"Caelum non animum mutant qui trans mare currunt"

30 de octubre de 2011

▪ Undecipherable



No entiendo. No te entiendo. Eso me atormenta. Me encanta poder entender las cosas, saber cómo funcionan, por qué son así, pero esta vez no puedo. Me esfuerzo por comprender. Creo entender, pero no, finalmente descubro (o creo descubrir) que estoy equivocado. Malinterpreto los signos. Tus ojos me dicen algo, pero las cosas que hacés me dicen lo contrario. Es como un vaivén, un columpio, un balanceo constante. Estoy parado, firme, pero veo algo allá adelante que me interesa y me lanzo hacia el entendimiento, llego al otro extremo con una idea en mente y no, no es así, no parece ser así, no comprendo y el envión me devuelve hacia atrás, al punto inicial, y sin siquiera pestañar ya estoy listo para lanzarme de nuevo, para intentarlo una vez más. Y pienso. Quizás si tomo más envión. Quizás si me paro más firme. Quizás así llegue a vos. Quizás así pueda entenderte. Pero no.

Lo bueno es que el tiempo nunca se detiene y las cosas cambian. Lo bueno es que no estamos condenados a mirar fijamente algo que no entendemos, podemos mirar hacia otro lado, buscar otras cosas. Uno se columpia una vez, dos veces, tres veces… Pero después de varios intentos fracasados, sin comprender, uno termina por cansarse, desganarse, uno se aburre del columpio y de toda la situación confusa, y el vaivén y el esfuerzo cognitivo pierden sentido y uno desiste del intento porque sabe que no importa cuántas veces se columpie, al llegar al otro extremo siempre va a ver lo mismo, el mismo rostro sonriente, cálido y amable, tan cerca por un instante, pero tan silencioso, lleno de pistas contradictorias, indicios inútiles que sólo sirven para confundirnos, en lugar de acercarnos al entendimiento, a la claridad. Y entonces no hay nada que podamos hacer, solo olvidar y avanzar en otra dirección y dejar de torturarse una y otra vez con lo mismo y aceptar que es imposible entender absolutamente todo y que se puede seguir viviendo sin comprender algunas cosas y que un arce puede tener hojas verdes a fines de octubre y que el silencio muchas veces no es azaroso y que si ese rostro que vemos no nos habla, sus razones tendrá.

(2011)



 

21 de octubre de 2011

▪ Silent Literature



Je répondis que je n'écrivais plus, que je ne voulais plus écrire, qu'il n'y avait plus que le silence que me satisfaisait. Je prétendis que la littérature était une maladie, ruineuse pour l'organisme, dangeureuse pour la société, inutile pour la vie et malsaine à sa source. Angèle se moqua de moi. Paul affirma que j'écrivais en cachette, que je prenais des notes le soir en rentrant à la maison. J'exposai ma théorie du moment: la vie était une fiction, de toute manière. La réalité ne nous concernait pas. La réalité concernait la matière et l'esprit et nous étions entre les deux, nous étions à la fois les créateurs de la fiction humaine et ses produits. La littérature, si on ne trichait pas, ne pouvait que conduire au silence.


Voyage en Irlande avec un parapluie, Louis Gauthier



18 de octubre de 2011

▪ Happiness is never grand



Actual happiness always looks pretty squalid in comparison with the overcompensations for misery. And, of course, stability isn't nearly so spectacular as instability. And being contented has none of the glamour of a good fight against misfortune, none of the picturesqueness of a struggle with temptation, or a fatal overthrow by passion or doubt. Happiness is never grand.

