"Caelum non animum mutant qui trans mare currunt"
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2 de febrero de 2013

▪ Is it Really Fiction?



DEL LADO DE ACÁ Y DEL LADO DE ALLÁ: ¿Realidad o ficción?

¿Qué tan conectadas pueden estar la ficción y la realidad? ¿Eso que escribo o leo, y eso que veo al levantar los ojos del papel? Un diccionario me diría que son cosas opuestas, me diría que la ficción es aquello que no es real y la realidad es aquello que no es ficción. Pero la ficción siempre es parte de la realidad. O bien, para los que creen en Maya, la realidad es siempre parte de la ficción. Pero dejemos el hinduismo de lado por un momento y optemos por no creer que todo es una ilusión. Optemos por creer que en verdad existimos y que somos reales. Lo irreal es aquello que no existe, pero las historias y los libros existen de verdad, colman las bibliotecas, son de carne y hueso, o menos metafóricamente, de tinta y papel. Este papel que estoy escribiendo es real. Lo toco, está acá, lo puedo sentir. ¿Acaso no ves estas letras? Estas letras que leés son reales. Las escribo yo, que soy real. Las escribo yo, sentado en mi escritorio, un viernes a la madrugada. El escritorio es real, el viernes es real, la madrugada es real, todo es real. Si no fuera real lo que escribo, no lo podrías leer. Y entonces ¿cuál es el límite entre la realidad y la ficción? ¿Es verdad que la ficción es todo aquello que se crea en la mente y que solo existe allí? No completamente. ¿Y cómo se mide la existencia de lo real y lo irreal? Si escribo una historia y digo que transcurrió el 8 octubre de 2011, ese día es real, fue real, no pude inventarlo. ¿Entonces en la ficción no todo es ficción? ¿Cómo separamos en una ficción aquello que es real de lo que no es real, si no lo fuera? ¿Y si creo un personaje? ¿Ese personaje es ficticio? ¡Pero yo lo creo! ¡Le doy vida y existencia! ¿Cómo no va a ser real? ¿Hasta qué punto podemos inventar cosas? ¿Y quién dice que lo que se inventa no es real, en algún plano? ¿Acaso lo que nos motiva a escribir no son siempre hechos reales? ¿Acaso no nos enamoramos de frases extraídas de la literatura (como quien dice, en última instancia, extraídas de la vida misma) porque se entrelazan con la realidad, con nuestra propia realidad? ¿No nos gusta identificarnos con los personajes y sus ideas? ¿O acaso tampoco somos reales nosotros? Si nuestro mundo se confunde con el mundo que está dentro del libro, solo hay dos opciones: todo es realidad o todo es ficción. Los mundos no se pueden separar. Si lo que escribo es una prolongación mía y yo soy real, mi texto también. Tan real, tan reales son los textos, que muchas veces se forman lazos misteriosos entre los mundos. Hay vértices mágicos donde se doblan los espacios y por momentos no sabemos dónde estamos. ¿Del lado de acá, del lado de allá? ¿Realidad o ficción? En verdad hay un solo lado, un único lugar; ese vértice es una ilusión. Vivimos en un solo plano. ¿Ficcidad? ¿Realicción? La separación no existe. En algún punto ambos elementos se fusionan. Cómo se puede explicar, si no, que de repente aparezcan japoneses atrás de mí, en la fila para esperar el colectivo, si estoy en la Argentina, en mi pequeño pueblo, donde la posibilidad de encontrar extranjeros es bastante reducida, cómo es posible que eso suceda exactamente cuando me dispongo a leer Stupeur et tremblements de Amélie Nothomb mientras espero el colectivo, cuando la autora me habla del ôchakumi y me nubla la mente con nombres como Saito, Unaji, Mizuno, Okada, Fubuki, Omochi o Tenshi. Leo sobre un personaje “ficticio” (aunque la novela tenga una carga autobigráfica) que trabaja en una empresa japonesa y es como si de repente los japoneses salieran del libro, como si las letras saltaran fuera de las hojas y al caer y tocar el suelo crecieran y se convirtieran en esas cuatro personas reales que hablan japonés, pero fuera del libro, a mi alrededor, y ¿entonces? Japón existe. Yo existo. La mente de la escritora existe. Las historias existen. Todo es real. Nada es ficción.

