"Caelum non animum mutant qui trans mare currunt"

24 de junio de 2010

▪ He Closed the Door



Ficaste sozinho, a luz apagou-se,
mas na sombra teus olhos resplandecem enormes.

Carlos Drummond de Andrade



BURNING PARADISE


And so he closed the door behind him and he knew he had had enough. For it wasn’t easy to bear, oh, no, it certainly wasn’t. It was him against the world now (though he knew it had always been so). He had said it; he had burnt paradise, at last. And so he closed the door and, for a moment, time ceased to run. And that moment, oh, that moment allowed for all possibilities, for all terrible things. For all sorts of wild feelings swarmed up inside him — feelings powerful (and painful) enough to dismantle him. Oh, those fears came again, mental turmoil, the ruffled surface of ocean. (Where had he read that?) And so he thought it was over, it was finally over. And so he remembered how she had looked at him in the eye that night. How she had remained silent. How she would not dare blink. And their hatred and contempt. Their disappointment. And he remembered how much he needed those words. Oh, but she wouldn’t budge. She wouldn't say a word. She remained silent and she chose to cry. And so he said it was OK (though it was not). And so he stood up and walked away (though he somehow stayed). And thus he burnt paradise. He closed the door behind him and turned the lights off. Time had come. For he knew he had had enough.

(2010)




16 de junio de 2010

▪ I See You



I’m sitting across from you and dreaming of the things I’d do. For fear of what you might do, I say nothing but stare at you. Truth be told, my problems solved. You mean the world to me, but you’ll never know. And I’m waiting, I’m hating everyone. Could it be you fell for me? How would I know? You never knew me at all, but I see you. But
I see you. I’m standing across from you. I’ve dreamt alone, now dreams won’t do. But I see you.

I see you, Mika




26 de mayo de 2010

▪ Answer these Questions



¿Una forma para las nubes? De caballo en pleno salto.

¿Un ingrediente fundamental en la vida? La locura, pero no hay que tener miedo, porque es mejor así.

¿Un capítulo de “El principito”? El XXI, por supuesto.

¿Algo que te guste? Mirar el cielo estrellado en silencio con el zonzo deseo (siempre latente) de ver una estrella fugaz.

¿Algo que te dé miedo? No tener la suerte de Amélie o no lograr nunca domesticar ni a un zorro.

¿Algo que te haga sonreír? Poder ver mi aura. Es verde.

¿Algo para hacer en las vacaciones? Dormir espontáneamente y despertar sin saber exactamente cuánto tiempo pasó. Deshacer(me d)el tiempo.

¿Una palabra del pasado? Misantropía.

¿Una palabra del presente? Antropofanía.

¿Una utopía? Poder comunicarme en todos los idiomas. Y cuando digo todos, digo todos. Y cuando digo idiomas, incluyo hasta el silencio.

¿El peor regalo del mundo? Un reloj de arena gigante que contenga toooda la arena del desierto del Sahara. Lo que equivaldría casi casi a la eternidad.

¿Un recuerdo? Cuando mi nona venía del fondo esas tardes de verano con un pichoncito en las manos.

¿Una lección? When you change the way you see things, that's when things change.

(2009)





23 de mayo de 2010

▪ Saving Lives



Heaven's gates won't open up for me
With these broken wings I'm fallin'
And all I see is you

These city walls ain't got no love for me
I'm on the ledge of the eighteenth story
And oh I scream for you

Show me what it's like
To be the last one standing
And teach me wrong from right
And I'll show you what I can be

And say it for me, say it to me
And I'll leave this life behind me
Say it if it's worth saving me

Savin' Me, Nickelback






15 de mayo de 2010

▪ Non-finite me



LA MULTIPLICIDAD DEL SER

Hesse tiene razón: tenemos miles de almas. Estamos configurados de muchas formas distintas. Claro que todas nuestras identidades confluyen en una sola, pero eso no es más que una ilusión de la realidad. Una forma de materializar nuestra compleja naturaleza pluriforme. Somo uno, pero sólo por fuera.

Porque a mí no me vengan con cuentos; es cierto que yo voy a todos lados en el mismo cuerpo. Pero de ninguna manera soy el mismo cuando camino por estas calles que cuando camino por aquellas otras. Mientras camino por acá pienso y siento ciertas cosas totalmente distintas a las que pienso o siento cuando camino por allá. Quizás hasta mi forma de caminar sea distinta.

