ESTADO DE CASO: desconcierto fonológico
Hoy había un hombre arreglando unas cosas en casa y comentaba que había trabajado mucho tiempo en Dream. Y me di cuenta de que yo no podría trabajar allí jamás. Lo que pasó fue que, claro, dijo Dream, con la "e" y con la "a". Y no tiene la culpa, todos lo dicen así, siempre se llamó así. Pero yo supongo y afirmo rotundamente que el nombre viene de la voz inglesa (porque así lo quiero: sueño) y me ofusco y sostengo que no tiene dos vocales, sino una. Una "i" larga y tensa. Pero esa vocal no existe acá (nadie la hizo existir) y entonces yo no podría trabajar en Dream. No aguantaría ni dos días. Cada vez que me preguntasen dónde trabajo, me revolvería estrepitosamente entre el inglés y el español y sin saber con cuál quedarme, huiría de la pregunta. Porque no quiero traicionar a la palabra, pobre, ¿qué culpa tiene ella de estar metida en otro idioma?, se merece su “i” larga y tensa (y sus demás fonemas); pero tampoco quiero ser infiel a mi lengua nativa, y entonces me digo que en mi boca tienen que estar la “e” y la “a”, aunque no signifiquen nada, y entonces me pregunto ¿a quién le estoy siendo fiel al pronunciar las dos vocales, si la palabra ni siquiera es española? Ahí es cuando pienso que la verdadera fidelidad está en la “i” ajena (pero el contexto lingüístico es otro, ¿no?). Y mientras tanto quedo como un pavo, porque la otra persona me mira y sigue esperando mi respuesta y empieza a preocuparse y teme haberme formulado una pregunta sumamente difícil, de alta complejidad, “¿dónde trabajás, che?”, pero en realidad no sabe... (¡Y no tiene la culpa!)
Parecerá bobo, pero para algunos termina siendo un barullo fonológico tremendo. Y en definitiva, palabras como “dream” no son más que fantasmas lingüísticos, monstruos mutantes que pasan de nación en nación y van perdiendo su colorido, no son más que voces grises y apagadas, voces calladas (¿o acaso saben todos los que allí trabajan que están soñando?). Por eso no sabría qué decir si me preguntasen dónde trabajo y usaría (y abusaría de) mi estrategia de evasión y balbuceo. Hasta que finalmente triunfara la insistencia o el silencio incómodo y ya no me quedara escapatoria y dijera bien bajito la "e" y la "a" juntas para que me entendieran y me diera vergüenza inglesa y me odiara mucho, mucho por dentro. Porque no podría ser de otra forma.
(2009)