Alguien por allí a lo lejos susurra la palabra “verdad”. Dice que la ficción es aquello que no es verdad. Lamentablemente y por fortuna, las mentiras reinan en todas partes, en todos los mundos, en el único mundo, en la realidad ficcional, en la ficción real, en la vida misma. Y la verdad es todo, incluidas las mentiras, que siempre son reales y verídicas. Ya no hay lógica que reconforte a estos pensamientos. Ya no hay forma de escapar. Al diablo con la sección especial de ficción en las bibliotecas. Al diablo con todo. Siempre vivimos la ficción, en ficción, por la ficción y gracias a la ficción. Siempre escribimos desde la realidad. 

(2013)
 
 

28 de abril de 2012

▪ Dreaming of Paradise



DEL LADO DE ACÁ Y DEL LADO DE ALLÁ: Sueño de otoño con música

El otoño sigue haciendo de las suyas del lado de acá. Y esta vez me hizo soñar que me encontraba del lado de allá. No decía nada a nadie, pero me iba, llegaba, aparecía. Ahí estaba y ahí estabas. Después de esperar un rato en esa esquina, te encontraba, camino al trabajo, y no lo podías creer y entonces te decía remember how I said I’d come some day, baby? How I said I’d come around to see you one day? I said I’d try to find a way to run away, I’d get away some day, gonne come some day, baby. Y entonces respondías I never thought I’d see you again, I never thought I’d get to be with my best friend, never thought I had to tell you again, never thought I had to tell you how I lost my mind again. Y eso me ponía contento y caminábamos juntos, sonriendo, hasta la parada del colectivo, y te seguía diciendo I left alone, I left the world I was running. To be by your side I was dying, alone by your side I was flying. I came alone, I’ve come a long way to get here. Y como el otoño no estaba del lado de acá, no pertenecía a este viaje onírico, lo recordaba allá, lejos, y agregaba the leaves, they fall to my feet at home, they mean nothing to me. Y después, como en todo sueño, pasaban cosas extrañas y un desconocido que caminaba por al lado (su rostro me recordaba a James) me frenaba y, con sus manos en mis hombros y la mirada seria, me invitaba a quedarme diciendo remember everywhere, everything is in this place, take a place if you found a place to take, take away the way you want to walk away, y yo le sonreía y le pedía make a way with my mind, my mind’s away, y antes de despertar, cuando ya se volvía difícil distinguir entre acá y allá, recordando esas manos tibias en la mañana siguiente a la locura y a la fogata, pedía al universo wake me up when I’m on the throw to Paradise, lift me off the ground and take me to the garden of Paradise.

(2012)



      
  
   

16 de enero de 2012

▪ My World, What is it Exactly?

  
  
