"Caelum non animum mutant qui trans mare currunt"
Mostrando entradas con la etiqueta hipótesis. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta hipótesis. Mostrar todas las entradas

31 de enero de 2014

▪ What If...

  
  
HIPÓTESIS: el amor atado al tiempo

Tal vez mañana aún estemos vivos. Pero de qué forma, bajo qué estado. Con qué ojos nos miraremos. Estaremos vivos, pero seremos distintos, seremos otros. Y eso de nada sirve, si no podemos tenernos así, como ahora, juntos, esto que somos, qué somos, un instante eterno, esto que vive, que sentimos, esto que está acá hoy y que nos une, y mañana tal vez también, pero de qué forma, con qué disfraz. Tal vez mañana seamos otros, diferentes. Tal vez ya no nos queramos del mismo modo, aunque estemos vivos, como hoy, que nos queremos. Pero bajo qué estado y con qué ojos nos miraremos mañana si estamos vivos. Tal vez estemos, sí, pero con qué disfraz. Y qué pasará con esto que sentimos y que también está vivo, esto que se mueve por dentro, esto que hoy somos, esto que nos une. Qué somos y qué seremos y qué será de nosotros si no podemos tenernos así, como ahora. Qué haremos mañana si estamos vivos y somos otros. Qué haremos con los disfraces. Cómo nos miraremos, con qué ojos. Qué haremos mañana si estamos vivos y no nos tenemos.

(2013)
  
   
  

25 de enero de 2014

▪ I don't Want it to End



HIPÓTESIS: el fin antes del fin

Lo terrible de lo precoz. De eso me di cuenta hoy y elaboré algunas hipótesis. No puede ser que las historias terminen antes de terminar. No es justo. Cómo puede ser que se acabe todo, que no te vuelva a ver, que los caminos se separen, si la historia se seguía escribiendo, si aparecían nuevos capítulos, si los personajes crecían y se profundizaban y se seguían descubriendo. El fin. Un dolor que oprime el pecho. Un nudo en la garganta. Llorar está prohibido para los dos. Cómo puede ser que se acabe todo de esa manera, con ese fin antes del fin. Todas nuestras hipótesis mutuamente tácitas quedarán ahora sin comprobar. Es injusto saber que la distancia y el tiempo nos separan, pero a fin de cuentas siempre es así. Ojala esté equivocado si de hipótesis se trata, pero todo indica que el cuaderno se cierra, aunque le queden hojas en blanco por garabatear. La historia se termina, aunque el corazón quede abierto. La película se deja de proyectar, aunque todavía no se haya mostrado la palabra "Fin". Y eso duele.
   
(2014)
  
  
  

26 de diciembre de 2013

▪ The Limits of our Being



HIPÓTESIS: la imposibilidad de ser todo

Hay una angustia que surge de la imposibilidad de vivir todas nuestras vidas. Quiero decir, uno mira la película Mr. Nobody y siente angustia. No es algo nuevo este planteo de que a cada instante vamos forjando nuestro camino, vamos marcando el sentido (en todo sentido) de nuestra vida. Y claro, por supuesto que sí, todas las decisiones que tomamos están bien. Somos lo que tenemos que ser porque somos lo que somos. Lo que decidamos va a estar siempre bien. Somos todo lo que decidimos ser y hacer, a cada instante. Eso se entiende bastante fácil, pero se complica cuando agregamos un índice de polaridad negativa. Porque también somos todo lo que decidimos no ser y no hacer, pero no somos ni podemos ser todo lo que no decidimos ser o hacer. Es decir, si decido no ser astronauta, eso seré: una persona que no es astronauta. Pero si no decido nada con respecto a ser director de cine, presidente de una compañía o profesor de gimnasia, entonces todo eso queda ahí, flotando en el espacio de las posibilidades. No digo ni sí ni no, no decido. Dicho de otro modo, en la vida vamos tomando decisiones todo el tiempo y eso va marcando lo que somos y lo que no somos, pero hay muchas otras cuestiones que no decidimos y ahí, en todas esas decisiones no tomadas, hay una potencialidad de vida comprimida, reprimida, oprimida. Por eso digo que ser todo es imposible. Y ahí es cuando brota la angustia. Tratemos de verlo desde un punto de vista más concreto y puntual. Dejemos de lado aquellos casos en los que no tomamos ninguna decisión y entonces todo queda atascado en esa posibilidad eterna e inalcanzable. Concentrémonos solamente en aquellos casos en que decidimos algo, ya sea actuar o no actuar. Lo que quiero decir es que al tomar una decisión determinada, siempre hay por lo menos otra decisión que no vamos a poder tomar nunca: la contraria. La vieja noción de "valor", de que algo es todo aquello que lo demás no es. Por ejemplo, si mi amigo de la infancia elige estudiar medicina al terminar la secundaria y elige no estudiar otra carrera, ya no podrá nunca más elegir estudiar ingeniería informática al terminar la secundaria, con todos los cambios que eso conllevaría para su vida. Y entonces, brota la angustia. Si años después elige dejar para siempre la carrera de medicina y empezar ingeniería informática, ya no podrá recibirse de médico. Y entonces, brota la angustia. Cada vez que decidimos hacer algo, estamos descartando la opción de no hacer eso mismo. Y a la inversa, al decidir no hacer algo, descartamos la opción de hacerlo. No puedo decidir abrir y no abrir la puerta. Es una opción o la otra. La abro o la dejo cerrada. Y con cada decisión que tomamos, nos estamos perdiendo de esa otra vida que eclosionaría de repente ante la decisión contraria. Es un camino o el otro. Y entonces, brota la angustia. Y es terrible pensar que esto se desencadena constantemente, con todas y cada una de las decisiones que tomamos, hasta la más pequeña. ¿Dormir la siesta? ¿Sí o no? ¿Sí? Bueno, preparate entonces para no atender esa llamada laboral que iba a cambiar por completo el curso de tu vida. O preparate para no conocer a esa persona con la que te ibas a cruzar en la esquina si salías a comprar lo que te había pedido tu vieja. O preparate para evitar la muerte, que te esperaba a diez cuadras, de camino a la facu. Y todo eso está ahí, latente, al preguntarnos "sencillamente" si dormimos o no la siesta. Entonces, es lógico sentir angustia cuando nos planteamos todo este delirio en algún punto de nuestra(s) vida(s). Si tenemos suerte y la maduración suficiente, sabemos que está bien que las cosas sean como son, y eso nos tranquiliza. Sabemos que es bueno y saludable que nuestras dimensiones tengan un límite y no nos permitan abarcar una multiplicidad de planos. Que seamos en función de nuestra capacidad. Pero en algún punto no podemos evitar tomar conciencia de esa potencialidad negada, de esa infinidad de experiencias que jamás podremos vivir por culpa de nuestros límites, de ese mundo que se nos escurre a cada instante, de la imposibilidad de ser todo, de concretizar hipótesis, y es ahí cuando brota la angustia.

(2013)