Brave New World, Aldous Huxley

  

25 de agosto de 2011

▪ The Tunnel



Fue una espera interminable. No sé cuánto tiempo pasó en los relojes, de ese tiempo anónimo y universal de los relojes, que es ajeno a nuestros sentimientos, a nuestros destinos, a la formación o al derrumbe de un amor, a la espera de una muerte. Pero de mi propio tiempo fue una cantidad inmensa y complicada, lleno de cosas y vueltas atrás, un río oscuro y tumultuoso a veces, y a veces extrañamente calmo y casi mar inmóvil y perpetuo donde María y yo estábamos frente a frente contemplándonos estáticamente, y otras veces volvía a ser río y nos arrastraba como en un sueño a tiempos de infancia y yo la veía correr desenfrenadamente en su caballo, con los cabellos al viento y los ojos alucinados, y yo me veía en mi pueblo del sur, en mi pieza de enfermo, con la cara pegada al vidrio de la ventana, mirando la nieve con ojos también alucinados. Y era como si los dos hubiéramos estado viviendo en pasadizos o túneles paralelos, sin saber que íbamos el uno al lado del otro, como almas semejantes en tiempos semejantes, para encontrarnos al fin de esos pasadizos, delante de una escena pintada por mí, como clave destinada a ella sola, como un secreto anuncio de que ya estaba yo allí y que los pasadizos se habían por fin unido y que la hora del encuentro había llegado.

¡La hora del encuentro había llegado! Pero ¿realmente los pasadizos se habían unido y nuestras almas se habían comunicado? ¡Qué estúpida ilusión mía había sido todo esto! No, los pasadizos seguían paralelos como antes, aunque ahora el muro que los separaba fuera como un muro de vidrio y yo pudiese verla a María como una figura silenciosa e intocable... No, ni siquiera ese muro era siempre así: a veces volvía a ser de piedra negra y entonces yo no sabía qué pasaba del otro lado, qué era de ella en esos intervalos anónimos, qué extraños sucesos acontecían; y hasta pensaba que en esos momentos su rostro cambiaba y que una mueca de burla lo deformaba y que quizá había risas cruzadas con otro y que toda la historia de los pasadizos era una ridícula invención o creencia mía y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Y en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no viven en túneles; y quizá se había acercado por curiosidad a una de mis extrañas ventanas y había entrevisto el espectáculo de mi insalvable soledad, o le había intrigado el lenguaje mudo, la clave de mi cuadro. Y entonces, mientras yo avanzaba siempre por mi pasadizo, ella vivía afuera su vida normal, la vida agitada que llevan esas gentes que viven afuera, esa vida curiosa y absurda en que hay bailes y fiestas y alegría y frivolidad. Y a veces sucedía que cuando yo pasaba frente a una de mis ventanas ella estaba esperándome muda y ansiosa (¿por qué esperándome? ¿y por qué muda y ansiosa?); pero a veces sucedía que ella no llegaba a tiempo o se olvidaba de este pobre ser encajonado, y entonces yo, con la cara apretada contra el muro de vidrio, la veía a lo lejos sonreír o bailar despreocupadamente o, lo que era peor, no la veía en absoluto y la imaginaba en lugares inaccesibles o torpes. Y entonces sentía que mi destino era infinitamente más solitario que lo que había imaginado.


El túnel, Ernesto Sabato


 

