"Caelum non animum mutant qui trans mare currunt"

26 de agosto de 2012

▪ Being, Painting and Doing



830 FIREPLACE ROAD

“When I am in my painting, I’m not aware of what I’m doing.”
When aware of what I am in my painting, I’m not aware
When I am my painting, I’m not aware of what I am
When what, what when, what of, when in, I’m not painting my I
When painting, I am in what I’m doing, not doing what I am
When doing what I am, I’m not in my painting
When I am of my painting, I’m not aware of when, of what
Of what I’m doing, I am not aware, I’m painting
Of what, when, my, I, painting, in painting
When of, of what, in when, in what, painting
Not aware, not in, not of, not doing, I’m in my I
In my am, not am in my, not of when I am, of what
Painting “what” when I am, of when I am, doing, painting.
When painting, I’m not doing. I am in my doing. I am painting.

John Yau
  
  
  

20 de julio de 2012

▪ No Matter What



THE THING IS

to love life, to love it even
when you have no stomach for it
and everything you've held dear
crumbles like burnt paper in your hands,
your throat filled with the silt of it.
When grief sits with you, its tropical heat
thickening the air, heavy as water
more fit for gills than lungs;
when grief weights you like your own flesh
only more of it, an obesity of grief,
you think, How can a body withstand this?
Then you hold life like a face
between your palms, a plain face,
no charming smile, no violet eyes,
and you say, yes, I will take you
I will love you, again.

Ellen Bass
  
 
 

30 de junio de 2012

▪ You are What you Read



- Il y a tant de gens qui poussent la sophistication jusqu'à lire sans lire.  Comme des hommes-grenouilles, ils traversent les livres sans prendre une goutte d'eau.

- Oui, vous en aviez parlé au cours d'une entrevue précédente.

- Ce sont les lecteurs-grenouilles.  Ils forment l'immense majorité des lecteurs humains, et pourtant je n'ai découvert leur existence que très tard.  Je suis d'une telle naïveté.  Je pensais que tout le monde lisait comme moi ; moi, je lis comme je mange : ça ne signifie pas seulement que j'en ai besoin, ça signifie surtout que ça entre dans mes composantes et que ça les modifie.  On n'est pas le même selon qu'on a mangé du boudin ou du caviar; on n'est pas le même non plus selon qu'on vient de lire du Kant (Dieu m'en préserve) ou du Queneau.  Enfin, quand je dis « on », je devrais dire « moi et quelques autres », car la plupart des gens émergent de Proust ou de Simenon dans un état identique, sans avoir perdu une miette de ce qu'ils étaient et sans avoir acquis une miette supplémentaire.  Ils ont lu, c'est tout : dans le meilleur des cas, ils savent « ce dont il s'agit ». Ne croyez pas que je brode.  Combien de fois ai-je demandé, à des personnes intelligentes : « Ce livre vous a-t-il changé ? » Et on me regardait, les yeux ronds, l'air de dire : « Pourquoi voulez-vous qu'il me change ? »

- Permettez-moi de m'étonner, monsieur Tach : vous venez de parler comme un défenseur des livres à message, ce qui ne vous ressemble pas.

- Vous n'êtes pas très malin, hein ? Alors, vous vous imaginez que ce sont les livres « à message » qui peuvent changer un individu ? Quand ce sont ceux qui les changent le moins.  Non, les livres qui marquent et qui métamorphosent, ce sont les autres, les livres de désir, de plaisir, les livres de génie et surtout les livres de beauté.  Tenez, prenons un grand livre de beauté: Voyage au bout de la nuitComment ne pas être un autre après l'avoir lu ? Eh bien, la majorité des lecteurs réussissent ce tour de force sans difficulté.  Ils vous disent après : « Ah oui, Céline, c'est formidable », et puis reviennent à leurs moutons. Évidemment, Céline, c'est un cas extrême, mais je pourrais parler des autres aussi.  On n'est jamais le même après avoir lu un livre, fût-il aussi modeste qu'un Léo Malet: ça vous change, un Léo Malet.  On ne regarde plus les jeunes filles en imperméable comme avant, quand on a lu un Léo Malet.  Ah mais, c'est très important ! Modifier le regard: c'est ça, notre grand œuvre.


Hygiène de l'assassin, Amélie Nothomb



 

12 de junio de 2012

▪ Reaching one's Center



ELOGIO DE LA SOMBRA

La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha.
El animal ha muerto o casi ha muerto.
Quedan el hombre y su alma.
Vivo entre formas luminosas y vagas
que no son aún la tiniebla.