Soy hijo, pero también soy hermano, amigo, vecino, traductor, dormilón, pensativo, lector y amante de la naturaleza y de la fotografía. Soy muchas cosas a la vez y todas muy distintas. Hay una parte mía que es inteligente, madura, responsable y sumamente tranquila. Y también hay una parte que es muy tonta y torpe, quisquillosa, insegura y algo temerosa.

Y lo más difícil de entender, quizás, es que todas están activas a la vez y todas van creciendo y madurando y transformándose. En mí conviven, se pelean, se abrazan, se aplauden y se reconstruyen todas mis multiplicidades. Y paso a ser otro, constantemente. A tal punto que hoy en día ya no me puedo encasillar en ningún espacio ni denominar con ningún rótulo. Hoy en día soy todo lo que me rodea. Estoy hecho de todo y de todos, hasta de lo que no soy.

No trates de definirme. Yo ya me rendí.

(2010)






4 de mayo de 2010

▪ Time is Everywhere



TEMPORALIDAD

Triste realidad: nadie está libre, el tiempo nos abarca a todos, ya no hay que correr más en vano, ahí está, atrás de nosotros y delante también, la memoria ya no se vuelve amarilla, es una ilusión, ya no está, ya no.

Hoy me encontré con alguien que no veía desde que tenía ocho años… y ciertamente ya no tiene ocho años. Ahora es alta, morocha, abogada y sonríe todo el tiempo. (Pero me digo ¿cómo es posible ser abogado a los ocho años? Y entonces me recuerdo que tiene veintidós recién cumplidos, aunque ayer tenía ocho y dos trenzas rubias, lo juro.) Me resulta sorprendente encontrarme con todo eso de golpe, de un día para el otro. Es decir, el tiempo transcurrió, lo sé, pero transcurrió ajeno a mí. Entonces en mi mente en mi mundo, ella tiene ocho años y de ahí pasa a tener veintidós, de golpe, así no más, pero no tiene ni jamás téndrá (he aquí lo atroz) nueve, diez, quince, veinte años. Jamás sabré tampoco todo lo que se esconde en ese tiempo invisible que no me pertenece, que no lo formo, que no me existe (ya ni sé cómo expresarlo).

Eso es: Le temps perdu n’est pas perdu; c’est invisible pour les autres! Y esto, atrozmente multiplicado por todas las demás personas que tampoco vi desde que tenía ocho años. Son vidas enteras que existen y existieron a la par, invisibles. Misterioso Milagroso tiempo, ajeno a todos (nadie lo sabe) y parte de todos a la vez, que hoy nos hace ser lo que somos, dejando de ser lo que ya fuimos.

(2010)






10 de abril de 2010

▪ Where do I Belong?



Armanda me miró con ternura a los ojos, con la sombría mirada que tan repentinamente solía aparecer en ella. ¡Ojos magníficos, terribles! Lentamente, eligiendo una a una las palabras y colocándolas con cuidado, dijo... en voz tan baja, que tuve que esforzarme para oírlo:

—Te diré hoy una cosa, algo que sé hace tiempo, y tú también lo sabes ya, pero quizá no te lo has dicho a ti mismo todavía. Ahora te digo lo que sé acerca de ti y de mí y de nuestra suerte. Tú, Harry, has sido un artista y un pensador, un hombre lleno de alegría y de optimismo, siempre tras la huella de lo grande y de lo eterno, nunca satisfecho con lo bonito y lo minúsculo, pero cuanto más te ha despertado la vida y te ha conducido hacia ti mismo, más ha ido aumentando tu miseria y tanto más hondamente te has sumido hasta el cuello en pesares, miedo y desesperanza, y todo lo que tú en otro tiempo has conocido, amado y venerado como hermoso y santo, toda tu antigua fe en los hombres y en nuestro alto destino, no ha podido ayudarte, ha perdido su valor y se ha hecho añicos. Tu fe ya no tenía aire para respirar. Y la asfixia es una muerte muy dura. ¿Es exacto Harry? ¿Es ésta tu suerte?

