"Caelum non animum mutant qui trans mare currunt"
Mostrando entradas con la etiqueta fin de año. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fin de año. Mostrar todas las entradas

1 de enero de 2012

▪ Cheers, 2012

 

Brindo por este 2011 que terminó, con todo lo bueno y todo lo malo. Brindo por mi familia y mis amigos. Brindo por mi perrito, que se me fue demasiado pronto. Brindo por mi fabuloso viaje a Canadá. Brindo por todo lo que caminé, por toda la lluvia que me cayó encima, por todo el sol, por el viento. Brindo (y agradezco) por toda la gente maravillosa que conocí, por todo lo compartido, por la generosidad. Brindo por todas las cosas nuevas que hice, que nunca antes había hecho. Brindo por los cambios, por la tolerancia y por el respeto. Brindo por todos mis logros, tanto en lo personal como en lo profesional. Brindo por todo lo que crecí, todo lo que aprendí. Brindo porque comprobé que “yo puedo solo” (aunque prefiero acompañado). Brindo por todas las risas y las lágrimas. Brindo por las palabras esdrújulas. Brindo por todas las locuras y por los abrazos. Brindo por las horas de insomnio y de hiperactividad cerebral. Brindo por los recuerdos imborrables. Brindo por el corazón que no llegué a enamorar. Brindo por el esfuerzo. Brindo porque descubrí que nunca terminamos de madurar y siempre hay algo más que nos hace ser mejores. Brindo porque, aunque a veces es difícil, ahora puedo mantener los pies sobre la tierra y soñar al mismo tiempo. Brindo por la música, por las películas, por los libros, por la comida, por los placeres banales. Brindo por el francés y por todos los idiomas, por poder hablar, ver y oír. Brindo por el perfume de los jazmines. Brindo por la hormiguita que estoy viendo ahora treparse por la lámpara. Brindo por las ardillas traviesas, por la miel de arce y por tu mirada, por tu voz cerquita de mi oído entre tanto bullicio. Brindo por la verdad, por la valentía. Brindo porque seguimos adelante y empieza un año nuevo. Brindo por un 2012 que me sorprenda, que traiga muchas cosas nuevas, más aprendizaje, más trabajo, salud, quizás amor, mucha paz, unión y entendimiento. Brindo por los reencuentros. Brindo por todo lo vivido, por el presente y por todo lo que está por llegar. ¡Salud!

(2012)
  
   
   

30 de diciembre de 2009

▪ And a Happy New Year!



FIFTY-FIVE QUESTIONS ABOUT THIS SOON-TO-BE-GONE 2009

Balance del año: positivo (+). ¿Aprendiste algo nuevo? Sí. ¿Fuiste a un lugar que nunca habías pisado? Sí. ¿Hiciste algo distinto por primera vez? Sí. ¿Algo te decepcionó? Sí. ¿Conociste mejor a alguien? Sí. ¿Tuviste sorpresas? Sí. ¿Se te pegó alguna nueva canción? Sí. ¿Viajaste en tren? Sí. ¿Leíste algo nuevo? Sí. ¿Ordenaste libros? Sí. ¿Tocaste algún instrumento musical? Sí. ¿Escribiste? Sí. ¿Cocinaste algo? Sí. ¿Perdiste a alguien? Sí. ¿Encontraste a alguien? Sí. ¿Recibiste algún regalo? Sí. ¿Hiciste algún regalo? Sí. ¿Dijiste que sí? Sí. ¿Dijiste que no? Sí. ¿Te colgaste mirando las estrellas? Sí. ¿Tuviste algún sueño difícil de explicar? Sí. ¿Hiciste algo de ejercicio? Sí. ¿Te enfermaste? Sí. ¿Jugaste a algo? Sí. ¿Le hablaste a algún animal? Sí. ¿Buscaste alguna palabra en el diccionario? Sí. ¿Se te cayó un lápiz al piso? Sí. ¿Te compraste un par de zapatos nuevos? Sí. ¿Corriste muebles de lugar? Sí. ¿Probaste alguna comida que nunca habías probado? Sí. ¿Ayudaste a alguien? Sí. ¿Sacaste fotos lindas? Sí. ¿Meditaste? Sí. ¿Rendiste algún examen? Sí. ¿Llegaste tarde a algún lado? Sí. ¿Fuiste al zoológico? Sí. ¿Tuviste a un bebé a upa? Sí. ¿Dormiste poco? Sí. ¿Dormiste mucho? Sí. ¿Dormiste fuera de casa? Sí. ¿Merendaste en piyama? Sí. ¿Viste alguna película maravillosa? Sí. ¿Abrazaste a alguien? Sí. ¿Se te rompió algo? Sí. ¿Sentiste miedo? Sí. ¿Lloraste? Sí. ¿Pediste algún deseo? Sí. ¿Subiste una escalera? Sí. ¿Tuviste frío? Sí. ¿Tuviste calor? Sí. ¿Evitaste algún conflicto? Sí. ¿Sentiste paz? Sí. ¿Regaste alguna planta? Sí. ¿Te sentaste sobre el pasto? Sí. ¿Respiraste profundo? Sí. ¡Alégrate! Estás vivo.