Buenos Aires,
que antes se desgarraba en arrabales
hacia la llanura incesante,
ha vuelto a ser la Recoleta, el Retiro,
las borrosas calles del Once
y las precarias casas viejas
que aún llamamos el Sur.
Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;
Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo ha sido mi Demócrito.
Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad.
Mis amigos no tienen cara,
las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,
las esquinas pueden ser otras,
no hay letras en las páginas de los libros.
Todo esto debería atemorizarme,
pero es una dulzura, un regreso.
De las generaciones de los textos que hay en la tierra
sólo habré leído unos pocos,
los que sigo leyendo en la memoria,
leyendo y transformando.
Del Sur, del Este, del Oeste, del Norte,
convergen los caminos que me han traído
a mi secreto centro.
Esos caminos fueron ecos y pasos,
mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,
días y noches,
entresueños y sueños,
cada ínfimo instante del ayer
y de los ayeres del mundo,
la firme espada del danés y la luna del persa,
los actos de los muertos,
el compartido amor, las palabras,
Emerson y la nieve y tantas cosas.
Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro,
a mi álgebra y mi clave,
a mi espejo.
Pronto sabré quién soy.
  
Jorge Luis Borges
  
 
 
  

30 de mayo de 2012

▪ I shall not Live in Vain



VI

If I can stop one heart from breaking,
I shall not live in vain;
If I can ease one life the aching,
Or cool one pain,
Or help one fainting robin
Unto his nest again,
I shall not live in vain.


Emily Dickinson
 
 
 

15 de mayo de 2012

▪ Wet Words



OSTÉALGIE

tête tournante
écriture quadraphonique
tête de lecture
musique des encres

radio atrabilaire mots mouillés
suis trompé jusqu'aux os

mégalomane cosmique
je suis transi de moi


Lucien Francoeur
 
 

 

10 de mayo de 2012

▪ Rambling in the Rain



EL PODER DE ALTERACIÓN DE LA LLUVIA

Cuando uno viaja en colectivo en Buenos Aires durante una tormenta, todo cambia. Un simple viaje rutinario se vuelve una odisea. Empecemos por el tránsito. Cuando llueve, la humedad hace que los vehículos se tripliquen y entonces hay más autos, más colectivos, más agua en las calles, más lentitud, más impaciencia, más maquillajes corridos, más llamadas por teléfono, más llegadas tardes, más luces rojas de freno y más valisas amarillas que resaltan en la noche. Y al haber más gotas en el gigantezco parabrisas del colectivo, las luces se reflejan más y se fraccionan en las pequeñas partículas de agua y se prenden y apagan como chispas que iluminan todo desde cada gota que cubre el vidrio, atrapadas, multiplicadas, como prismas o caleidoscopios, como si una luz de un auto estuviera simultáneamente en todas las gotas, microscópica, diminuta, pero en todas y cada una de las gotas, y lo mismo con todas las otras luces de todos los otros autos, y uno quisiera poder registrar eso de alguna forma, esa superpoblación lumínica dentro de cada gotita, ese amarillo intermitente y ese rojo que pide a gritos que te detengas, pero toda descripción textual o fotográfica lo arruina y no son más que intentos fallidos, fracasados, y entonces esa fabulosa invasión artística de luces que te rodea solo queda en la memoria y se vuelve un simple recuerdo lluvioso de luces en un colectivo.