Yo asentía y asentía...

—Llevabas dentro de ti una imagen de la vida, estabas dispuesto a hechos, a sufrimientos y a sacrificios, y entonces fuiste notando poco a poco que el mundo no exigía de ti hechos ningunos, ni sacrificios, ni nada de eso, que la vida no es una epopeya con figuras de héroes y cosas por el estilo (…) ¡Y a mí me ha ocurrido exactamente lo mismo, amigo mío!

“Yo era una muchacha de buenas disposiciones y destinada a vivir con arreglo a un elevado modelo, a tener para conmigo grandes exigencias, a cumplir dignos cometidos.

“Podía tomar sobre mí un gran papel, ser la mujer de un rey, la querida de un revolucionario, la hermana de un genio, la madre de un mártir. Y la vida no me ha permitido más que llegar a ser una cortesana de mediano buen gusto; ¡ya esto solo se ha hecho bastante difícil! Así me ha sucedido. Estuve una temporada inconsolable, y durante mucho tiempo busqué en mí la culpa. La vida, pensé, ha de tener al fin razón siempre; y si la vida se burlaba de mis hermosos sueños, habrán sido necios mis sueños, decía yo, y no habrán tenido razón. Pero esta consideración no servía de nada absolutamente. Y como yo tenía buenos ojos, y buenos oídos y era además un tanto curiosa, me fijé con todo interés en la llamada vida, en mis vecinos y en mis amistades, medio centenar largo de personas y de destinos, y entonces vi, Harry, que mis sueños habían tenido razón, mil veces razón, lo mismo que los tuyos. Pero la vida, la realidad, no la tenía. Que una mujer de mi especie no tuviera otra opción que envejecer pobre y absurdamente junto a una máquina de escribir al servicio de un gana-dineros, o casarse con uno de estos gana-dineros por su posición, o si no, convertirse en una especie de meretriz, eso era tan poco justo como que un hombre como tú tenga, solitario, receloso y desesperado, que echar mano de la navaja de afeitar. En mí era la miseria quizá más material y moral; en ti, más espiritual; la senda era la misma. ¿Crees que no soy capaz de comprender tu terror ante el fox-trot, tu repugnancia hacia los bares y los locales de baile, tu resistencia contra la música de jazz y todas estas cosas? Demasiado bien lo comprendo, y lo mismo tu aversión a la política, tu tristeza por la palabrería y el irresponsable hacer que hacemos de los partidos y de la Prensa, tu desesperación por la guerra, por la pasada y por la venidera, por la manera cómo hoy se piensa, se lee, se construye, se hace música, se celebran fiestas, se promueve la cultura.

Tienes razón, lobo estepario, mil veces razón, y sin embargo, has de sucumbir. Para este mundo sencillo de hoy, cómodo y satisfecho con tan poco, eres tú demasiado exigiente y hambriento; el mundo te rechaza, tienes para él una dimensión de más.

El lobo estepario, Hermann Hesse



2 de abril de 2010

▪ Broken-hearted



ROSSO DI SERA...

Es una sensación de mierda enterarte que el novio de tu hermana la dejó, sobre todo cuando ella te vino a pedir un rato antes que la ayudes a ponerse una cadenita y se vistió re linda porque venía él y tus papás le habían comprado una rosca de pascua para su familia y el otro viene para decirle que basta. Y encima un viernes lluvioso. Eso es no tener tacto y me da soberanamente por las pelotas.

Y el chabón pone la excusa de que reapareció una chica de antes, lo cual confirma su carencia de tacto y además me hace pensar que es un boludo importante. Y la verdad me pone muy contento que vuelvas a tu pasado, y ojalá que ahí te entierres que de ahí no salgas hasta que aprendas todo lo que no aprendiste en su momento. Creeme que lo más valioso no lo aprendiste, o de lo contrario no harías sufrir a otras personas.

Al menos ya no llueve. De hecho, acabo de sacarle una foto al cielo, justo cuando el sol se ponía. No creo que la foto capture realmente la belleza del momento, pero de todos modos tenía que sacarla. Porque ver el cielo así me trajo a la memoria una frase que siempre escuchaba de chiquito. Rosso di sera, buon tempo si spera. Y espero que así sea, en todo sentido, y en especial para ella.