5 de agosto de 2011

▪ Writing (No) More



Ya no escribo. O mejor dicho, ya no dejo de escribir. Quiero decir: ya no escribo como antes. (Y no me refiero a que como antes de escribir, no.) No me siento en el escritorio, no agarro papel y lápiz o la compu, ya no interrumpo otras actividades para escribir. Ya no es un ritual. Ahora directamente pasa algo y lo escribo, pero acá en mi mente. Lo pienso y lo dejo ahí y ya (no) está escrito y ya no importa si se borra o si queda algún registro. Esto mismo que estoy escribiendo ahora (es decir, hace tres semanas) en realidad ya fue escrito. Antes de ayer lo escribí mientras bajaba la escalera y descubría con cada escalón por qué ya no escribía. Ya no escribo porque ahora escribo. Dos conceptos totalmente distintos. Y claro que cuando intento recuperar un texto que ya escribí antes mentalmente, como ahora, no siempre encuentro lo mismo. A veces lo encuentro cambiado, incompleto, distinto. A veces no lo encuentro. Pero lo importante es que en algún momento existió y fue procesado. Lo importante es que escribo para mí (?) y que no necesito ninguna herramienta de escritura externa. Y si nadie entiende, ¿qué importa? Lo importante es que, en ese sentido, ya no hay barreras. No hay obstáculos. No dependo de nada. Lo terrible es que uno puede pensar que quizás eso marque el fin del calabozo como tal, como lo hemos concebido hasta ahora. Lo terrible (y liberador) sería descubrir que ya se ha cumplido con la condena. Pero en realidad sabemos que la condena es perpetua, que el calabozo no tiene fin, que la prisión es de aire y que la condena es la libertad. Que ya no dejo de escribir. Que quizás no habrá palabras nuevas sobre las paredes del calabozo, pero sí en las pupilas y en la piel del prisionero. Quizás el calabozo de aire entre en proceso de mutación y se convierta en un espacio literario distinto, como bien podría ser un espacio de reescritura de textos previamente escritos en función de distintas necesidades. O quizás mañana ya no esté aquí, a la vista de todos. Pero lo que es seguro es que ya no voy a (poder) dejar de escribir, one way or another.

(2011)



18 de mayo de 2011

▪ Silent Name

 
 
El primo de Casals, que se llama Héctor, la hache no se pronuncia, sabemos que está ahí esa pequeña letra, y nada más. Hay en mí algo hoy, también, que no se pronuncia, pero está allí. Tal vez sea mejor no encontrarle un sonido. Callemos. Ese coche que pasa en este momento por mi vereda y agita las aguas del charco ya se va alejando, ya no lo oigo, ya no ha dejado más que un hueco en mis oídos, pertenece al pasado, un pasado en que se encuentra con una algarabía de voces juveniles vitoreando a un equipo de volley perdedor, y él no vitorea a nadie, lo sé ¡cuánto más le hubiese gustado un partido de fútbol! y su silencio, su voz que no vitorea, también dejó un hueco en mis oídos. Héctor, tienes una extraña sombra en la mirada ¿y eres silencioso como la primera letra de tu nombre? (…) Héctor, quiero cambiarte el nombre... Alberto, o Amadeo, o Adrián, o Adolfo, ¿no te das cuenta por qué? porque así tu nombre va a empezar con «a», como alegría...

La traición de Rita Hayworth, Manuel Puig


 

2 de mayo de 2011



Hoy lo sé más que nunca. Cuanto más fuerte es una presencia, más dolor causa su ausencia. Y Keo, mi perrito, era el que más fuerte ladraba acá en casa. Sobre todo a la hora de comer. Pedía comida hasta quedarse afónico, prácticamente. Culpa de la medicación, claro, que le causaba polifagia, polidipsia y poliuria. Pero hoy no ladró y cenamos en silencio. Lo vamos a extrañar tanto, tanto. Y nos angustia mucho ver tantas cosas en la casa que gritan su nombre. Porque vemos, por ejemplo, su correa o su almohadón o su alimento, pero no lo vemos a él ahí al lado. Vemos muchas cosas que lo evocan, pero al seguir el hilo conductor, Keito no está del otro lado. Es evidente: hay un vacío que es imposible de llenar. Pero supongo que es cuestión de acostumbrarse a todos estos cambios inevitables. Malditas costumbres, ¿no? Desaparecerán las correas y su alimento. Su shampoo y su cepillo. Sus trapos y sus sábanas. Pero no hay nada que me quite de la memoria esos alaridos desesperados de hoy a la tarde. Ni sus ronquidos. Ni sus mimos. Ni su colita contenta agitándose al ver comida. Ni sus ojitos enternecedores. Eso no se borra jamás.

(2011)





 

29 de marzo de 2011

▪ Il faut que tu m'aimes



Le mystère se prolongeait. Je comprenais que je ne pouvais me contenter de l'aimer: il fallait aussi qu'elle m'aimât. Pourquoi? C'était comme ça.