La lluvia tiene la culpa de todo y hace que todo cambie en un colectivo. Sigamos por los pasajeros. Ahí adelante hay una chica que quiere llorar. Lo sé, me lo dicen sus ojos y su mirada perdida por la ventana empañada. Está triste. Tiene el alma gris. Y si bien no parece ser solamente a causa de la lluvia, el clima la afecta, es fácil darse cuenta. Al lado de ella, quién lo hubiera dicho, doña Pocha, que no deja de rechinflarse con cachetes aflijidos y respiraciones cansadas de lluvia. No quiere apoyar sus bolsas en el suelo (siempre lleva bolsas a todas partes) porque, claro, el agua se cuela, la lluvia entra y chorrea y el suelo resbala y se le van a mojar las cosas que compró para su hija Noelia. Porque al entrar el agua por las puertas, las ventanas y las goteras del techo, se van formando pequeños ríos que se bifurcan y triplican y se desparraman por el suelo, como cuando baldea la vereda. Algunos los esquivan, otros los pisan y se van formando dibujos raros contorneados por el agua. Yo ahí veo un rostro, por ejemplo, con los dos ojos (el izquierdo es más grande que el derecho) y esa mancha de tierra es la nariz. Y ahí tiene una mueca, una barba debajo y ese espacio seco arriba es el pelo. Y más allá hay una especie de gato fusionado con dragón chino, escupiendo fuego de agua por la boca. También veo medio rostro allá, que parece oculto entre tinieblas, y algún que otro fantasma. Pero volvamos a los pasajeros. Al lado mío, este señor de traje no deja de mirar el reloj una y otra vez. Porque el colectivo avanza lentamente y se triplican los autos, la lentitud y por ende las miradas reiteradas a los relojes, claro. Todo se ralentiza, menos el ritmo constante de las manecillas dictado por Cronos. Esa chica más allá se aferra a su cartera mientras escucha música. Tiene cara de preocupada, pero no sé qué estará pensando. Aquel hombre duerme y el chico que está sentado a su lado me mira con curiosidad mientras escribo porque, claro, yo los miro a todos y todos me miran a mí, ese loco que garabatea en su libreta.

El colectivo frena, se abren las puertas y de repente se triplican las personas con sus celulares, paraguas y ropa mojada. Nadie baja, todos suben. También se triplican las arrugas en los rostros, el cansancio, los bostezos, los zapatos mojados, las manos que dibujan o escriben en las ventanas húmedas, la inspiración, el arte en su expresión más ínfima. Y ahora otro rayo, otro relámpago que juega a encontrar cosas ocultas en medio de la oscuridad, porque ya no estamos en la ciudad llena de luces, sino que nos vamos alejando por una autopista. El rayo ilumina todo por un instante y uno juega a ver cuántas cosas puede retener en esa milésima de segundo de luz, en ese flash de fotografía tomada por la naturaleza. Y con el relámpago veo un cerco, unos árboles a lo lejos, un poste de luz y las formas de las nubes en el cielo. No llego a ver ese caballo ni ese cartel publicitario, que quizás otros hayan visto. El ojo nunca capta todo. Hay cosas que no vemos, aunque estén iluminadas. Y después, el trueno. Esa nena le tiene miedo a las tormentas porque se asustó con el trueno, pese a que el papá la abraza y le dice que ya falta poco para llegar a casa, aunque ella sabe que es mentira porque hacen ese mismo viaje todos los días y sabe que el camino es largo y recién empieza. Es mentira, piensa, mientras cierra fuertemente los ojos por miedo a ver otro relámpago. Mi papá me miente.

Creo que a esta altura ya quedó claro el poder de alteración de la lluvia. Cuando uno viaja en colectivo y afuera se desata la furia de Zeus, todo se triplica: las mentiras, los temores, los rostros apagados, el viento, los rayos, los cortes de luz y de ruta, los accidentes, los árboles caídos y los techos volados. Nada permanece estático. Todo se intensifica. Las palabras sobre mi libreta también se triplican, pero ya es hora de que deje de escribir y me ponga a leer un poco. Sí, eso voy a hacer, voy a abrir un libro y triplicar las palabras que leo y más tarde voy a escuchar música y triplicar las canciones que escucho. Y cuando finalmente todo se haya triplicado, incluido el tiempo del trayecto, entonces sabré que he llegado a destino, que ha terminado el viaje, las cosas empezarán a restarse y a dividirse hasta retomar la dimensión original, la luna empezará a asomarse entre algunas nubes, me quedará un vago recuerdo de algunos rostros, de algunas voces, de las luces amplificadas en el parabrisas, y eso será todo: la lluvia habrá cesado. 

(2012)


2 de mayo de 2012

▪ You won't Be There



EL FUTURO
 
Y sé muy bien que no estarás.
No estarás en la calle,
en el murmullo que brota de noche
de los postes de alumbrado,
ni en el gesto de elegir el menú,
ni en la sonrisa que alivia
los completos de los subtes,
ni en los libros prestados
ni en el hasta mañana.
No estarás en mis sueños,
en el destino original
de mis palabras,
ni en una cifra telefónica estarás
o en el color de un par de guantes
o una blusa.
Me enojaré amor mío,
sin que sea por ti,
y compraré bombones
pero no para ti,
me pararé en la esquina
a la que no vendrás,
y diré las palabras que se dicen
y comeré las cosas que se comen
y soñaré las cosas que se sueñan
y sé muy bien que no estarás,
ni aquí adentro, la cárcel
donde aún te retengo,
ni allí fuera, este río de calles
y de puentes.
No estarás para nada,
no serás ni recuerdo,
y cuando piense en ti
pensaré un pensamiento
que oscuramente
trata de acordarse de ti.
 