(2010)






1 de abril de 2010

▪ How you Make me Feel



SI LAS PLÉNDORAS CANTAN…

Si las pléndoras cantan, un sinfín de bemoles y frazas se elevan. Es entonces cuando desaparecen los filimentos del tiempo y los crucios del espacio. Cuando ya no importan las infelicias ni los hámbanos. Cuando tus granfacias circundan mi ser. Cuando me vuelvo un lúnfamo y pierdo la noción del dimufio. Cuando tu hellebecía reina triunfal y no hay nada que pueda destramarme.

Las pluvias se ríen, claro, porque no entienden. Pero las glancias, en cambio, forman una red de nipacios foraces que, junto a mis dericciones, llegan a tus oídos y se himpulan. En ese momento, me ves y blaman tus críes, emulan los tucios, y decidimos traspozarnos hasta que los relojes se cansen de tiforar.

Al culminar las intermelaciones, nos miramos y se suspiran los cofios intermitentes, hasta que son devorados por un glufo soñofórico, y todo se desconstruye en rememorios y se aplaca despacio y profundo y dejamos que el día termine sin ningún apuro.

Ya floreció.

(2009)






27 de marzo de 2010

▪ Feeling Weird



DESMATERIALIZADO

Veo a lo lejos una luz tenue y escucho cómo nos alejamos de a poco. Y me pongo a pensar en muchas cosas, todas involuntarias. Y como es muy temprano y tengo sueño, empiezo a delirar. Porque yo ahora estoy viendo una lucecita y afuera está todo oscuro: todavía es de noche. Y “¡Mirá!” me dice ella. Entonces me inclino y corro la cortina de su ventanilla y le respondo “sí, no se ve nada”, a lo que le agrego que minutos antes había escuchado que la humedad era del 99% y ella se sorprende con toda su simpatía y me pregunta divertida si me imagino cómo sería si hiciera 100% de humedad. “Sería todo agua”, concluyen ella y su sonrisa infantil. Entonces dejo de ver la niebla y vuelvo a ver la luz en la oscuridad y me sigo abstrayendo, desmaterializando. Entro en conexión con todo, como si dejara de ser yo individual y pasara a ser yo colectivo, como si de repente todo fuera agua y ella tuviera razón, como si yo fuera la humedad misma y sintiera que esa señora me insulta por estropearle el pelo y automáticamente me desplazo de paradigma y veo que el chico del asiento de atrás se acuerda que se olvidó los apuntes de termodinámica (y yo lo sé porque estoy desmaterializado) y el chofer tiene el celular apagado y su hermano no se puede comunicar con él para felicitarlo porque acaba de ser tío, mientras que el amigo de mi papá se despierta en la noche y no encuentra a su mujer a su lado, baja las escaleras y la ve tirada en el piso. Un infarto. Y la vida sigue haciendo de las suyas por todas partes, dentro y fuera del colectivo, sin importarle mezclar unas bodas de oro con un velorio, ambos asignados a la misma persona. Y yo soy testigo de todo, en esta madrugada de lunes que todavía espera al sol y a Buenos Aires. Y no sé si es la luz tenue del colectivo en el medio de la oscuridad, la humedad y la niebla que nos rodea, las pocas horas que duermo últimamente o mi reciente alto grado de perceptibilidad, pero me pasan todas estas cosas al mismo tiempo y ya no sé cómo me siento ni quiero tener que echarle la culpa a mi calabozo de aire.

(2010)



19 de marzo de 2010

▪ Self Construction



De esta forma surgieron ante mí en esta noche hermosa y delicada muchas imágenes de mi vida, llevada tanto tiempo de una manera pobre y vacua y sin recuerdos. Ahora, mágicamente alumbrado por Eros, se destacó profundo y rico el manantial de las antiguas imágenes, y en algunos momentos se me paraba el corazón de arrobamiento y de tristeza, al pensar qué abundante había sido la galería de mi vida, cuán llena de altos astros y constelaciones había estado el alma del pobre lobo estepario.

