ese cartelito colgado en la pared de la cocina, ¡y vos la ves y está tan flaquita, tan chiquita!, y también tiene unas caricaturas de él sostenidas por imanes en la heladera (pero él ya no está), y fotos en el centro de la mesa de cuando él era joven (pero él ya no está), ¡y claro que siempre nos habla de él! y hasta el médico actual de ella lleva el mismo nombre y apellido: Rubén Burgos. Eso es lo que yo llamo una coincidencia catastrófica, un juego macabro del destino, un verdadero reencuentro ficticio. Pero presiento que ese tipo de coincidencias son las que la hacen feliz y aún hoy le dan aliento.

Hoy, 7 de julio, es su cumpleaños. Le mandamos un regalo con una notita, pero no pudimos ir a verla. Porque se agita mucho, hasta hablando por teléfono, y no queremos hacerle mal. Hace poquito se desvaneció y se despertó en el hospital. Y sin embargo, esas ganas de pelearla, esa fortaleza de espíritu, esa renuncia indeclinable a bajar los brazos... Esa fuerza inigualable, tan opuesta a la mera fuerza física. Es admirable, realmente. Pero algo me dice que las coincidencias ya no le sirven. Algo me dice que las fotos, las caricaturas, los recuerdos… ya no le bastan nunca le bastaron. Algo me dice que, en este preciso momento, se está librando una batalla campal entre el lado de acá y el lado de allá.

Hoy, 19 de agosto, se terminó todo. Me enteré en el colectivo a la una y pico, volviendo de la facultad. Me llamó mi mamá y me contó. Es increible como en un abrir y cerrar de ojos la realidad cambia abruptamente y los demás no lo notan, siguen con lo suyo como si nada, no se dan cuenta de que hay algo que falta, algo que ya no está. Pero claro, el colectivo no se detuvo por una llamada telefónica y yo, en vano, intenté concentrarme nuevamente en mi lectura de Grice y su cooperative principle. Y más tarde, ahora, en el entierro, donde confluyen por última vez el lado de acá y el lado de allá, mamá dice con tristeza que se le están yendo todas las amigas y yo la abrazo, la contengo, porque no quiero que llore mientras el viento nos ruge al oído y el sol empieza a caer.

(2010)





 

2 de abril de 2010

▪ Broken-hearted



ROSSO DI SERA...

Es una sensación de mierda enterarte que el novio de tu hermana la dejó, sobre todo cuando ella te vino a pedir un rato antes que la ayudes a ponerse una cadenita y se vistió re linda porque venía él y tus papás le habían comprado una rosca de pascua para su familia y el otro viene para decirle que basta. Y encima un viernes lluvioso. Eso es no tener tacto y me da soberanamente por las pelotas.

Y el chabón pone la excusa de que reapareció una chica de antes, lo cual confirma su carencia de tacto y además me hace pensar que es un boludo importante. Y la verdad me pone muy contento que vuelvas a tu pasado, y ojalá que ahí te entierres que de ahí no salgas hasta que aprendas todo lo que no aprendiste en su momento. Creeme que lo más valioso no lo aprendiste, o de lo contrario no harías sufrir a otras personas.

Al menos ya no llueve. De hecho, acabo de sacarle una foto al cielo, justo cuando el sol se ponía. No creo que la foto capture realmente la belleza del momento, pero de todos modos tenía que sacarla. Porque ver el cielo así me trajo a la memoria una frase que siempre escuchaba de chiquito. Rosso di sera, buon tempo si spera. Y espero que así sea, en todo sentido, y en especial para ella.

(2010)






6 de marzo de 2010

▪ The Beginning to the End



FIN Y COMIENZO

Se acerca el último primer día. Así de paradójico. Quiero y no quiero. Se siente raro, porque uno mira hacia atrás y ve todo lo que caminó en estos últimos tres años y mira hacia delante y ve un gran vacío que se acerca. Y uno no sabe qué le va a tocar después, cuando se reciba. Se asoma la incertidumbre y trepa la duda. Porque hasta ahora se sabía todo, estaba todo programado, el camino estaba bien delimitado, año tras año. Pero ahora se termina y después puede venir un camino de tierra o una autopista, ¿quién sabe? Por eso no quiero. Pero quiero terminar mi carrera y los quiero a ellos. También hay otras cosas que no quiero, es cierto. Aunque un poquito sí, o mucho, y basta de engaños. Quiero y no quiero, pero es inevitable.