Julio Cortázar
 
 
 

28 de abril de 2012

▪ Dreaming of Paradise



DEL LADO DE ACÁ Y DEL LADO DE ALLÁ: Sueño de otoño con música

El otoño sigue haciendo de las suyas del lado de acá. Y esta vez me hizo soñar que me encontraba del lado de allá. No decía nada a nadie, pero me iba, llegaba, aparecía. Ahí estaba y ahí estabas. Después de esperar un rato en esa esquina, te encontraba, camino al trabajo, y no lo podías creer y entonces te decía remember how I said I’d come some day, baby? How I said I’d come around to see you one day? I said I’d try to find a way to run away, I’d get away some day, gonne come some day, baby. Y entonces respondías I never thought I’d see you again, I never thought I’d get to be with my best friend, never thought I had to tell you again, never thought I had to tell you how I lost my mind again. Y eso me ponía contento y caminábamos juntos, sonriendo, hasta la parada del colectivo, y te seguía diciendo I left alone, I left the world I was running. To be by your side I was dying, alone by your side I was flying. I came alone, I’ve come a long way to get here. Y como el otoño no estaba del lado de acá, no pertenecía a este viaje onírico, lo recordaba allá, lejos, y agregaba the leaves, they fall to my feet at home, they mean nothing to me. Y después, como en todo sueño, pasaban cosas extrañas y un desconocido que caminaba por al lado (su rostro me recordaba a James) me frenaba y, con sus manos en mis hombros y la mirada seria, me invitaba a quedarme diciendo remember everywhere, everything is in this place, take a place if you found a place to take, take away the way you want to walk away, y yo le sonreía y le pedía make a way with my mind, my mind’s away, y antes de despertar, cuando ya se volvía difícil distinguir entre acá y allá, recordando esas manos tibias en la mañana siguiente a la locura y a la fogata, pedía al universo wake me up when I’m on the throw to Paradise, lift me off the ground and take me to the garden of Paradise.

(2012)



      
  
   

23 de abril de 2012

▪ Gone for a Little While



EL CARTERO
 
Lo vi en el ataúd, con esa cara plácida y jodona, y pensé: Es un chiste. No hay duda. El Gordo se está haciendo el muerto para hacer sufrir a los amigos. Nos está tomando el pelo, pensé.

Pero Manuel Soriano, el hijo del Gordo, que es idéntico al Gordo aunque mucho más chiquito y que andaba por ahí con su camiseta de San Lorenzo, nos dio la justa. El le había dado una carta al padre, para que se la entregara a Filipi. Filipi, gran amigo de Manuel, había muerto también, un poco antes, y él lo había enterrado, con cruz y todo, en un pocito del fondo de su casa. Filipi tenía forma de lagartija y costumbres de camaleón, porque cambiaba de color cuando quería. En la carta, Manuel le decía que lo extrañaba mucho y le enseñaba un jueguito, para que Filipi pudiera entretenerse en la muerte, que es muy aburrida. En el jueguito había que escribir las letras que faltaban: "Usá las uñas, Filipi", le decía Manuel.

Entonces lo vi claro. El Gordo se nos fue por un ratito nomás. Está trabajando de cartero de su hijo. Ahora nomás vuelve. A mí ya me parecía, porque es evidentísimo que este mundo no puede ser tan espantosamente triste, solitario y final; y un tipo tan buenazo como el Gordo no podía hacernos la cochinada de dejarnos sin él.
 

Eduardo Galeano

 
 

18 de abril de 2012

▪ Why do we Write?



UNE POÉTIQUE EN MIETTES

Encore écrire sur l'écrire? Pourquoi, alors que je ne sais pas? Peut-être pour cette raison même. Certains critiques, eux, ont l'air de savoir. Ils disent: poètes du pays, de la ville; ou bien: poètes de l'eau, de la mélancolie, que sais-je encore. Je ne sais pas. Quand l'amour, avec un air de mourir, est venu décolorer ton visage, alors, oui, j'ai su. Me demander maintenant: ce que j'écris, est-ce ou non poésie? peu m'importe. La seule chose évidente, c'est que la poésie m'apparaît rigoureusement inutilisable. Et que les arbres ne sont jamais si beaux qu'en hiver; dans leur dénuement, ils font corps avec le ciel qu'ils soutiennent — et couvrent d'une écriture tremblée.

