"Caelum non animum mutant qui trans mare currunt"
Mostrando entradas con la etiqueta mis fotos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mis fotos. Mostrar todas las entradas

1 de abril de 2012

▪ An Autumn Like No Other



RECUERDO DE UN OTOÑO DIFERENTE

El otoño acá es abundante y se instala en seguida. De repente, muchas hojas secas y muchísimo frío por todas partes, y no queda otra que lidiar con eso. Si no fuera por las hojas que cubren la ciudad entera, uno de los nuestros podría pensar tranquilamente que es invierno. El frío otoñal responde a otros parámetros por estas latitudes. Por eso me abrigo bien, tomo mis cosas y me dispongo a salir. Mientras voy bajando la escalera, termino de ponerme el gorro y los guantes y respiro el aire fresco. Sonrío. Es una hermosa mañana soleada y estoy libre, no tengo nada que hacer, solo disfrutar del otoño canadiense québécois. ¡Qué placer! Empiezo a caminar un poco hacia la derecha entre las hojas secas y, cerca de la esquina, veo el cartel con el nombre de la calle. Rue Marie-anne. Sonrío. Me acuerdo del local La Chilenita que está sobre esa misma calle y pienso que a la tardecita podría comprar unas empanadas para la cena. Pero ahora no quiero ir hacia allá, ni hacia l’avenue du Mont-Royal. Se me ocurre una idea mejor. Doy media vuelta y vuelvo sobre mis pasos, hasta llegar a la esquina opuesta. Rue Rachel. Me dispongo a cruzar, pero me detengo instintivamente al ver un auto que se acerca. Me resulta extraño que el auto disminuya la velocidad, pero en ese mismo instante vuelvo a ver las hojas secas a mis pies y recuerdo donde estoy. ¡Claro! Acá es distinto. Sonrío. Cruzo la calle diciendo “merci” y haciendo un gesto de agradecimiento con la cabeza. Doblo a la derecha mientras pienso “je tourne à droite maintenant”. Sí, lo sé, me hablo a mí mismo y en francés. Mientras camino por Rue Rachel, evito pensar que necesito un psicólogo, tacho esa idea en mi cerebro y me convenzo de que en realidad lo hago solo para practicar, para usar las palabras nuevas que voy aprendiendo, en fin, que lo hago por una buena causa (même si je sais que chu fou). Mientras voy caminando, descubro alguna que otra decoración de Halloween nueva, que todavía no había visto, y sonrío. Camino un poco más y llego al Parc La Fontaine. Aún hay varios árboles verdes. Por alguna razón me transmite mucha paz este parque cada vez que vengo. Sonrío una vez más. Empiezo a caminar entre los bancos de madera, bajo los árboles que bordean el camino, y sigo derecho hasta el centro. Mientras camino, me entretengo viendo las ardillitas que andan por todas partes, tan simpáticas, escurridizas y traviesas. Finalmente llego a destino. Veo ese arce con sus hojas de un rojo intenso y me siento debajo, en ese banco que mira justo al laguito, que poco a poco empiezan a vaciar, antes de que llegue el invierno y todo el mundo patine feliz sobre el hielo. Qué hermosa vista. Saco mi libro de Louis Gauthier y miro alrededor. Qué tranquilidad. Las hojas siguen cayendo y yo sigo juntando las que más me gustan. No hace tanto que empezó el otoño, pero ya junté varias. “Ceci sera pour lui”, pienso al guardar en mi libro una de las hojas de ese árbol que me resguardaba con su resplandor rojizo. Sonrío y retomo la lectura de Voyage en Irlande avec un parapluie:

J'éprouve comme un délicieux vertige la tentation perverse d'échapper mon sac à la mer, papiers d'identité, argent, billet de retour, souliers de rechange, chandail, chemises, bas, sous-vêtements, tout cela s'enfonçant entre des poissons indifférents, tournoyant doucement, ne voulant plus rien dire, disparu, fini, me laissant là, sans nom, sans passé, tel que je suis. Identité perdue, des villes entières englouties, happées par le flux du Temps, gobées, avalées, anéanties, effacées de la mémoire avec leurs fonctionnaires, leurs archives, leurs codes, noyées implacablement dans l’aveugle nuit des profondeurs.