(…)

Estas imágenes —eran cientos, con y sin nombres— surgieron todas otra vez; subían jóvenes y nuevas del pozo de esta noche de amor, y volví a darme cuenta de lo que en mi miseria hacía tiempo había olvidado, que ellas constituían la propiedad y el valor de mi existencia, que seguían viviendo indestructibles, sucesos eternizados como estrellas que había olvidado y, que sin embargo, no podía destruir, cuya serie era la leyenda de mi vida y cuyo brillo astral era el valor indestructible de mi ser. Mi vida había sido penosa, errabunda y desventurada; conducía a negación y a renunciamiento; había sido amarga por la sal del destino de todo lo humano, pero había sido rica, altiva y señorial, hasta en la miseria de mi vida regia. Y aunque el poquito de camino hasta el fin la desfigurase por entero de un modo tan lamentable, la levadura de esta vida era noble, tenía clase y dignidad, no era cuestión de centavos, era cuestión de mundos siderales.

El lobo estepario, Hermann Hesse







13 de marzo de 2010

▪ Cleaning and Thinking



DOÑA POCHA HACE LA LIMPIEZA

Empieza por el living y franelea todos los muebles, de arriba a abajo. Mientras plumerea la biblioteca encuentra un libro viejísimo y decide abrirlo y ¡oh, sorpresa! encuentra dobladita la carta que le había escrito el verdulero de la esquina cuando eran jóvenes y el mundo era otro: caminaba, no corría. Y la lee. Pero la hace un bollo cuando llega a la parte en la que sus cabellos son coliflores y su perfume le recuerda a la remolacha. Un bollo y a la basura. Y se pone a barrer todo justo cuando suena el teléfono y piden hablar con su hija Noelia. Le contesta que está durmiendo, porque eso fue lo que le dijo que iba a hacer cuando llegó y subió al dormitorio. Pero en realidad Noelia está tirada en la cama llorando. Por eso la luz apagada y la foto bajo la almohada. Noelia no duerme. Mientras tanto, doña Pocha se decide a encerar porque le encantan los pisos brillosos y radiantes. Y siempre que encera recuerda su infancia y esas galerías eternas de pisos relucientes. Ella jugaba en esos pisos todas las tardes. Pero a decir verdad de eso se acuerda poco, sólo hay imágenes borrosas. Fue hace tanto. Ahora ella es la que encera y limpia y ordena mientras otros juegan. Doña Pocha deja de encerar un segundo, se mira en el espejo, se acomoda el batón y no se reconoce. Le faltan las ventanas. A doña Pocha le encanta limpiar las ventanas. Así se entera de todo. Una vez a la mañana la vio a Antonia bailando en su casa, escoba en mano, con los ruleros puestos y en camisón, y no pudo parar de reírse hasta el mediodía. Y nunca se olvida de la vez que estaba limpiando las ventanas que dan a la calle y Coco, el perrito de don Felipe, se escapó de la casa al ver pasar a Mario, el de la farmacia, y le ladró ferozmente y lo persiguió y le encajó tal tarascón que le rompió el pantalón fino de alpaca. Y más tironeaba y más se rompía y ¡qué risa!, terminó en calzones en el medio de la calle. A doña Pocha no se le escapa una y cómo le gusta limpiar las ventanas. Cuando termina con el living se va al escritorio de Pancho y ahí tiene que tener mucho cuidado porque a Panchito no le gusta que le cambien nada de lugar y se pone a gritar “¡Pocha!” como loco hasta que ella lo escucha y le devuelve el grito y “¡está en el segundo cajón!”. Así que doña Pocha limpia con cuidado y deja las lapiceras donde estaban y no mueve un solo papel. Y al terminar de limpiar el escritorio de Pancho se pregunta cómo es posible que en su casa convivan él y la carta del verdulero. Pero claro, Panchito no se acerca jamás a la biblioteca, no pertenece a ese mundo. Jamás la leería, piensa equivocada. Y entonces aparece su hija Noelia y le dice que se va a lo de su amiga a tomar mates y doña Pocha se la cree, se seca la frente con un pañuelo y le pregunta qué quiere que le prepare para la cena. Noelia finalmente se va y doña Pocha sigue limpiando, mientras piensa en la tarta de jamón y queso que hará dentro de unas horas. Le faltan los dormitorios.

