"Caelum non animum mutant qui trans mare currunt"
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12 de junio de 2012

▪ Reaching one's Center



ELOGIO DE LA SOMBRA

La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha.
El animal ha muerto o casi ha muerto.
Quedan el hombre y su alma.
Vivo entre formas luminosas y vagas
que no son aún la tiniebla.

Buenos Aires,
que antes se desgarraba en arrabales
hacia la llanura incesante,
ha vuelto a ser la Recoleta, el Retiro,
las borrosas calles del Once
y las precarias casas viejas
que aún llamamos el Sur.
Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;
Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo ha sido mi Demócrito.
Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad.
Mis amigos no tienen cara,
las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,
las esquinas pueden ser otras,
no hay letras en las páginas de los libros.
Todo esto debería atemorizarme,
pero es una dulzura, un regreso.
De las generaciones de los textos que hay en la tierra
sólo habré leído unos pocos,
los que sigo leyendo en la memoria,
leyendo y transformando.
Del Sur, del Este, del Oeste, del Norte,
convergen los caminos que me han traído
a mi secreto centro.
Esos caminos fueron ecos y pasos,
mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,
días y noches,
entresueños y sueños,
cada ínfimo instante del ayer
y de los ayeres del mundo,
la firme espada del danés y la luna del persa,
los actos de los muertos,
el compartido amor, las palabras,
Emerson y la nieve y tantas cosas.
Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro,
a mi álgebra y mi clave,
a mi espejo.
Pronto sabré quién soy.
  
Jorge Luis Borges
  
 
 
  

4 de mayo de 2010

▪ Time is Everywhere



TEMPORALIDAD

Triste realidad: nadie está libre, el tiempo nos abarca a todos, ya no hay que correr más en vano, ahí está, atrás de nosotros y delante también, la memoria ya no se vuelve amarilla, es una ilusión, ya no está, ya no.

Hoy me encontré con alguien que no veía desde que tenía ocho años… y ciertamente ya no tiene ocho años. Ahora es alta, morocha, abogada y sonríe todo el tiempo. (Pero me digo ¿cómo es posible ser abogado a los ocho años? Y entonces me recuerdo que tiene veintidós recién cumplidos, aunque ayer tenía ocho y dos trenzas rubias, lo juro.) Me resulta sorprendente encontrarme con todo eso de golpe, de un día para el otro. Es decir, el tiempo transcurrió, lo sé, pero transcurrió ajeno a mí. Entonces en mi mente en mi mundo, ella tiene ocho años y de ahí pasa a tener veintidós, de golpe, así no más, pero no tiene ni jamás téndrá (he aquí lo atroz) nueve, diez, quince, veinte años. Jamás sabré tampoco todo lo que se esconde en ese tiempo invisible que no me pertenece, que no lo formo, que no me existe (ya ni sé cómo expresarlo).

Eso es: Le temps perdu n’est pas perdu; c’est invisible pour les autres! Y esto, atrozmente multiplicado por todas las demás personas que tampoco vi desde que tenía ocho años. Son vidas enteras que existen y existieron a la par, invisibles. Misterioso Milagroso tiempo, ajeno a todos (nadie lo sabe) y parte de todos a la vez, que hoy nos hace ser lo que somos, dejando de ser lo que ya fuimos.

(2010)






26 de febrero de 2010

▪ Time Goes by...



AÑOS MAYORES

Momento determinante. Cuando finalmente una mujer decide renunciar a la tintura. Entonces su pelo se vuelve natural y gris y le hace juego con las arrugas y lo acepta sin miedo, sin perder la calma, con sincero orgullo, porque dice basta y nada más le importa. Así lo quiere.

La fatalidad del tiempo se disuelve victoriosa y se acerca la sentencia. Y vos le ves el desgano en cada cabello gris, uno por uno, y la resignación la delata y el cansancio es perpetuo y los ojos se le cierran de a poco. Ya es tarde, te dice. A dormir.


PD: Pero esto no lo vas a entender hasta que esa mujer sea tu madre.

(2010)





17 de diciembre de 2009

▪ Growing Old



SÍNDROME


Todavía tengo casi todos mis dientes
casi todos mis cabellos y poquísimas canas
puedo hacer y deshacer el amor
trepar una escalera de dos en dos
y correr cuarenta metros detrás del ómnibus
o sea que no debería sentirme viejo
pero el grave problema es que antes
no me fijaba en estos detalles.

Mario Benedetti