"En la noche ciega de las profundidades..." Dejo de leer y anoto el número de la página, porque yo también estoy de viaje como el protagonista de la historia. Sonrío. Me distraigo un poco mientras mis pensamientos vuelan o, mejor dicho, nadan. Miro el reloj y veo que todavía es temprano. Vuelvo a concentrarme en la lectura. Avanzo rápido y la historia me atrapa. Sé muy bien que pronto voy a terminar de leer el libro, pero no sé que va a ser exactamente en este mismo lugar, en este mismo banco y bajo este mismo arce. Sé muy bien que tarde o temprano este otoño va a llegar a su fin, pero también sé que no va a ser el último. Sé muy bien que mi viaje tendrá que terminar y llegará el momento de irme, mais je sais aussi, sans doute, qu’un jour je reviendrai, c’est sur, et je me rappellerai bien de cet automne particulier, des feuilles rouges, de toi, de cet endroit, de ce livre sur mes genoux... Et je sourirai. 

(2011)
 
  


 

5 de diciembre de 2011

▪ Plus la carapace est solide, plus le coeur est fragile...



CORAZÓN CORAZA

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza

porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.

Mario Benedetti





  

23 de noviembre de 2011

▪ Venerable and Laughable



It was a disguise; it was the refuge of a man afraid to own his own feelings, who could not say, This is what I like—this is what I am; and rather pitiable and distasteful to William Bankes and Lily Briscoe, who wondered why such concealments should be necessary; why he needed always praise; why so brave a man in thought should be so timid in life; how strangely he was venerable and laughable at one and the same time.

To the Lighthouse, Virginia Woolf






 

2 de mayo de 2011



Hoy lo sé más que nunca. Cuanto más fuerte es una presencia, más dolor causa su ausencia. Y Keo, mi perrito, era el que más fuerte ladraba acá en casa. Sobre todo a la hora de comer. Pedía comida hasta quedarse afónico, prácticamente. Culpa de la medicación, claro, que le causaba polifagia, polidipsia y poliuria. Pero hoy no ladró y cenamos en silencio. Lo vamos a extrañar tanto, tanto. Y nos angustia mucho ver tantas cosas en la casa que gritan su nombre. Porque vemos, por ejemplo, su correa o su almohadón o su alimento, pero no lo vemos a él ahí al lado. Vemos muchas cosas que lo evocan, pero al seguir el hilo conductor, Keito no está del otro lado. Es evidente: hay un vacío que es imposible de llenar. Pero supongo que es cuestión de acostumbrarse a todos estos cambios inevitables. Malditas costumbres, ¿no? Desaparecerán las correas y su alimento. Su shampoo y su cepillo. Sus trapos y sus sábanas. Pero no hay nada que me quite de la memoria esos alaridos desesperados de hoy a la tarde. Ni sus ronquidos. Ni sus mimos. Ni su colita contenta agitándose al ver comida. Ni sus ojitos enternecedores. Eso no se borra jamás.

(2011)





 

1 de noviembre de 2010

▪ Facing the End

 

CUENTA REGRESIVA

Ay, ay, ay… Una semana más y todo sucumbe. Parece que no, pero todo llega, tarde o temprano. Últimos cinco días de madrugar exageradamente y viajar y tener clases. Y no, no pareciera que fuera la última semana. A esta altura tendríamos que estar super relajados, como en otros años. Pero no, quedan muchas cosas por hacer y terminar y entregar. Pero estamos muy contentos y se nota. Hay que disfrutar del final. Se termina un ciclo. Bueno, todavía faltan los finales, pero nadie puede ignorar que ahora cambia todo. No vamos a compartir más las clases diarias por la mañana. Empezaremos a trabajar. Cada uno hará la suya, por más de que sigamos en contacto. En fin, sin dudas se termina un ciclo. Y en retrospectiva, uno puede darse cuenta de todo lo que caminó y aprendió y creció en estos cuatro años. Y ahí están, todos esos lindos recuerdos que uno se lleva, todos esos momentos compartidos, todas las risas, las locuras… Porque, claro, no se puede estudiar traductorado y pretender conservar la cordura al recibirse. Ya organizamos un brunch para el viernes en el pasillo y hay una consigna: llevar sí o sí un sombrero loco. Piantados a más no poder, pero felices. Y traductores, al fin.