Écrire, inscrire de la matière dans la matière. Et le corps, vraiment, s’y désâme. S’attarde un petit brin de vie sous le clair-obscur des jours et des nuits, il y a si longtemps, et c’est si vague, mais cela serre encore le coeur. Un mot banal, une locution familière, comme des objets trouvés sur le trottoir auprès des poubelles trop pleines, voilà qui toujours m’étonne. Je me sens bien dans nos lieux communs. C’est au fond du quotidien que gît le merveilleux. Il y en a qui se consacrent aux grandes choses — et je les admire; il y en a qui s’accordent avec les petites choses — et je les aime. L’errance de l’eau, la rue où le temps mène sa flânerie, le clochard caché en chacun, la patience illuminée d’un mur, voilà des fils conducteurs et que je touche de la main. Pour aller où?

Trois fois passera, Jacques Brault
 
 
 

14 de abril de 2012

▪ One Gets to Love, the Other Gets to Die



EL DUELO O LA REFUTACIÓN DEL HORÓSCOPO

Los dos hombres nacen el mismo día, a la misma hora. Sus vidas no se cruzan hasta que son enamorados por la misma mujer. Entonces se encuentran y pelean por ella. Uno de ellos obtiene la victoria y el amor. Al otro le corresponde el dolor, la humillación y quizá la muerte. Los astrólogos han previsto ese día el mismo horóscopo para los dos. Tal vez son erróneos los vaticinios. O tal vez se equivoca uno al pensar que el amor y la muerte son destinos distintos.

Alejandro Dolina
 
 
 

9 de abril de 2012

▪ Going Back to Nothing



RITORNO

Trinano le cose un'estesa monotonia di assenze
Ora è un pallido involucro
L'azzurro scuro delle profondità si è franto
Ora è un arido manto

Giuseppe Ungaretti



RETORNO

Adorna las cosas una amplia monotonía de ausencias
Ahora es una pálida envoltura
El azul oscuro de la profundidad se ha roto
Ahora es un árido manto

Traducción de Rodolfo Alonso
   
   
   
   

5 de abril de 2012

▪ Sharing Life in SMS Format



LA VIDA ES SÓLO ESO

La poesía celular es una voz que ansía inmediatez. La inmediatez es súbita percepción de una conexión que, si no es ya, no será más. La inmediatez es la oportunidad de una ocurrencia que se rehúsa a morir.

De pronto: un mensaje salta de un edificio que se está incendiando para seguir viviendo, en plena caída, con la esperanza de que antes de estrellarse contra el empedrado, allá abajo, alguna red lo sostenga. (...)

El mensaje de texto es un modo de diferir lo que se está viviendo para abrazar algo de la intensidad de ese momento que, si no, se pierde. Diferir es arrancarle una mirada al instante para enviarla hacia otro mundo: igual como sucede con la luz que nos llega de las estrellas ya muertas.

No hay presente pleno sin otro que nos piense. Sólo por esa presencia ansiada, el tiempo se vuelve mi tiempo, la lluvia esta lluvia, la noche nuestra noche.

Muchos mensajes que se leen en este libro parecen decir: existo si -en alguna parte ahora- vos estás también aquí.

La salida del texto (mensaje enviado) es la consumación de una fuga en la que alguien logró salvar al instante de su muerte segura.

Ausencia y distancia no son, ahora, aplazamiento y frustración del deseo de estar juntos, sino también posibilidad de otro lugar en el presente. Lo actual como proliferación de espacios simultáneos es un modo de resistencia.

La existencia cotidiana, de otro modo, sería una nada compuesta de puros olvidos. El ausente es ahora garantía de mi presencia. La distancia es el artificio necesario para que la vivencia sobreviva en el mensaje. La condición del mensaje es que el destinatario se encuentre en otra parte. Pero ni destinatario ni destino están asegurados. Todo mensaje salta sin saber del todo si habrá red. Un mensaje es una idea lanzada en una botella.

La poesía celular participa de la estética del naufragio.