Je la mis au courant en toute simplicité. Il était naturel que je doive l'informer:

—Il faut que tu m'aimes.

Elle daigna me regarder, mais c'était un regard dont je me serais passée. Elle eut un petit rire méprisant. Il était clair que je venais de dire une idiotie. Il fallait donc lui expliquer pourquoi ce n'en était pas une:

—Il faut que tu m'aimes parce que je t'aime. Tu comprends?

Il me semblait qu'avec ce supplément de données tout rentrerait dans l'ordre. Mais Elena se mit à rire plus fort.

Je ressentis une blessure confuse.

—Pourquoi tu rigoles?

D'une voix sobre, hautaine et amusée, elle répondit:

—Parce que tu es bête.

Ainsi fut accueillie ma première déclaration d'amour.


Le sabotage amoureux, Amélie Nothomb



25 de marzo de 2011

▪ Linguistic Chaos III



EXPERIMENTO LINGÜÍSTICO FASE III

Así fue como empezó todo. Ella me mandó un sms y me dijo que cuando estuviera cerca les avisara, así me iban a buscar en el auto. Yo le respondí que el colectivo que me había tomado entraba por la universidad, así que cuando estuviera cerca les iba a avisar y me bajaba en la termodinámica. (!?) Y ya cambiar una palabra por otra desató el caos. Ella me mandó otro sms en el que corroboraba si me bajaba en la terminal, como siempre. Y yo le respondí que claro, que me bajaba en la term-odinámica. ¿Dónde más iba a ser? Inal. En la term-inal. Ahí termina el recorrido, ¿no? Ahí termina todo. Y
terminal
termina
en L. O sea,
terminal
termina
termin, etc. Ahí me bajo yo. Después del etcétera. Cuando ya no hay más. Cuando lo que sigue es. Al término, ni más ni menos. Más precisamente, en la dinámica del termo. Oh, dinámica, termina de una vez, pensaría ella, que había aprobado termodinámica en febrero. Termodin [é la tua] amica, pensé yo en italiano. Y por eso yo me bajo ahí, donde termina el termo en L y ya no hay más dinámica: al final, como terminal.

(2011)


14 de marzo de 2011

▪ Moment + Moment = Life



Hoy vi un videito que postearon en otro blog y creo que ayuda en cierta medida a entender el significado de la vida, a repensar algunas cosas, a disfrutar más, a potenciar cada instante y a revalorizar lo cotidiano. Por eso lo comparto. Recomiendo pantalla completa y 720 p.





23 de febrero de 2011

▪ Now I lay me down to sleep




Now I lay me down to sleep,
I pray the Lord my soul to keep;
if I die before I wake,
I pray for Lord my soul to take.



3 de febrero de 2011

▪ L'étranger



CHAPITRE V

"...II m'a demandé alors si je n'étais pas intéressé par un changement de vie. J'ai répondu qu'on ne changeait jamais de vie, qu'en tout cas toutes se valaient et que la mienne ici ne me déplaisait pas du tout. II a eu I'air mécontent, m'a dit que je répondais toujours à côté, que je n'avais pas d’ambition et que cela était désastreux dans les affaires (...)

Elle s'est demandé alors si elle m'aimait et moi, je ne pouvais rien savoir sur ce point. Après un autre moment de silence, elle a murmuré que j'étais bizarre, qu'elle m'aimait sans doute à cause de cela mais que peut-être un jour je la dégoûterais pour les mêmes raisons..."

L'étranger, Albert Camus



"...Me preguntó entonces si no me interesaba un cambio de vida. Respondí que nunca se cambia de vida, que en todo caso todas valían igual y que la mía aquí no me disgustaba en absoluto. Se mostró descontento, me dijo que siempre respondía con evasivas, que no tenía ambición y que eso era desastroso en los negocios (...)


Se preguntó entonces a sí misma si me quería, y yo, yo no podía saber nada sobre ese punto. Tras otro momento de silencio murmuró que yo era extraño, que sin duda me amaba por eso mismo, pero que quizás un día le repugnaría por las mismas razones..."