(2010)






23 de agosto de 2010

▪ Living a Song



Me desperté a eso de las 5 am, no por voluntad propia, claro, sino porque la universidad y la distancia así lo requieren. Fui derecho al baño y cuando terminaba de lavarme la cara, ahí no más, parado frente al espejo, todavía dormido, se me dio por ponerme a cantar bajito. God knows why. Pero minutos más tarde me puse a pensar. Qué raro. Una canción que no escuchaba hacía siglos. Así, de la nada, en mi boca. Entredormido. Casi involuntariamente. “Por algo será”, concluí al salir de la ducha.

Send someone to love me / I need to rest in arms / Keep me safe from harm / In pouring rain / Give me endless summer / Lord, I fear the cold / Feel I’m getting old / Before my time / As my soul heals the shame / I will grow through this pain / Lord, I’m doing all I can / To be a better man

(I know some have fallen / On stony ground / But love is all around)

(2010)






31 de julio de 2010

▪ It's an Art, Not a Disaster



ONE ART


The art of losing isn't hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.

Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn't hard to master.

Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant
to travel. None of these will bring disaster.

I lost my mother's watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn't hard to master.

I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn't a disaster.


—Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan't have lied. It's evident
the art of losing's not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster.


Elizabeth Bishop




Losing you cannot be a disaster.



22 de julio de 2010

▪ Absence



SOMETIMES IT FEELS LIKE


Un cuadro sin pintura.
Una casa sin techo.
Un almanaque de 1942.
Una sonrisa a espaldas.
Un niño sin juguetes.
Un cuento sin final.
Un caracol vacío.
Un arcoiris sin colores.
Una flor sin perfume.
Una enfermedad sin cura.
Un universo sin estrellas.
Una persona sin corazón.
Yo sin vos.

(2007)






16 de junio de 2010

▪ I See You



I’m sitting across from you and dreaming of the things I’d do. For fear of what you might do, I say nothing but stare at you. Truth be told, my problems solved. You mean the world to me, but you’ll never know. And I’m waiting, I’m hating everyone. Could it be you fell for me? How would I know? You never knew me at all, but I see you. But
I see you. I’m standing across from you. I’ve dreamt alone, now dreams won’t do. But I see you.

I see you, Mika




2 de abril de 2010

▪ Broken-hearted



ROSSO DI SERA...

Es una sensación de mierda enterarte que el novio de tu hermana la dejó, sobre todo cuando ella te vino a pedir un rato antes que la ayudes a ponerse una cadenita y se vistió re linda porque venía él y tus papás le habían comprado una rosca de pascua para su familia y el otro viene para decirle que basta. Y encima un viernes lluvioso. Eso es no tener tacto y me da soberanamente por las pelotas.

Y el chabón pone la excusa de que reapareció una chica de antes, lo cual confirma su carencia de tacto y además me hace pensar que es un boludo importante. Y la verdad me pone muy contento que vuelvas a tu pasado, y ojalá que ahí te entierres que de ahí no salgas hasta que aprendas todo lo que no aprendiste en su momento. Creeme que lo más valioso no lo aprendiste, o de lo contrario no harías sufrir a otras personas.

Al menos ya no llueve. De hecho, acabo de sacarle una foto al cielo, justo cuando el sol se ponía. No creo que la foto capture realmente la belleza del momento, pero de todos modos tenía que sacarla. Porque ver el cielo así me trajo a la memoria una frase que siempre escuchaba de chiquito. Rosso di sera, buon tempo si spera. Y espero que así sea, en todo sentido, y en especial para ella.

(2010)






20 de enero de 2010

▪ Afterthoughts of a Party



Odio los textos ficcionales largos e interminables, pero hoy es un día excepcional en muchos sentidos, así que ¡adelante con las excepciones (y las longitudes)! Pero antes, aclaro: ojo, yo soy muy positivo, casi siempre. Es más, puedo ser asquerosamente positivo y todo color de rosas, ¡todo!, y entonces la paz. Pero hoy no, ahora no. Así que si no querés, no me leas, porque me florece el mal humor como una enredadera en una primavera tormentosa (aunque sé que no me durará mucho) y no me hago responsable de la rabia momentánea que me brota y que no esperaba y que no quería, pero me brota. Además, lo que sigue es materia gris pura (y extensa, engorrosa) y te aseguro que no es agradable leer mis pensamientos llenos de paréntesis cuando hace calor y es (casi, para algunos, los no privilegiados) imposible lograr entenderlos (y es personal, mío, propio). Fluyen tan desordenados e ilógicos que arranco ahora mismo.