DEL LADO DE ACÁ Y DEL LADO DE ALLÁ:
Mundos intercambiables

Es de noche y estoy en un tren, a nueve mil kilómetros de casa. Hace ya dos meses que estoy lejos o que estoy alejado o que simplemente no estoy. Estar o no estar es relativo. ¿En qué momento exacto, a partir de qué instante preciso se deja de estar en un lado? ¿Cuántos pasos hay que dar, cuántos metros hay que alejarse para dejar de estar ahí? Pienso en mi ciudad y en mi gente y en todo lo que debe haber pasado allá sin mí. Todo lo que debe haber cambiado. Y me doy cuenta de que sí, sin ninguna duda, el mundo (o mejor dicho, “mi mundo”, mi pequeño entorno) puede seguir su rumbo sin que yo esté en él. No soy indispensable, por supuesto que no. Pero ahora me encuentro en otro mundo, en otro país, rodeado de gente que no conozco, hablando otros idiomas. Es todo muy distinto. Ahora estoy en un tren, viajando… Y una oración tan sencilla como esta última puede tener efectos muy dispares, desde no moverle ni un pelo a alguien (probablemente a la mayoría), hasta significar un cambio radical en la vida de alguien, como en mi caso. ¿Yo? ¿Viajando? ¿Afuera? Eso amerita un mega reality check, como diría un amigo mío, que ahora está durmiendo acá a mi lado. Sí, es verdad, aunque me parezca increíble (dadas las circunstancias), estoy viajando, desde Halifax hasta Montréal. Estoy en otro país. Y ya van dos meses. Lejos de todo y de todos. Acá nada me ata a nada. Sigo siendo yo mismo (cambiado, claro, pero yo mismo al fin), aunque tranquilamente podría ser otra persona. Puedo reinventarme con total libertad. Nadie me conoce. No tengo que rendir cuentas a nadie. Lo único que estoy obligado a hacer, quiera o no, es a aprender cosas todo el tiempo, conocer gente nueva, maravillarme con los paisajes, enloquecer un poco más, enamorarme (de lugares, personas, animales, ideas, canciones, miradas), frustrarme, entrar en razón, pensar, avanzar, descubrir cosas nuevas, volver a enamorarme y seguir aprendiendo, seguir transitando mi camino, tomando rumbos inciertos a cada momento, sin planificar ni detenerme mucho. Seguir y seguir hasta que llegue el momento de volver a casa, a “mi mundo”, al que dejé allá lejos, un poco abandonado. Y lo paradójico es que, después de dos meses, este otro mundo nuevo al que vine ahora también es “mi mundo”. Algunos de los desconocidos ahora son mis amigos. Algunos lugares ya los conozco como la palma de la mano. Con el inglés no tengo problema y con el francés cada vez me manejo mejor. Entonces esos nueve mil kilómetros que me separaban de casa desaparecen y voilà, acá estoy. Sí, ahora este también es mi mundo, al menos por un tiempo. Y por más que no quiera aceptarlo, dentro de un mes aproximadamente lo voy a tener que dejar, voy a tener que irme lejos, regresar a la tierra de la que vine. Y como no soy indispensable ni allá ni acá, este mundo, mi nuevo entorno, también va a seguir adelante sin mí, va a seguir su rumbo sin que yo esté en él, va a cambiar, va a recibir nuevos viajeros que vivirán sus propias aventuras y también aprenderán y se enloquecerán y se enamorarán y experimentarán tantas cosas como yo (how unimportant one can really be in perspective!), y quizás con el tiempo, cuando yo ya no esté aquí, este nuevo mundo me extrañe un poco y me recuerde de a ratos, o tal vez, si mis pisadas no fueron lo suficientemente fuertes, el viento borre mis huellas y este nuevo mundo termine olvidándose de mí y me entierre entre las hojas secas de los arces, entre la nieve y el silencio, entre sábanas y libros. Y entonces yo...

(2011)
  
  
 

25 de diciembre de 2011

▪ I Feel This and That and...