(Traducción de Bonifacio del Carril)


30 de enero de 2011

▪ A Walk to Remember



Y salí del médico y todo estaba bien, los resultados perfectos, y entonces me dije vamos a caminar y doblé en Ituzaingo y sí, me dispuse a caminar hasta casa, es decir, cruzar toda la ciudad. Claro que mi ciudad es modesta y por eso cruzarla es fácil y bueno, todo eso no importa, lo que importa es que yo era ése que caminaba y se reía solo y pensaba y tarareaba alguna canción o hablaba solo y caminaba y caminaba hasta que llegó a un lugar y dijo esta casa me la re acuerdo, las demás no, pero ésta sí, con todos los detalles. Y se dio cuenta de que si seguía por ahí iba a pasar por su antigua casa, donde vivió desde que nació hasta los siete años, con esa galería inmensa. Siete años. Y siguió y no lo podía creer, hacía una eternidad que no caminaba esa calle, porque sí había pasado en auto y estaba al tanto de los cambios ocasionados por el tiempo (para echarle la culpa a algún elemento inanimado), pero caminar por ahí fue tan distinto, porque uno pisa las baldosas y ve todo de cerca y ahí está, ahí vivía la Ñata, me re acuerdo, y ahí al lado Lidia, que en paz descanse, y acá Gloria y en eso llego a lo de la Coca y el porche se había achicado, yo me lo acordaba tan grande, jugábamos ahí a la noche. Y ni hablar del portón de los de Masera, que era gigante y ahora es re chiquito, con ese tapialcito que ya no sirve para esconderme si juego otra vez a las escondidas. Y ahí en frente la vinería y acá vivía la abuela de Tomás y me acuerdo de esas rejas, con esa forma rara, ondulada, circular hacia abajo y qué miedo que tenía al pasar por ahí, por si se me enredaba el brazo entre los barrotes, y ahí no más ya estaba llegando a la esquina y estaba el mercado, también reducido en tamaño. Claro que nada se había achicado, más bien yo había crecido y mis ojos eran otros y por eso.  La galería de mi antigua casa seguramente tampoco era tan inmensa como la recuerdo. Pero entonces doblé y no podía creer que tan cerca estaba el doctor Hernández. De chiquito me parecía que era un viaje eterno ir al médico. Y ahí estaba y al lado la casa de mi profesora de inglés y ahí empecé a no entender nada porque ya no tenía siete años, sino catorce, quince y dieciséis y ya no vivía por donde acababa de pasar, sino precisamente a donde me estaba dirigiendo y si la veo ahora a la profe le cuento que me queda la tesina y listo, me dan el título de traductor y qué contenta se va a poner. Y qué loco todo, ¿no? porque todo estaba en el mismo lugar y antes no me había dado cuenta, todo junto, doblando la esquina, y mis yo del pasado ahora caminaban al lado mío también, porque ya no estaba simplemente volviendo a casa del médico, contento porque los resultados habían dado perfecto, ni jugando a las escondidas con Marianela y Mechita; ahora también estaba caminando a casa después de una clase de inglés o, por qué no, después de un terrible mock test de tres horas agotadoras y me acuerdo que siempre los hacíamos los viernes y era una bendición terminar el segundo writing y entregar el examen y have a nice weekend, see you on Monday y caminar hasta casa recibiendo con una sonrisa el fin de semana. Y seguimos caminando ellos y yo hasta que se sumó mi perrito, que pobrecito ahora está enfermito, porque de repente estaba pasando por donde lo llevo a caminar temprano a la mañana y entonces creí que ya no faltaba nadie y ahí vivía Hipólito y ya llegando a casa dije la pucha, cuánto que uno aprende a conocerse a sí mismo y a armar su propio rompecabezas cuando va al médico y elige caminar en vez de ir en auto.