No me gusta que vengas a mi cumpleaños con mala onda y como si yo estuviera pintado para terminar yéndote así como llegaste veinte minutos después, porque tenías que estar en el trabajo a las 10 de la noche. Y encima me regalás un reloj. A ver… Sé que no es tu culpa, primo, porque no me conocés, pero… ¡Sorpresa! ¡Un reloj! ¡Justo cuando acabo de matar al mío acá, en la ficción! (Porque todo esto es ficción, no te olvides, ficción en serio, esto también.) Miento, el reloj me lo dio Leo, y me río ahora, como si importara quién hace tal regalo (ya está hecho, ¡ya está!).

Y después tenía que venir él, ya viejito, el padrino de mi hermana (los míos, no tan viejitos, no vinieron, ni nunca más van a venir, ya no pueden, así es la vida), tenía que venir él, ingeniero industrial (“ahí está, poné la bandeja en el centro, en una posición equidistante de todos los comensales”). Y por tercera vez en el verano (y sólo nos vimos tres veces) me preguntaste a qué dedico mi tiempo en las vacaciones (fue lo primero que me preguntaste, en los tres casos, lo primero). Y las tres veces con las mismas palabras y el mismo tono de voz. Porque yo puedo ser muy despelotado para varias cosas, pero con la palabra no, con la palabra no se jode. Y yo grabo lo que escucho y lo que leo y aprecio el lenguaje (y es problema mío). Y yo te di por tercera vez en el verano la misma respuesta (una amplia gama de actividades de mi interés), aunque realicé modificaciones en la selección léxica y sintáctica, porque odio las repeticiones innecesarias. Por suerte esta vez sí zafé de la pregunta “¿y a qué hora te levantás un día de semana?”. Sé que querés escucharme de nuevo decir que duermo hasta el mediodía para resongar porque vos tenés como doscientos años y en tu época los jóvenes… Pero yo si quiero duermo y duermo y no me importa. Es mi cama y es mi mañana. Y ni quiero pensar cuando se me acaben las vacaciones (ya pasó más de la mitad y el tiempo se agota, maldito tiempo) y llegue ¡el fin! y de nuevo tenga que programar el despertador/celular para que me corte el sueño a las 4.45 am y así pueda viajar (yo no voy simplemente, yo viajo a) la facultad. Igual te quiero porque me gusta mucho que seas uno de los pocos que razona, como (casi) todo ingeniero, y también emanás mucha tranquilidad, punto a favor. A diferencia de tu señora, que lo lamento en el alma, pero no la quiero y me reservo el derecho. No es intencional, pero de cinco comentarios que me hace (si es que llegamos a cinco), cuatro me desagradan y no sé para qué me gasto en seguirle el tren si igual es medio sorda y no me oye, ni te oye. No oye a nadie. Y hay que repetirle. Hay que gritarle.

Gracias, tío, porque no (me) hiciste nada y eso fue un oasis en el desierto. Pero tu esposa, ¡ay, Dios! Le traje dos diarios locales para ver si había salido publicado el fallecimiento de no-me-acuerdo-quién. Y dale con que tengo que robarle el auto a mi viejo o a mi hermana y salir a manejar por ahí (?) porque ella se arrepiente de no saber manejar, ella se arrepiente, ella. Y yo sé manejar y tengo mi registro, aunque no ande ahora en auto. Y lo sabe, pero le gusta decírmelo igual. Y que no hablen pavadas con eso de que mis tíos y primos no tenían mi celular porque yo soy más tímido que mi hermana, así dijo mi tía. ¿Y por qué yo sí tengo el celular de ellos? Porque las cosas se piden si realmente se las quiere. Excusas, quizás. Porque si me querían saludar, igual podían llamar al teléfono de mi casa (después de todo, ¡allí vivo!, ¡aquí, en mi calabozo!) o al teléfono de mi hermana, y ahí me encontraban (¡lo saben!). Pero bueno, desde la playa un “feliz cumple no tengo el número” al celular de mi tía (“¡mirá lo que te puso Juan!” me dijo y me hizo leer) lo arregla todo, aunque no tenga ni siquiera una coma. Igual ya está, cuando me pidió mi tía que le arreglara la hora de su teléfono (estaba adelantado, tuve que retrocederlo, retroceder todo, volver atrás y hacer más larga la noche), cuando me pidió que le cambiara la hora, también le agendé mi número (y también se lo di a mi tío antes de irse). Ahí lo tienen.