DEL LADO DE ACÁ Y DEL LADO DE ALLÁ:
Arriba y abajo y allá no sé

Hoy es navidad y muchas felicidades para todos y buenos augurios y prosperidad y la unión y lo mismo de siempre, pero sin embargo es raro, es raro porque del lado de acá todo está muy MUY bien y muy MUY mal al mismo tiempo. Es difícil de explicar, porque generalmente es una cosa o la otra, o una después de la otra, pero ¿las dos a la vez?, no, nunca, imposible, y ahora sí, las dos a la vez, al mismo tiempo. Y miro videitos festivos graciosos y me río mucho y miro una serie intensa que me entristece y me hace llorar, pero termina el capítulo y de nuevo está todo perfecto. Quizás sea porque tengo y porque no tengo. Porque hay y porque no hay. Porque pienso y porque no pienso. Porque me acuerdo pero lo supero. Porque me olvido pero aún así lo siento. Porque no está pero está. Porque es y porque no es. Porque estoy enormemente vacío y porque estoy enormemente lleno. Porque hace frío y hace calor. Y escucho canciones con ritmo explosivo que te levantan el ánimo al techo y te dan ganas de cantar y reir y poner replay, pero que tienen letras de entierro, palabras que te hacen caer en picada y por eso, las dos cosas a la vez, simultáneamente, arriba y abajo, y eso es raro. Arriba porque sé exactamente lo que siento, pero abajo porque no sé exactamente lo que vos sentís. Y es raro haber conseguido algo, haber desarrollado algo, haber construido algo acá adentro (allá no sé…) y en realidad darse cuenta de que uno no tiene nada. Es difícil tener algo y al mismo tiempo no tenerlo. Es lógicamente imposible, y sin embargo... ¿Maldita imaginación? Pero no es nada malo, creo. De hecho, me parece que en definitiva es bueno. Porque todo lo bueno y lo malo (arriba y abajo) me hizo crecer y ahora (no) está en mí y por eso me siento así. Porque ahora todo coexiste, la existencia y la ausencia, la felicidad y la tristeza, la tranquilidad y la locura. Todo coexiste en paz y en guerra, las dos cosas a la vez, y así estamos, así seguimos, así avanzamos. Al menos del lado de acá. Allá no sé.
 
(2011)
  

    

19 de agosto de 2010

▪ Until I See you Again



DEL LADO DE ACÁ Y DEL LADO DE ALLÁ:
Fin de la existencia visible

Hoy, 5 de enero, salió de la clínica y la fuimos a visitar a la casa. Ya está bien, parece. Pero había un cartel pegado en la pared de la cocina que decía “To Ruben and Estela, happy wedding anniversary and for 34 more”. Lo leí y sonreí de inmediato. Y después pensé. ¡Los años que debe de tener eso! No sé cuál de todos los sobrinitos lo habrá escrito, pero ciertamente no tenía forma de saber que eso no iba a pasar, que su deseo no se cumpliría, que muy pronto él la iba a dejar solita (nos iba a dejar a todos; me iba a dejar a mí, mi padrino). Y yo me pregunto por qué a veces será tan injusta la muerte, aunque no le tengo miedo y la respeto. Y siempre me termino convenciendo de que en realidad es justa, es un regalo (del lado de allá). Pero los años pasan (del lado de acá) y ella sigue con ese cartelito colgado en la pared de la cocina, ¡y vos la ves y está tan flaquita, tan chiquita!, y también tiene unas caricaturas de él sostenidas por imanes en la heladera (pero él ya no está), y fotos en el centro de la mesa de cuando él era joven (pero él ya no está), ¡y claro que siempre nos habla de él! y hasta el médico actual de ella lleva el mismo nombre y apellido: Rubén Burgos. Eso es lo que yo llamo una coincidencia catastrófica, un juego macabro del destino, un verdadero reencuentro ficticio. Pero presiento que ese tipo de coincidencias son las que la hacen feliz y aún hoy le dan aliento.

Hoy, 7 de julio, es su cumpleaños. Le mandamos un regalo con una notita, pero no pudimos ir a verla. Porque se agita mucho, hasta hablando por teléfono, y no queremos hacerle mal. Hace poquito se desvaneció y se despertó en el hospital. Y sin embargo, esas ganas de pelearla, esa fortaleza de espíritu, esa renuncia indeclinable a bajar los brazos... Esa fuerza inigualable, tan opuesta a la mera fuerza física. Es admirable, realmente. Pero algo me dice que las coincidencias ya no le sirven. Algo me dice que las fotos, las caricaturas, los recuerdos… ya no le bastan nunca le bastaron. Algo me dice que, en este preciso momento, se está librando una batalla campal entre el lado de acá y el lado de allá.