(2010)





9 de marzo de 2010

▪ Life Projection



MARIPOSA TECKNICOLOR - FITO PAEZ


Todas las mañanas que viví,
todas las calles donde me escondí,
el encantamiento de un amor,
el sacrificio de mis padres,
los zapatos de charol...

Los domingos en el club,
salvo que Cristo sigue alli en la cruz,
las columnas de la catedral,
y la tribuna grita gol
el lunes por la capital...

Todos yiran y yiran,
todos bajo el sol,
se proyecta la vida,
mariposa tecknicolor.

Cada vez que me miras,
cada sensación,
se proyecta la vida,
mariposa tecknicolor.

Vi sus caras de resignación.
Los vi felices, llenos de dolor.
Ellas cocinaban el arroz,
él levantaba sus principios de sutil emperador.

Todo al fin se sucedió,
sólo que el tiempo no los esperó.
La melancolía de morir en este mundo
y de vivir sin una estúpida razón.

Todos yiran y yiran,
todos bajo el sol,
se proyecta la vida,
mariposa tecknicolor.

Cada vez que me miras,
cada sensación,
se proyecta la vida,
mariposa tecknicolor.

Yo te conozco de antes,
desde antes del ayer.
Yo te conozco de antes,
cuando me fui no me alejé.

Llevo la voz cantante,
llevo la luz del tren,
llevo un destino errante,
llevo tus marcas en mi piel.

Y hoy solo te vuelvo a ver.
Y hoy solo te vuelvo a ver.
Y hoy solo te vuelvo a ver.









6 de marzo de 2010

▪ The Beginning to the End



FIN Y COMIENZO

Se acerca el último primer día. Así de paradójico. Quiero y no quiero. Se siente raro, porque uno mira hacia atrás y ve todo lo que caminó en estos últimos tres años y mira hacia delante y ve un gran vacío que se acerca. Y uno no sabe qué le va a tocar después, cuando se reciba. Se asoma la incertidumbre y trepa la duda. Porque hasta ahora se sabía todo, estaba todo programado, el camino estaba bien delimitado, año tras año. Pero ahora se termina y después puede venir un camino de tierra o una autopista, ¿quién sabe? Por eso no quiero. Pero quiero terminar mi carrera y los quiero a ellos. También hay otras cosas que no quiero, es cierto. Aunque un poquito sí, o mucho, y basta de engaños. Quiero y no quiero, pero es inevitable.


Lo cierto es que el reloj vuelve a mi muñeca izquierda y yo vuelvo a una de mis realidades. Me sumerjo de nuevo en la sociedad, que me espera bulliciosa y turbulenta, con horarios que cumplir. Y el espacio del calabozo se achica, se comprime, y el aire pesa y se va enfriando. Vuelve el otoño y los libros, pero no precisamente la literatura. Y me ausentaré. Y andaré de aquí para allá, lejos, ocupado, yendo de una obligación a otra, buscando minutitos de descanso en los rincones pura y exclusivamente para dormir. Me da pena no poder seguir leyéndolos activamente. Pero tranquilos, que de este trance universitario hay retorno.


Dejo un poco abandonado mi calabozo, lo sé. Espero poder pasar por acá cada tanto, así respiro un poco de mi aire. De todos modos, las paredes quedan escritas, nunca se borran. De alguna forma me quedo grabado en las paredes, sigo acá, mis huellas se quedan. Me voy, pero no me voy. Así de paradójico.


(2010)





4 de marzo de 2010

▪ No Time on Holiday



—Al fin, ¡una hora hay que esperarte a vos, eh! —se quejó alguien mientras arrancaba el auto.

—¡Bueno, che! Si recién me avisaste que salíamos, ¡ni un minuto me diste! —contestó alguien bajando la ventanilla del auto— ¡Qué calor que hace, por Dios!

—Hoy te lo dijimos al mediodía, que a las cuatro teníamos que estar allá.

—¿Eh? Yo no registré ningún horario, no sabía que era a las cuatro. ¿No ves? —muestra su muñeca desnuda— No uso reloj en vacaciones, no mido el tiempo, no lo cuento de ninguna forma. No sé que día de la semana es, ni qué numero, ni las horas. ¿Qué dice Cortázar? “Piensa en esto…”

—Ay, callate, no me pongás más nerviosa.