Y se fueron, ¡el fin!, todos juntos, y empezamos a hacer orden y a traer cosas a la cocina para lavar y los manteles y las sillas y a guardar todo lo que sobraba (comida para todos por un mes, más o menos). Y ahí mismo yo quería estallar porque ya se había acabado, ¡el fin!, y todo había vuelto a la normalidad, pero yo me sentía lleno de cosas como si Virginia Woolf me estuviera narrando a mí mismo (como si yo respondiera a su voluntad) y tuviera que ir de la cocina al living a decirle a nadie “fear no more the heat of the sun”, justo después de celebrar una fiesta, pero sin flores y con veintiún años (y sí, lo admito, me paré frente a una ventana a contemplar el cielo de noche, y no, no era Londres, and the leaden circles didn’t dissolve in the air). Y entonces mi papá tira sin querer un platito de cristal al suelo y se rompe y tardé un poco en convencerme de que no había sido yo el que había caído y se había roto en minúsculos pedacitos. Para qué, me pregunto ahora, si mientras secaba lo que mi mamá lavaba, quebré sin querer el borde de una copa. Inutilizable ahora, aunque el daño fue menor (el de la copa). Y así son las cosas, pensé, en la ficción.

Y el pantalón me queda chico (¡el horror!), y el cinturón me queda grande (¡la incoherencia!), y el reloj... Y mi mamá me dijo que me iban a regalar muchas remeras (omitió un detalle: invisibles).

Pero ya pasó y no todo fue negativo hoy, porque recibí ochenta y cinco saludos en el facebook (y sí conozco a los ochenta y cinco, no son gente equis), tres mensajitos de texto y cuatro llamadas por teléfono (¡gracias, gracias, gracias!). Hubo gente que no asomó cabeza, pero entiendo que son vacaciones y uno se pierde en el calendario como una vez hizo Esperanto y es lógico, es lógico, no los culpo. Por eso aprecio doblemente (y en algunos casos, los más sinceros, triplemente) a los que se acordaron (o les avisaron, no importa) y me saludaron, es decir, decidieron usar unos segundos o varios minutos de su vida conmigo, usarlos conmigo, hoy, y lo atesoro muchísimo. Y ahora —2.45 am, cuando termina (¡el fin!) la canción 20 de enero de La oreja de Van Gogh— voy a poner pausa a mi cerebro, ¡el fin!, y me voy a ir a dormir (¡y no me voy a levantar hasta el mediodía, señor ingeniero!). Lo bueno es que el mal humor se va (se seca la enredadera porque sale el sol con fuerza; la primavera tormentosa muere, quema el verano) y pesan muchísimo las cosas lindas del día (¡cómo se invierte la balanza!), porque hoy terminé de leer un libro excelente (y lo puse en la biblioteca, justo ahí, en ese lugar, donde sentí que tenía que ir) y también mejoré con el piano y empieza a sonar de mis dedos Comptine d’un autre été (aunque está difícil). Estas cosas lindas (me) pesan muchísimo, porque en definitiva hoy fue un día hermoso (maravilloso, con solcito fresco de verano), hoy fue cuando me saqué las mejores fotos con mi mamá, que tanto la quiero, en el fondo de casa, las mejores fotos y ella me hizo una torta fenomenal y no me importa nada más y sé que soy feliz, pero cada tanto necesito descargarme y entonces escribo (siete párrafos, siete), amo escribir, y después sí, soy feliz. Desconexión programada en 3, 2, 1.

(2010)






18 de noviembre de 2009

▪ Worlds within our World




“Yo pertenecía por supuesto al mundo luminoso y recto, era el hijo de mis padres; pero donde quiera que tendiese mi vista o mi oído, encontraba siempre lo otro, y yo mismo vivía también en aquel otro mundo, aunque muchas veces me pareciese extraño e inquietante y acabase siempre por infundirme miedo y enturbiar mi conciencia. De vez en cuando prefería vivir en el mundo prohibido, y muchas veces la vuelta a la claridad, aunque fuera muy necesaria y buena, me parecía una vuelta a algo menos hermoso, más aburrido y vacío...”

Demian, Hermann Hesse