Hoy, 19 de agosto, se terminó todo. Me enteré en el colectivo a la una y pico, volviendo de la facultad. Me llamó mi mamá y me contó. Es increible como en un abrir y cerrar de ojos la realidad cambia abruptamente y los demás no lo notan, siguen con lo suyo como si nada, no se dan cuenta de que hay algo que falta, algo que ya no está. Pero claro, el colectivo no se detuvo por una llamada telefónica y yo, en vano, intenté concentrarme nuevamente en mi lectura de Grice y su cooperative principle. Y más tarde, ahora, en el entierro, donde confluyen por última vez el lado de acá y el lado de allá, mamá dice con tristeza que se le están yendo todas las amigas y yo la abrazo, la contengo, porque no quiero que llore mientras el viento nos ruge al oído y el sol empieza a caer.

(2010)





 

28 de febrero de 2010

▪ Nature Strikes Back



DEL LADO DE ACÁ Y DEL LADO DE ALLÁ:
Cumpleaños y tsunami

Acá y allá conectados. Distintos. Opuestos, quizás. Día y noche. Alegría y pánico. Pero conectados, créase o no. Al menos unilateralmente. Acá y allá, un mismo lugar.

(...)


Me había quedado despierto hasta muy tarde. Tenía ganas de leer. Pero cuando me ganó el cansancio, cerré los ojos y me dormí. Y no dormí mucho. Porque cuando todavía no había salido el sol, sonó la sirena. Qué feo que es despertarte así, sobresaltado, sin entender qué pasa. Hacía mucho que no sonaba y confieso que me dio mucho miedo. Quedaba poco tiempo. No llegué a agarrar muchas cosas; no tuve más opción que salir corriendo. Los noticieros decían que teníamos que buscar refugio en algún lugar elevado. Las olas se acercaban a Hawai.

“A las 17.05 llega una ola a Hawai” anunció alguien en casa. Y sí, al prender el televisor vimos eso. Más imágenes del desastre en Chile. Más caos y horror y números y pronósticos. Y alertas por doquier. Y títulos del tipo “Hawai se prepara” con música escalofriante de fondo. Y nosotros seguíamos doblando las servilletas y preparando todo para festejar el cumpleaños de mi papá, mientras había gente buscando refugio, huyendo de las olas, y había gente incomunicada, preocupada por sus familiares, sin tener noticias. Nosotros seguíamos preparando todo mientras había gente muerta entre escombros.


En diez minutos llegan las olas. Dicen que van a ser ocho. Cuatro o cinco metros de altura como mínimo. No se sabe la intensidad. Ahora estamos en una montaña, mirando el mar. Veo casas cerca de la costa y me pregunto si pronto las voy a dejar de ver. Tenemos mucha comida y agua, porque no sabemos cuánto tiempo vamos a tener que quedarnos acá. Abajo está todo cerrado, no hay nadie por las calles. El mar ya retrocedió, más que nunca. Se ve como una mancha negra en la arena donde siempre suele haber mar. Las sirenas estuvieron sonando cada media hora. Me duelen los oídos. Las olas se acercan. Sólo queda esperar que lleguen.

Ya está todo preparado. Manteles y sillas y la comida en la heladera. Mientras en este momento hay muchas personas mirando el mar y sintiendo y pensando miles de cosas, yo me voy a duchar. Ellos se alejan del agua y yo voy a ella. Y la hora se acerca. Ya está todo listo. Sólo queda esperar que lleguen. Los invitados.

(...)

Pasó el tiempo. En definitiva, del lado de allá no hubo tsunami. Algunas olas se sublevaron, sí. Pero nada grave, sólo el miedo. En definitiva, del lado de acá hubo un cumpleaños más. Muchos invitados, sí. Pero nada fuera de lo común, sólo la escasez de sillas. Y ahora me quito la remera negra y me voy a dormir, agotado de tanto jugar con mis primitos. Igual hay cosas que me preocupan. El mundo me preocupa, en muchos aspectos. Y hay que tomar conciencia. Porque en definitiva acá y allá son el mismo lugar. Y espero que no sigan acercándose más de estas cosas. A ningún lado. Ni olas, ni grietas, ni vientos, ni nada. No los quiero cerca. Ni de mí ni de nadie.
Ni acá ni allá.

(2010)