—Bueno, entonces explicame a qué vamos…


Parece que empieza a escaparse la bestia… Tendrán que tener cuidado.
Tendremos que tener cuidado. Y estar atentos. (Tengan el arma a mano... o huyan.)

(2010)



I don't need them in summer.


2 de marzo de 2010

▪ You Look Sad



—La noté rara a Guadalupe.

—¿Cuándo?

—Ayer

—¿Rara por qué? ¿Te habló mucho?

—No, la noté triste.

—Últimamente estás notando a todos tristes. A Leo también.

—Sí.


Y me pregunto yo si eso tendrá algo que ver con la (ausencia de) tintura. Y primero me respondo que sí. Y después me digo que no, que no tiene nada que ver. Y me lo vuelvo a preguntar.

(2010)





28 de febrero de 2010

▪ Nature Strikes Back



DEL LADO DE ACÁ Y DEL LADO DE ALLÁ:
Cumpleaños y tsunami

Acá y allá conectados. Distintos. Opuestos, quizás. Día y noche. Alegría y pánico. Pero conectados, créase o no. Al menos unilateralmente. Acá y allá, un mismo lugar.

(...)


Me había quedado despierto hasta muy tarde. Tenía ganas de leer. Pero cuando me ganó el cansancio, cerré los ojos y me dormí. Y no dormí mucho. Porque cuando todavía no había salido el sol, sonó la sirena. Qué feo que es despertarte así, sobresaltado, sin entender qué pasa. Hacía mucho que no sonaba y confieso que me dio mucho miedo. Quedaba poco tiempo. No llegué a agarrar muchas cosas; no tuve más opción que salir corriendo. Los noticieros decían que teníamos que buscar refugio en algún lugar elevado. Las olas se acercaban a Hawai.

“A las 17.05 llega una ola a Hawai” anunció alguien en casa. Y sí, al prender el televisor vimos eso. Más imágenes del desastre en Chile. Más caos y horror y números y pronósticos. Y alertas por doquier. Y títulos del tipo “Hawai se prepara” con música escalofriante de fondo. Y nosotros seguíamos doblando las servilletas y preparando todo para festejar el cumpleaños de mi papá, mientras había gente buscando refugio, huyendo de las olas, y había gente incomunicada, preocupada por sus familiares, sin tener noticias. Nosotros seguíamos preparando todo mientras había gente muerta entre escombros.


En diez minutos llegan las olas. Dicen que van a ser ocho. Cuatro o cinco metros de altura como mínimo. No se sabe la intensidad. Ahora estamos en una montaña, mirando el mar. Veo casas cerca de la costa y me pregunto si pronto las voy a dejar de ver. Tenemos mucha comida y agua, porque no sabemos cuánto tiempo vamos a tener que quedarnos acá. Abajo está todo cerrado, no hay nadie por las calles. El mar ya retrocedió, más que nunca. Se ve como una mancha negra en la arena donde siempre suele haber mar. Las sirenas estuvieron sonando cada media hora. Me duelen los oídos. Las olas se acercan. Sólo queda esperar que lleguen.

Ya está todo preparado. Manteles y sillas y la comida en la heladera. Mientras en este momento hay muchas personas mirando el mar y sintiendo y pensando miles de cosas, yo me voy a duchar. Ellos se alejan del agua y yo voy a ella. Y la hora se acerca. Ya está todo listo. Sólo queda esperar que lleguen. Los invitados.

(...)

Pasó el tiempo. En definitiva, del lado de allá no hubo tsunami. Algunas olas se sublevaron, sí. Pero nada grave, sólo el miedo. En definitiva, del lado de acá hubo un cumpleaños más. Muchos invitados, sí. Pero nada fuera de lo común, sólo la escasez de sillas. Y ahora me quito la remera negra y me voy a dormir, agotado de tanto jugar con mis primitos. Igual hay cosas que me preocupan. El mundo me preocupa, en muchos aspectos. Y hay que tomar conciencia. Porque en definitiva acá y allá son el mismo lugar. Y espero que no sigan acercándose más de estas cosas. A ningún lado. Ni olas, ni grietas, ni vientos, ni nada. No los quiero cerca. Ni de mí ni de nadie.
Ni acá ni allá.

(2010)