(2009)








24 de diciembre de 2009

▪ Merry Whatever!



¡Felicidades! Llegó el día la noche. Esta vez con otra pérdida. Aunque no tan perpetua, espero. Igual reconozco que no me gusta así. Prefiero como antes. Todos juntos. Esta vez, uno menos. O dos; pero espero que cierta personita no me falle. De lo contrario, el horror.


FIN DE AÑO EN PLURAL


Hoy nuestro personaje se siente raro, porque llegan las fiestas y con ellas, la desunión. Eso pasa cuando la familia deja de ser eso y pasa a ser las familias. Nuestro personaje se ríe y piensa “lo que me faltaba, sentirme raro por culpa de dos letras ‘s’ que encima se invitaron solas”. O como dirían los que saben, por culpa de la pluralidad de un sintagma nominal. Se supone que las fiestas de fin de año tienen que traer unión, paz, felicidad; pero ahora habrá algunos por acá y otros por allá, con las nuevas prolongaciones familiares que se formaron, como las ramitas de un árbol recién crecidas que todavía no se sabe si se las terminará podando o no. En el fondo no es nada grave. No hay peleas ni enfrentamientos ni descontentos ni rupturas internas, como lo quieran llamar. Es sólo una ausencia temporal (esta vez). Lo feo es que, dadas las circunstancias, nuestro personaje descubre realmente cuán solo está. Y no me refiero a la soledad del silencio ni a la ausencia de gente en general. Porque igual habrá otros a su alrededor, por supuesto. Nuestro personaje está solo porque no se conecta justo con esas personas. Ojo, no es del todo su culpa. ¿Cómo va a conectarse realmente con gente que sólo ve una o dos veces al año, a través de máscaras y regalos? Sería algo así como un caso de misantropía espiritual testaruda y selectiva. En fin, como siempre estaban ellos, además de esas personas, no había problema. Ahora, en cambio, teme que la noche se haga interminable, incómoda e insípida. La noticia llegó así: “tu hermano va a pasar la navidad en lo de su novia”. Y ahí fue cuando nuestro personaje sintió frío en pleno verano. Lo sintió irse por allá, con esa nueva prolongación familiar. Lo sintió alejarse y dejarlo solo, en el medio de una fiesta, entre tanta gente con la que no se conecta y con una copa solitaria en la mano esperando el brindis y el fin de la calamidad.

Ojalá que nuestro personaje no exista, porque estoy seguro de que, al ver su copa a las doce, lo invadirían unas ganas agobiantes de ser una de esas burbujitas inocentes que suben y llegan a la superficie y desaparecen y ya no son más que pasado y nadie se da cuenta.






Edición (muy necesaria) pos-nochebuena:

Cambio ra-di-cal. Podrán llamarme bipolar, ciclotímico o como quieran, pero no conforme con lo anteriormente escrito, en este mismo momento, horas más tarde (ya habiendo brindado y feliz navidad y jojojo y cuántos regalos y cosas dulces y mañana empezamos el régimen y cuánto falta para las doce y miren allá esos fuegos artificiales y qué susto esa explosión y ¡allá vi el trineo, Tomi! y mamá, quiero upa), justo ahora, antes de que la mi noche acabe y me hunda en mi cama, quiero cambiar la historia o al menos continuarla un poquito más. Propongo que nuestro personaje se sienta raro, sí, pero por el motivo contrario. Que poco a poco la noche sea sorpresivamente genial y le demuestre todo lo opuesto a sus expectativas. Todo, todo, todo. Como que la pérdida en cuestión no lo afecte tanto por estar sentado precisamente justo entre dos personas con las que se conecta, las dos personas más importantes de su vida (no, no le falló esa personita). Que la lluvia amenazadora huya despavorida y sin dejar ningún rastro. Que hasta su regalo de navidad le genere empatía (lo cual no es común) por la frase que tiene escrita, a saber: “El arte es un don que repara el alma de los fracasos y sinsabores. Mi alma pendulaba a la deriba hasta el momento crucial en que me llegaba la decisión al alma, y entonces, avanzaba hacia ella cuelaquiera fuesen las consecuencias”. Lástima el error de ortografía y el de tipeo, lo sabe. En fin, propongo una noche tan fantástica como inesperada para nuestro personaje. Y me reservo el resto de los motivos, que fueron tantos que ni los puedo contar. Como esa torta de frutillas que ahora descansa majestuosa en la heladera (totalmente inesperada) o esos mensajitos tan lindos que reconfortan el alma (tampoco esperados), entre tantos otros. Fueron la perfección misma sintetizada en una noche. Todo marchó impecable, de comienzo a fin. Absolutamente todo, hasta el más pequeño detalle. ¡Ni que hubiera tomado un traguito de la poción Felix Felicis! Una noche tan genial
que nuestro personaje termina mirando el cielo despejado y diciéndole a las estrellas: “Gracias, soy feliz”.