Todo relato se construye bajo esta fórmula: alguien que estuvo cuenta algo a otro que no estuvo. Al final, la narración, nacida de la ausencia y la distancia del otro, triunfa sobre esa misma ausencia y distancia.

Enviar un mensaje es iniciar un viaje, deslizarse a un mundo paralelo. Trasportar un instante hacia otro sitio. Alterar los espacios.

La vida es sólo eso: instantes vividos mezclados y adulterados en la experiencia de alguien contada para otro.

Los instantes se olvidan y desaparecen si no se vuelven relato. La vida es un estado de inminencia que necesita la narrativa de lo que está ocurriendo.

La poesía celular trata de doblegar la lógica del acontecimiento en la que el relato sólo es posible después de que suceden las cosas: esta poética comienza en las últimas pulsaciones todavía vivas del acontecimiento.

Un corte de luz, un ruido en la panza, un viaje en colectivo, una tormenta, un domingo en familia.

Escribimos para no olvidar o para que alguien recuerde que alguna vez estuvimos vivos, que alguna vez amamos y nos amaron, que alguna vez nos sentimos solos y prescindibles. Si no, cada momento se escurre como agua suelta.

Los instantes no se capturan con una red como si fueran peces o crisálidas ni con otros métodos como si fueran cerdos y alimañas. Los instantes se alojan en un cuerpo que los piensa, pero esos pensamientos se disuelven como sueños si no se los envía fuera de sí. (...)

Los mensajes son caricias de los que se encuentran lejanos: desde siempre la poesía fue el delirio de la cercanía. (...)


Prólogo del libro Poesía celular, Marcelo Percia
 

 
 

1 de abril de 2012

▪ An Autumn Like No Other



RECUERDO DE UN OTOÑO DIFERENTE

El otoño acá es abundante y se instala en seguida. De repente, muchas hojas secas y muchísimo frío por todas partes, y no queda otra que lidiar con eso. Si no fuera por las hojas que cubren la ciudad entera, uno de los nuestros podría pensar tranquilamente que es invierno. El frío otoñal responde a otros parámetros por estas latitudes. Por eso me abrigo bien, tomo mis cosas y me dispongo a salir. Mientras voy bajando la escalera, termino de ponerme el gorro y los guantes y respiro el aire fresco. Sonrío. Es una hermosa mañana soleada y estoy libre, no tengo nada que hacer, solo disfrutar del otoño canadiense québécois. ¡Qué placer! Empiezo a caminar un poco hacia la derecha entre las hojas secas y, cerca de la esquina, veo el cartel con el nombre de la calle. Rue Marie-anne. Sonrío. Me acuerdo del local La Chilenita que está sobre esa misma calle y pienso que a la tardecita podría comprar unas empanadas para la cena. Pero ahora no quiero ir hacia allá, ni hacia l’avenue du Mont-Royal. Se me ocurre una idea mejor. Doy media vuelta y vuelvo sobre mis pasos, hasta llegar a la esquina opuesta. Rue Rachel. Me dispongo a cruzar, pero me detengo instintivamente al ver un auto que se acerca. Me resulta extraño que el auto disminuya la velocidad, pero en ese mismo instante vuelvo a ver las hojas secas a mis pies y recuerdo donde estoy. ¡Claro! Acá es distinto. Sonrío. Cruzo la calle diciendo “merci” y haciendo un gesto de agradecimiento con la cabeza. Doblo a la derecha mientras pienso “je tourne à droite maintenant”. Sí, lo sé, me hablo a mí mismo y en francés. Mientras camino por Rue Rachel, evito pensar que necesito un psicólogo, tacho esa idea en mi cerebro y me convenzo de que en realidad lo hago solo para practicar, para usar las palabras nuevas que voy aprendiendo, en fin, que lo hago por una buena causa (même si je sais que chu fou). Mientras voy caminando, descubro alguna que otra decoración de Halloween nueva, que todavía no había visto, y sonrío. Camino un poco más y llego al Parc La Fontaine. Aún hay varios árboles verdes. Por alguna razón me transmite mucha paz este parque cada vez que vengo. Sonrío una vez más. Empiezo a caminar entre los bancos de madera, bajo los árboles que bordean el camino, y sigo derecho hasta el centro. Mientras camino, me entretengo viendo las ardillitas que andan por todas partes, tan simpáticas, escurridizas y traviesas. Finalmente llego a destino. Veo ese arce con sus hojas de un rojo intenso y me siento debajo, en ese banco que mira justo al laguito, que poco a poco empiezan a vaciar, antes de que llegue el invierno y todo el mundo patine feliz sobre el hielo. Qué hermosa vista. Saco mi libro de Louis Gauthier y miro alrededor. Qué tranquilidad. Las hojas siguen cayendo y yo sigo juntando las que más me gustan. No hace tanto que empezó el otoño, pero ya junté varias. “Ceci sera pour lui”, pienso al guardar en mi libro una de las hojas de ese árbol que me resguardaba con su resplandor rojizo. Sonrío y retomo la lectura de Voyage en Irlande avec un parapluie:

J'éprouve comme un délicieux vertige la tentation perverse d'échapper mon sac à la mer, papiers d'identité, argent, billet de retour, souliers de rechange, chandail, chemises, bas, sous-vêtements, tout cela s'enfonçant entre des poissons indifférents, tournoyant doucement, ne voulant plus rien dire, disparu, fini, me laissant là, sans nom, sans passé, tel que je suis. Identité perdue, des villes entières englouties, happées par le flux du Temps, gobées, avalées, anéanties, effacées de la mémoire avec leurs fonctionnaires, leurs archives, leurs codes, noyées implacablement dans l’aveugle nuit des profondeurs.

"En la noche ciega de las profundidades..." Dejo de leer y anoto el número de la página, porque yo también estoy de viaje como el protagonista de la historia. Sonrío. Me distraigo un poco mientras mis pensamientos vuelan o, mejor dicho, nadan. Miro el reloj y veo que todavía es temprano. Vuelvo a concentrarme en la lectura. Avanzo rápido y la historia me atrapa. Sé muy bien que pronto voy a terminar de leer el libro, pero no sé que va a ser exactamente en este mismo lugar, en este mismo banco y bajo este mismo arce. Sé muy bien que tarde o temprano este otoño va a llegar a su fin, pero también sé que no va a ser el último. Sé muy bien que mi viaje tendrá que terminar y llegará el momento de irme, mais je sais aussi, sans doute, qu’un jour je reviendrai, c’est sur, et je me rappellerai bien de cet automne particulier, des feuilles rouges, de toi, de cet endroit, de ce livre sur mes genoux... Et je sourirai. 

(2011)
 
  


 

28 de marzo de 2012

▪ Diagnosed with Love



EL DIAGNÓSTICO Y LA TERAPEUTA

El amor es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas. A los enfermos, cualquiera nos reconoce.

Hondas ojeras nos delatan que jamás dormimos, despabilados noche tras noche por los abrazos, o por la ausencia de los abrazos, y padecemos fiebres devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de decir estupideces.

El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la sopa o el trago. Se puede provocar, pero no se puede impedir. No lo impide el agua bendita, ni lo impide el polvo de ostia; tampoco el diente de ajo sirve para nada. El amor es sordo al Verbo divino y al conjuro de las brujas. No hay decreto de gobierno que pueda con él, ni pócima capaz de evitarlo, aunque las vivanderas pregonen, en los mercados, infalibles brebajes con garantía y todo.

Eduardo Galeano
 
 
 

24 de marzo de 2012

▪ If You Blew into my Heart...



BARCAROLA

Si solamente me tocaras el corazón,
si solamente pusieras tu boca en mi corazón,
tu fina boca, tus dientes,
si pusieras tu lengua como una flecha roja
allí donde mi corazón polvoriento golpea,
si soplaras en mi corazón, cerca del mar, llorando,
sonaría con un ruido oscuro, con sonido de ruedas de tren con sueño,
como aguas vacilantes,
como el otoño en hojas,
como sangre,
con un ruido de llamas húmedas quemando el cielo,
sonando como sueños o ramas o lluvias,
o bocinas de puerto triste;
si tú soplaras en mi corazón, cerca del mar,
como un fantasma blanco,
al borde de la espuma,
en mitad del viento,
como un fantasma desencadenado, a la orilla del mar, llorando.

(...)

Alguien vendría, sopla con furia,
que suene como sirena de barco roto,
como lamento,
como un relincho en medio de la espuma y la sangre,
como un agua feroz mordiéndose y sonando.

En la estación marina
su caracol de sombra circula como un grito,
los pájaros del mar lo desestiman y huyen,
sus listas de sonido, sus lúgubres barrotes
se levantan a orillas del océano solo.


Pablo Neruda