Lo cierto es que el reloj vuelve a mi muñeca izquierda y yo vuelvo a una de mis realidades. Me sumerjo de nuevo en la sociedad, que me espera bulliciosa y turbulenta, con horarios que cumplir. Y el espacio del calabozo se achica, se comprime, y el aire pesa y se va enfriando. Vuelve el otoño y los libros, pero no precisamente la literatura. Y me ausentaré. Y andaré de aquí para allá, lejos, ocupado, yendo de una obligación a otra, buscando minutitos de descanso en los rincones pura y exclusivamente para dormir. Me da pena no poder seguir leyéndolos activamente. Pero tranquilos, que de este trance universitario hay retorno.


Dejo un poco abandonado mi calabozo, lo sé. Espero poder pasar por acá cada tanto, así respiro un poco de mi aire. De todos modos, las paredes quedan escritas, nunca se borran. De alguna forma me quedo grabado en las paredes, sigo acá, mis huellas se quedan. Me voy, pero no me voy. Así de paradójico.


(2010)





1 de febrero de 2010

▪ No Happy Ending



MÚSICA QUE DUELE

Algo que no tenés por qué hacer una mañana de un día nublado con un poquito de viento, pero que yo sí hice (y te va a gustar, si sos como yo). Te despertás, ponés la canción Happy Ending de Mika, te tirás en la cama boca arriba y mirás el reloj que, a su vez, te mira desde allá, alto, imponente, sobre la pared. Y mirás cómo se va moviendo el segundero, despacito, sin detenerse jamás, derrochando segundos irrecuperables. Y mientras tanto escuchás atentamente la canción. A little bit of love. Y mirás el reloj, pero no encontrás respuesta a tu pregunta. Y escuchás. Y te das cuenta. This is the way that we love, like it’s forever; then live the rest of our life, but not together. Y mirás el reloj y escuchás y sentís. No hope or love or glory; happy endings gone forever more. Ahí está la respuesta. Y escuchás. Hasta que tus oídos quieren llorar y tus ojos, por fin, quieren cerrarse. Ahí es cuando los cerrás; ahí es cuando te cerrás y listo. Eso, lo creas o no, también es un suicidio.

(2010)




28 de enero de 2010

▪ The End is Soon to Come



PATOLOGÍA: Miedo al suicidio

Estaba sumergido de lleno en las páginas de El lobo estepario (¡qué maravilla!), pero cada tanto se distraía porque hacía mucho calor. Por eso, dejó de leer (se refregó los ojos, se puso de pie) y fue al baño. Se mojó la cara un poco (¡qué frescura!) y, con las gotas bajando por su rostro y los ojos cerrados, tanteó en busca de la toalla blanca. No la encontró. Abrió los ojos y miró con miedo lentamente hacia abajo. Allí estaba, en el suelo. La toalla, ya vieja, se había suicidado.

Ahí no más entró en pánico. Las gotas le caían y no tenía toalla. La había perdido para siempre. La tomó con cuidado y la enterró dejó en la pileta del lavadero. Corrió enloquecido al otro baño de la casa temiendo lo peor. Tristemente, esa otra toalla, que otrora había colgado desde lo alto, yacía ya sin vida sobre la pileta del baño. "Es el fin", se dijo con amargura. Agitado, siguió corriendo por la casa. En la cocina, una servilleta usada se había tirado caído de la mesada al piso. En la entrada, las llaves estaban al pie de la puerta, como si hubieran intentado saltar y quitarse la vida escaparse, sin éxito. En su dormitorio, algo de ropa yacía pálida y fría inerte en el suelo (claro que su angustia es entendible: se sentía usada).

Se detuvo frente al ventanal que daba al fondo y vio que las flores blancas del ciruelo también se suicidaban, una tras otra. "Hoy todo tiene que morir", se dijo. Pero en realidad no era una obligación, sino una voluntad: todo quería morir. En ese mismo momento, mientras todo caía y se desplomaba, temió profundamente (¡Dios no lo permita!) que se produjera un suicidio en masa, sin saber que en cuestión de pocos minutos (Dios permite todo) se largaría a llover.

(2010)