(2011)

   

21 de diciembre de 2010

▪ The End of the World



Empieza con una tormenta el fin del mundo. Puede venir cualquier noche. Y hay que rezar antes de dormir para estar preparado. Y hay que rezar aunque no sea el fin del mundo, que a la mañana siguiente mamá o papá pueden estar muertos, se mueren durmiendo. Empieza con una tormenta el fin del mundo, mientras todos están durmiendo y suena un trueno despacio. Y relampaguea un refucilo, pero todas las ventanas están cerradas y nadie lo ve. Después empieza a gotear la lluvia. Y un poco más de truenos, como una tormenta, pero nada más. Hasta que empeora de veras, y mamá se despierta para cerrar las canaletas que no se inunden los canteros, y mira porque hay refucilos, muchos juntos, que de golpe parecía de día y se ve todo en el patio, hasta las gallinas duras en el fondo, todas mirando paradas en el gallinero. Y los truenos más fuertes de a poco hasta que uno es como un cañonazo y ya no hay nada que hacer: cae un rayo lleno de electricidad que se hunde en el medio de la plaza y la tierra se parte como un pedazo de carbón. Y un chico le preguntó a la Hermana Mercedes si la lluvia no apagaba el incendio y ella contestó que «era peor», porque «era una lluvia de gotas de fuego», que entonces yo no sé dónde nos metemos, porque se irán quemando las casas como sánguches de arriba por la lluvia y de abajo por la tierra encendida y se viene todo abajo.

La traición de Rita Hayworth, Manuel Puig






18 de diciembre de 2010

▪ Making your Choice



YUGO Y ESTRELLA

Cuando nací, sin sol, mi madre dijo:
—Flor de mi seno, Homagno generoso,
de mí y de la Creación suma y reflejo,
pez que en ave y corcel y hombre se torna,
mira estas dos, que con dolor te brindo,
insignias de la vida: ve y escoge.
Éste, es un yugo: quien lo acepta, goza:
hace de manso buey, y como presta
servicio a los señores, duerme en paja
caliente, y tiene rica y ancha avena.
Ésta, oh misterio que de mí naciste
cual la lumbre nació de la montaña,
ésta, que alumbra y mata, es una estrella:
como que riega luz, los pecadores
huyen de quien la lleva, y en la vida,
cual un monstruo de crímenes cargado,
todo el que lleva luz, se queda solo.
Pero el hombre que al buey sin pena imita,
buey vuelve a ser, y en apagado bruto
la escala universal de nuevo empieza.
El que la estrella sin temor se ciñe,
como que crea, crece!
Cuando al mundo
de su copa el licor vació ya el vivo:
cuando, para manjar de la sangrienta
fiesta humana, sacó contento y grave
su propio corazón: cuando a los vientos
de Norte y Sur virtió su voz sagrada,—
la estrella como un manto, en luz lo envuelve.

Se enciende, como a fiesta, el aire claro,
y el vivo que a vivir no tuvo miedo,
se oye que un paso más sube en la sombra!

—Dame el yugo, oh mi madre, de manera
que puesto en él de pie, luzca en mi frente
mejor la estrella que ilumina y mata.


José Martí





 

12 de diciembre de 2010

▪ There's No Escape



SIN ESCAPATORIA

Las cosas más raras suelen pasar de noche. Y esa noche de verano no fue ninguna excepción. Esperanto estaba en su terraza, contemplando los astros y el vacío cósmico, cuando de repente se dió cuenta de que muy pronto iba a dejar de estar solo: algo empezaba a acercarse.

Primero oyó unos ruidos extraños a lo lejos, un murmullo distante que no lograba descifrar. Parecían voces, pero no hablaban un idioma que él conociera. Después descubrió que lo que se acercaba era mucho más que simples voces, porque el suelo comenzó a vibrar despacio y las hojas de los árboles empezaron a mecerse.

Esperanto recordó aquél corazón que habían enterrado en el parque y pensó que no podía ser posible. Un corazón enterrado no podía vengarse de ninguna forma. A menos, claro, que siguiera vivo.

Y con cada latido del corazón de Esperanto se fueron apagando a lo lejos las luces de la calle, una por una, a medida que eso otro se iba acercando. Y a medida que la distancia que los separaba se iba acortando, el murmullo crecía, los árboles empezaban a agitarse enfurecidos y el suelo temblaba con más y más violencia.

Esperanto dejó de buscar una respuesta en los astros y miró a su alrededor incrédulo. Ya quedaban pocas luces en la calle. No había escapatoria. Tan sólo una cuadra. Y eso otro no se detenía.

Por un momentó Esperanto creyó que nada iba a pasar. Que esa fuerza extraña seguiría de largo. Pero cuando finalmente llegó a los cimientos del edificio, lo rodeó y comenzó a trepar, a arrastrarse por las paredes, haciendo estallar todas las ventanas y tirando todas las macetas a medida que subía. Eso otro definitivamente lo buscaba a él. Y no había forma de detenerlo.

Con miedo y sin entender del todo lo que hacía, se acercó al borde de la terraza. Quería saber de una vez por todas qué era lo que pasaba, qué era lo que lo acechaba esa noche. Y en seguida lo supo. En el momento en que Esperanto asomó su cabeza para mirar hacia abajo, eso otro llegó a la cima y se produjo el encuentro.

Cuerpo y corazón, otra vez unidos.

(2010)





9 de noviembre de 2010

▪ Diagnosed with Gossiping Disorder

    
   
DOÑA POCHA VA AL MÉDICO
  
Su turno era a las 3, pero a las 2:45 ya está en la sala de espera, bien arreglada, revista en mano para pasar el tiempo. Claro que el tiempo pasa, pero no tanto gracias a la revista. La hojea, sí. Pero no la lee. Sus sentidos están atentos a otras cosas. Doña Pocha lo reconoce: es un poco chusma. Lo mejor de ir al médico es sentarse ahí y escuchar los chismes del barrio. Y, por qué no, colaborar con la sagrada tarea de difundirlos. Por eso, cuando se sienta Carmen al lado, no termina de preguntarle cómo está, que ya le suelta que Marita, la hija de Matilde, se va a casar. Y claro, le agrega que a ella nunca le cayó bien ese muchachito con el que anda Marita. “Muy misterioso, ¿no te parece?” le dice doña Pocha. “A Pancho tampoco le gusta. No sabemos nada de su familia y, por cómo anda siempre vestido, no debe tener muchas aspiraciones”. Carmen asiente pronunciadamente y agrega que, de todos modos, no cree que se concrete el casamiento. Y si se llega a hacer, pone las manos en el fuego de que va a fracasar. “El muchacho no la quiere, se nota a la legua”, concluye. “Pobre Marita”, dice doña Pocha, mientras sigue pasando las hojas de la revista y se detiene en el horóscopo. “No entiendo por qué se casan. ¿No estará… embarazada?”, se atreve a susurrar Carmen y, por unos segundos, reina el silencio en la sala de espera. Se abre la puerta del consultorio y sale el señor Ramírez, con los resultados de sus análisis en la mano. Entra una señora coqueta, no sin antes decirle algo al oído a su compañera, la cual le responde “sí, sí, andá tranquila que después te cuento”. Carmen no aguanta más la ansiedad. “¿Ese es el horóscopo?”, le pregunta a doña Pocha. “A ver, fijate. Es de géminis ella”. Y doña Pocha lee: “Amor: período de inestabilidad. No confiar ciegamente en su pareja o podrá arrepentirse. Sorpresa: una nueva vida empieza a manifestarse”. Se miran atónitas. “¡Yo te lo dije!”, espamenta Carmen. “Una nueva vida… Un bebé”, y todos en la sala ya no pueden despegar sus ojos ni oídos de ellas. “Pobre Marita”, repite doña Pocha. “No le va a ir bien con ese muchacho”, agrega mientras cierra la revista, olvidándose de Pancho y de que ella también es de géminis.
   
(2010)